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¿Los libros vuelven a tomar las aulas?

La progresiva digitalización en las aulas no está obteniendo los resultados esperados. Ante esta situación, los libros en papel están recuperando su hegemonía en los sistemas educativos.

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26
octubre
2026

Vivimos en una época eminentemente digital, y esa digitalización llegó a las aulas con la intención de mejorar y facilitar el aprendizaje de los menores. Un proceso que se aceleró con la pandemia de covid-19, al intentar paliar los efectos sobre la educación de los confinamientos domiciliarios. El que los estudiantes pudiesen continuar con los planes de estudio sin tener que acudir presencialmente supuso, sin duda, un beneficio. Pero, desde entonces, la digitalización ha continuado intensificándose en el sistema educativo, y las consecuencias no han sido del todo positivas.

En 2009, Suecia se convirtió en pionera a la hora de incorporar la tecnología digital al ámbito escolar. Fue tal la inversión en tecnología, a nivel educacional, que en 2015 alrededor del 80% de los alumnos de la enseñanza pública sueca contaba con acceso individual a un dispositivo digital en las aulas. Sin embargo, los resultados no fueron los esperados. Hace tres años, la ministra de Educación, Lotta Edholm, anunció que el ambicioso plan de digitalización quedaba suspendido. El principal motivo surgió del análisis de los resultados obtenidos por la mayoría del alumnado en el Estudio Internacional para el Progreso de la Comprensión Lectora (PIRLS), que alertaban sobre el riesgo de estar creando toda una generación de analfabetos funcionales debido a la extrema dependencia de las tecnologías digitales.

El país nórdico ha revertido así un plan que no ha dado resultado y ha emprendido uno nuevo basado en la recuperación del aprendizaje basado en los libros de papel. Otros países como Dinamarca, Finlandia, Noruega, Francia o Italia comienzan a aplicar normas que siguen la línea inaugurada por Suecia, sustituyendo en las aulas las pantallas por los libros en papel y recuperando el uso del lápiz para la realización de tareas. Este cambio de rumbo responde a una creciente evidencia científica que vincula el uso del papel con una mejora en el ejercicio de la memoria, la concentración y la comprensión cognitiva.

En esta misma línea, la Asociación Española de Pediatría (AEP) emitió en 2024 un informe que supuso un llamamiento a las autoridades para reevaluar el uso de pantallas en la enseñanza debido a su negativo impacto en la capacidad de atención y el desarrollo cerebral de los menores. La AEP toma los datos obtenidos del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA), que muestran un progresivo descenso en el rendimiento académico desde que las aulas comenzaron su proceso de digitalización.

Diversos estudios confirman que el aprendizaje con libros en papel favorece la capacidad de atención y el desarrollo cerebral de los menores

Andreas Schleicher, creador de PISA y director de Educación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), defiende que las competencias digitales puedan enseñarse sin utilización de pantallas y reivindica las formas tradicionales de enseñanza y la lectura en papel. Dicha lectura en papel fomenta un pensamiento más profundo y complejo, mientras que la que se realiza en pantallas provocan elevados índices de distracción y merman la capacidad retentiva de los menores.

Por su parte, Michel Desmurget, reputado doctor en Neurociencia y director del Instituto Nacional de Investigación en Salud y Medicina de Francia, ha emprendido una cruzada contra el uso de pantallas en las aulas. El científico publicaba, hace dos años, Más libros y menos pantallas (cómo acabar con los cretinos digitales), un volumen dedicado a analizar los beneficios de la lectura en papel para el desarrollo intelectual, emocional y social de los menores. Su punto de partida es la constatación documentada de que las capacidades cognitivas de las nuevas generaciones han experimentado el descenso más profundo registrado en toda la historia. Según el neurocientífico, el acceso temprano y en las aulas a las tecnologías digitales y la sustitución de libros en papel por pantallas están detrás de este grave retroceso.

Afirma que los libros en papel facilitan la inmersión del menor en la lectura y, por tanto, la concentración, frente a la dispersión que generan las distracciones asociadas a los dispositivos electrónicos. Asimismo, el volumen de un libro físico facilita que el cerebro intensifique su capacidad espacial, ayudando al menor a crear referencias físicas que refuerzan la memorización de lo leído. Desmurget se apoya en diversos estudios para clarificar cómo la lectura en papel fomenta no solo el uso del lenguaje sino también los conocimientos generales, la curiosidad, la creatividad, la atención, la autocomprensión y la empatía.

El paulatino regreso a las aulas de los libros en papel es una muestra de la preocupación ante la pérdida de concentración y el bajo rendimiento académico. No se trata de eliminar los dispositivos digitales de la enseñanza, sino de emplearlos de manera puntual cuando realmente proporcionen un beneficio al alumnado. Como afirma Desmurget, la clave está en enseñar a usar las pantallas sin usarlas para enseñar.

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