ENTREVISTAS

«Las sociedades basadas en la picaresca son menos prósperas»

Emilio Ontiveros, presidente de Analistas Financieros Internacionales (AFI) y catedrático de Economía de la Empresa de la Universidad Autónoma, reflexiona sobre el impacto que la falta de ética tiene en la economía.

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19
Mar
2012

Emilio Ontiveros, presidente de Analistas Financieros Internacionales (AFI) y catedrático de Economía de la Empresa de la Universidad Autónoma de Madrid, reflexiona sobre el impacto que la falta de ética tiene en la economía. En esta entrevista realizada por el responsable a nivel mundial de las políticas de Sostenibilidad de Telefónica, Alberto Andreu, el profesor Ontiveros hace, desde la óptica del «juego limpio», un recorrido por la peor tormenta económica desde el Crash del 29.

¿Qué ha ocurrido para que estemos dónde estamos? ¿Qué ha fallado en esta crisis para que estemos aquí?

Disponiendo de una observación empírica más que suficiente en estos cuatro años podemos decir que esta crisis es probablemente la de mayor calado de la historia económica desde la  Gran Depresión de los años 30. Se trata de una crisis que ha revelado anomalías en el funcionamiento del sistema económico y financiero, pero también, como ocurre cuando una piscina se vacía, han aflorado anomalías y episodios en la propia conducta de los agentes, algo que en muchos casos ha sido inquietante. Como sabemos, se trata de una crisis fundamentalmente de origen financiero y muy vinculada inicialmente a un segmento del sistema financiero estadounidense. Ésta es una crisis, como aquella marca de cigarrillos, genuinamente americana. Se remonta al verano y al otoño de 2007, pero faltaba poco tiempo para que en un entorno absolutamente interconectado verificáramos, efectivamente, que el mundo es un pañuelo. A los dos meses de estallar las hipotecas subprime vimos que había bancos en Europa que estaban infectados con productos que habían sido generados al otro lado del Atlántico. Por tanto, primera conclusión, de la que no hay riesgo de ser exagerado: han fallado los sistemas de gestión de riesgos en banca. Pero también ha fallado el supervisor, y ha fallado la Reserva Federal. Es decir, ha fallado la Guardia Civil, no sólo el comportamiento de los conductores, y también los códigos de circulación. Nos hemos enterado, a medida que iba bajando el agua de la piscina, que había una zona del funcionamiento bancario que estaba fuera de control, que no estaba regulada suficientemente. Es lo que se ha denominado la banca en la sombra. Por tanto, ha habido fallos muy importantes en el funcionamiento de los sistemas financieros. Después, esta crisis ha revelado también que frente a una interconexión y una permeabilidad absoluta en las economías y, sobre todo, en los sistemas financieros, los supervisores siguen siendo locales. Pero los incendios ya no son locales: ahora nos encontramos que un segmento de las hipotecas de alto riesgo en Estados Unidos acaba contaminando a la banca suiza o a la banca francesa. Por tanto, se detectan anomalías y fallos técnicos. Ocurre, además, que salen a la luz episodios inquietantes. Hemos asistido a problemas de ilegalidad manifiesta o de comportamiento distante del juego limpio. Comportamientos como el de Bernard Madoff son inquietantes. Pero lo más inquietante no es su comportamiento, sino que este señor había sido denunciado cinco veces ante la SEC [Securities and Exchange Comission].

And nothing happens…

Efectivamente: no se fue capaz de frenar este comportamiento. Es una crisis muy global, muy totalizadora en las limitaciones y en las deficiencias que ha denunciado. Algunas de ellas se están corrigiendo. Otras, mucho más lentamente. Lo peor de esta crisis, que tiene que ver con la ética y con el juego limpio, es la asimetría que existe entre quienes la originaron y quienes ya están soportando sus costes.

No sé si has podido ver el documental Inside Job

¡Sí, claro! He visto todas las películas de un género que podríamos llamar crisis y cinematografía. Y algunas de ellas incluso las he comentado en el programa Días de Cine de TVE. Todas las han visto mis alumnos. De ellas la más representativa, si tuviera que elegir una, es Margin Call. Inside Job está muy bien, pero la que revela contradicciones en conductas, que es en última instancia de lo que estamos hablando, es Margin Call.

Volviendo a la no ficción: ¿cuál es el coste para la economía de la no ética, de la falta de principios, de la falta de integridad?

No es fácil hacer un análisis coste-beneficio. Pero igual que se hablaba del coste de la no Europa, podemos hablar del coste de la no ética. No hay una métrica ni un código en el que se pueda evaluar de forma precisa. Sin embargo, incluso los economistas más técnicos están asumiendo la importancia que tiene el denominado capital social, que es una cuarta forma de capital basado en la confianza. Y esto afecta a los ciudadanos, a los agentes económicos, a las empresas y a las instituciones. La experiencia -ya hay análisis empíricos suficientes- dice que son más prósperas aquellas economías en las que esta forma de capital es más elevado. A largo plazo las sociedades más basadas en la picaresca, en nuestro Siglo de Oro, esas que incluso ríen las gracias de los trileros, son las menos prósperas.

Es que esto afecta también, y mucho, a los países, ¿verdad? La confianza es clave para cosas tan importantes hoy día como la prima de riesgo.

Es muy importante pensar que hay un stock de confianza suficiente. Ahí está la confianza en las instituciones: comisiones de valores, tribunales de justicia… Yo quiero creer que eso tiene que ver con algo que se llama civilización y, en última instancia, educación. Y creo que es algo que no tiene componentes antropológicos y culturales determinantes. No soy de esos que creen que los italianos, los griegos y nosotros estamos determinados por nuestra cultura. No quiero entrar en los análisis de Max Weber. Yo veo con satisfacción cómo las actitudes de los ciudadanos han transitado desde aquellos que sonreían ante una picaresca o un ocultismo fiscal, que a veces llegaba al exhibicionismo delicuencial, a una actitud cada vez más noruega, en la que se reprueba a quien se salta las normas. Es como las comunidades de vecinos: si tú no pagas no pueden arreglar el ascensor, es decir, perjudicas a los demás. Creo que hay más un componente educacional que de otro tipo.

Emilio-Ontiveros

¿Y entonces dónde detectamos ese coste de la no ética o, si lo prefieres, de la falta de juego limpio?

Podíamos apelar a los informes del Banco Mundial o de la OCDE sobre el capital social. Es muy importante. Ha habido una etapa en la que ha habido muchos empresarios – a los que yo, siguiendo la diferenciación que hacía Keynes, llamaría más bien logreros– que han hecho del movimiento por los pasillos de los despachos oficiales su principal función. Hay un coste pedagógico, educativo, de ejemplificación frente a los jóvenes…

Las empresas tienen cada vez más personas en sus equipos dedicadas a gestionar la sostenibilidad. ¿Cómo podemos llegar a incorporar la sostenibilidad al core del negocio?

Una empresa respetable es aquella que no solo genera indicadores de buen comportamiento económico, sino que eso lo hace compatible con tres principios: la transparencia, la no discriminación y el cumplimiento de las leyes. Yo soy de los que piensan que antes de plantear un comportamiento ético y de juego limpio, una empresa lo que tiene que hacer es mostrar un impecable cumplimiento de las leyes. El día que nuestras empresas emblemáticas cumplan al 100% el ordenamiento legal estaremos muy cerca ya de esa necesaria ejemplificación. La transparencia es clave en una empresa grande en la que la propiedad está diluida y, por tanto, es bueno por definición tener un comportamiento transparente. El ocultismo es muchas veces el terreno de cultivo de comportamientos poco éticos y sostenibles.

Y desde una óptica macro, ¿cómo pueden la ética y la sostenibilidad convertirse en una palanca de recuperación?

La recuperación económica en Europa se ve limitada por la incertidumbre. Y esto tiene mucho que ver con la transparencia y con la confianza. Es una incertidumbre relacionada básicamente con la capacidad que puede tener Europa para articular una solución conjunta frente a un problema común. La calidad de Gobierno tiene mucho que ver, igual que el comportamiento solidario. La recuperación en cada una de las naciones depende mucho de la confianza. Yo, cuando viene un inversor de fuera detecto que lo que requieren es poder identificar, poder fiarse de los dos o tres problemas que no entienden bien: comunidades autónomas, cajas de ahorro y supervisores.

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