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Medio Ambiente

Claves para escoger una prenda de calidad

En un mercado dominado por la moda rápida, aprender a distinguir una prenda de calidad puede ayudar a ahorrar dinero y de paso a tomar decisiones más responsables con el medio ambiente.

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23
junio
2026

Una camiseta que parecía perfecta en la tienda, después de algunos lavados pierde la forma, el color o incluso empieza a llenarse de bolitas. A simple vista, distinguir una prenda de calidad de otra que apenas resistirá unos meses no siempre es fácil, pero hay una serie de pistas que pueden ayudar.

La primera suele encontrarse en un lugar que muchos consumidores apenas miran: la etiqueta interior. La composición del tejido ofrece información valiosa sobre cómo se sentirá la ropa al contacto con la piel, cómo resistirá el paso del tiempo y el impacto ambiental que habrá generado su producción. Las fibras naturales, que provienen de fuentes vegetales o animales, como el algodón, el lino, la lana o la seda suelen ofrecer mayor transpirabilidad y comodidad, aunque también requieren cuidados específicos. Las fibras sintéticas, que se obtienen del petróleo mediante procesos químicos, como el poliéster o el acrílico, con resistentes, secan rápido y suelen ser más económicas, pero a menudo generan más calor y pueden deteriorarse de forma diferente.

Esto no significa que una prenda sea mejor o peor únicamente por estar hecha de fibras naturales. Muchas prendas de calidad combinan distintos materiales para aprovechar las ventajas de cada uno. Lo importante es que la composición sea coherente con el uso previsto. Por ejemplo, una chaqueta deportiva puede beneficiarse de tejidos técnicos, mientras que una camisa destinada a un uso cotidiano suele ser más agradable si contiene un elevado porcentaje de algodón o lino.

Más allá del tipo de fibra, una buena prenda se reconoce también por su gramaje, es decir, el peso del tejido por metro cuadrado. Una camiseta de algodón muy ligera y casi transparente durará menos que otra con un gramaje más alto y una trama más apretada. Lo mismo ocurre con los jerséis de lana: un tejido denso y prieto aguantará mejor el uso y los lavados. Para comprobarlo, basta con sujetar la prenda a contraluz: si se ve mucha luz a través de ella, el tejido probablemente no dure mucho.

Otro aspecto importante es la aparición de pilling, las pequeñas bolitas que surgen en la superficie de algunos tejidos. Las fibras más largas y mejor procesadas suelen resistir mejor este desgaste. También puede ser útil realizar una pequeña prueba de recuperación. Basta con arrugar suavemente una parte del tejido con la mano durante unos segundos. Si recupera su forma con facilidad, suele indicar una mejor calidad de fabricación y acabado. Yconviene prestar atención a las instrucciones de lavado. Cuando una prenda exige cuidados extremadamente delicados para un uso cotidiano, puede convertirse en una compra menos práctica de lo que parece.

Las fibras más largas y mejor procesadas suelen resistir mejor el desgaste

Uno de los métodos más sencillos para evaluar una prenda consiste en observar cómo está confeccionada. Las costuras deben ser rectas, uniformes y estar bien rematadas. Los hilos sueltos, las uniones torcidas o los acabados irregulares suelen indicar procesos de fabricación menos cuidadosos. También es recomendable revisar las zonas sometidas a mayor tensión, como hombros, puños, sisas o cremalleras. Si estas áreas presentan refuerzos o costuras dobles, es probable que la prenda soporte mejor el uso continuado. Los botones también ofrecen pistas. Los que están bien cosidos, con varias puntadas y refuerzo interior, suelen resistir mucho más tiempo. En las cremalleras, una apertura y cierre fluidos suelen ser señal de mejor calidad.

Moda sostenible: por qué importa lo que compramos

Hablar de una buena prenda no puede ignorar el contexto de la industria textil. El sector de la moda es uno de los más contaminantes del planeta, solo detrás del petróleo y la agricultura intensiva. Producir una sola camiseta de algodón convencional puede consumir más de 2.500 litros de agua, equivalente a lo que bebe una persona en dos años y medio. Además, los tintes y acabados vierten sustancias tóxicas a los ríos, y los residuos textiles llenan vertederos en países pobres.

La moda sostenible propone un cambio de enfoque: menos prendas, pero mejores. No se trata de dejar de comprar ropa, sino de comprar con criterio. Una prenda sostenible es aquella que dura años, que se puede reparar, que está hecha con materiales de bajo impacto y que ha sido fabricada en condiciones laborales justas. Al elegir este tipo de ropa, el consumidor envía un mensaje a la industria: no se premia la producción masiva y desechable, sino la calidad y la responsabilidad.

Cuando una prenda es muy económica, suele tener escondido un coste ambiental o social. Esa ropa termina pronto en la basura, y el consumidor vuelve a comprar. Así se alimenta un círculo vicioso de extracción de recursos, emisiones de carbono y explotación laboral. Una buena prenda, aunque cueste algo más al principio, sale más rentable a largo plazo porque dura mucho más.

La apariencia de una prenda puede ofrecer pistas sobre su calidad, pero, antes de comprar, merece la pena dedicar unos segundos a revisar la etiqueta. Ninguna certificación garantiza por sí sola que una prenda sea completamente sostenible, pero sí aporta información verificable que ayuda a tomar decisiones de compra más informadas.

Entre los sellos más reconocidos figura OEKO-TEX Standard 100, que certifica que el tejido ha sido analizado para detectar sustancias potencialmente nocivas para la salud. No implica necesariamente que la prenda sea ecológica, pero sí que cumple determinados estándares de seguridad química y que no contiene niveles preocupantes de pesticidas, metales pesados u otras sustancias peligrosas.

Otro de los certificados de referencia es GOTS (Global Organic Textile Standard), considerado uno de los estándares más exigentes del sector textil. Además de garantizar el uso de fibras orgánicas, establece criterios ambientales y sociales a lo largo de toda la cadena de producción, desde el tratamiento de las materias primas hasta los procesos de teñido, confección y acabado.

La dimensión social está especialmente presente en el sello Fairtrade (Comercio Justo), que busca asegurar condiciones comerciales más equilibradas para agricultores y productores, especialmente en países en desarrollo. Su objetivo es garantizar precios más justos, condiciones laborales adecuadas y una mayor estabilidad económica para quienes participan en los primeros eslabones de la cadena de suministro.

En el caso de fibras de origen forestal, como la viscosa, el modal o el lyocell, conviene buscar certificaciones como FSC o PEFC, que acreditan que la madera utilizada procede de bosques gestionados de forma responsable y con criterios de sostenibilidad.

Detectar una buena prenda es solo el primer paso. Una vez en casa, la forma de lavarla y conservarla también influye en su duración y en su huella ambiental. Lavar con agua fría, usar la lavadora con carga completa, tender al aire libre en lugar de usar secadora y reparar los pequeños desperfectos son gestos que alargan la vida útil de la ropa. Además, cuando una prenda ya no se usa, se puede donar, vender o llevar a puntos de recogida textil, evitando que acabe en el vertedero. Con estas claves, cualquier persona puede empezar a llenar su armario de ropa que dura, sienta bien y respeta el entorno.

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