Innovación

«El ‘Homo ciberneticus’ dará la libertad completa a la especie humana»

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Andrés R. Fotografía
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08
febrero
2023

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Andrés R. Fotografía

¿Y si la realidad no fuesen materia y energía, sino información codificada? La física de la información plantea que la sustancia primordial del universo –la que da forma a todo lo que somos y sabemos y se manifiesta a través de la energía, la materia, el espacio y el tiempo– es información codificada: ‘bits’. El catedrático José Enrique Campillo desarrolla –para todos los públicos– en ‘El universo en un bit’ (Arpa) los argumentos que probarían que la información es el origen y el manual de instrucciones de todos los elementos que conforman la realidad, la vida y la consciencia.


¿Qué lleva a un médico especializado en nutrición y diabetes a escribir un libro como El universo en un bit?

También he sido profesor de fisiología en la universidad, un ámbito que tiene mucho que ver con los fundamentos físicos de cómo funciona el cuerpo humano. Lo que pasa es que hasta que no me he jubilado y he tenido la libertad de hablar de lo que me ha dado la gana, no he podido abordar este tema que me tiene interesado desde hace muchísimo tiempo. Tenía acumulados muchos escritos sobre ello y ahora me he arremangado y he sacado este libro que creo que va a sorprender a mucha gente.

Cuando escuchamos el término «información», la gente piensa en periódicos, revistas, la televisión… ¿A qué debemos llamar información?

La mayoría de gente no tiene ni idea de todo lo que significa este término, porque en realidad «información» es una palabra baúl que sirve para miles de cosas. La raíz de esta palabra es un concepto físico. Más concretamente, la información hoy en día es una magnitud física cuya unidad de medida es el bit. Es una magnitud física más como puede ser la energía, la fuerza, la materia, la masa, etc. Y, quizá, la información sea la sustancia fundamental de la que deriva todo, lo que tiene unas implicaciones extraordinarias.

La tesis que plantea en el libro es que el universo nace con una cantidad enorme de información, que sigue siendo la misma, pero que se transforma constantemente. Con este planteamiento, ¿cree que la ciencia y la religión coinciden en algo?

Uno de los grandes físicos que plasmó lo que es la información en los libros científicos fue John Wheeler. Él acuñó la frase «it from Bit», es decir, «todo procede del bit» o «todo es bit». Los científicos piensan que antes del big bang lo único que había era información y tras esa explosión se crearon todas las partículas que existen hoy día. No se han vuelto a dar las condiciones de temperatura o presión necesarias para crear partículas. Ni siquiera somos capaces de reproducirlas en los aceleradores. Asimismo, es muy curioso que haya muchos textos religiosos que hacen referencias parecidas. Por ejemplo, el Apocalipsis de San Juan señala que «en el principio era el Verbo» y el verbo en aquel entonces era la palabra, la información. Esta es una de las pocas cosas donde he constatado una coincidencia entre la religión y la ciencia.

«En un futuro cercano será posible copiar nuestro cerebro en un disco duro»

¿En qué consiste ese nuevo tipo de ser humano, el Homo ciberneticus que se describe en el libro?

El director de ingeniería de Google, Raymond Kurzweil, escribió hace unos años La singularidad está cerca. Un libro en el que habla de cómo esa información que existía en el universo antes del big bang se ha codificado en biomoléculas. Y estas biomoléculas que conforman a todos los seres vivos no son más que información codificada. A partir de ahí se han creado los seres vivos, que somos auténticas máquinas de acumulación de información, y después se ha producido la evolución del cerebro a una conciencia humana. También relata cómo en la década de 1950 comenzó una revolución extraordinaria, la cibernética: empezamos a fabricar artilugios que potenciaban nuestra capacidad de almacenar o generar información. Algo que ya es imparable y tiene un crecimiento exponencial.

Todo ello nos lleva a que en un futuro muy cercano, incluso antes de que acabe el milenio, en el que será posible copiar lo sustancial de nuestro cerebro en un dispositivo electrónico o un disco duro. Y este disco duro, posiblemente cuántico, se podrá instalar en el interior de un androide perfecto, este se convertirá en una especie de persona sin formato biológico, por lo tanto, eterna e inmortal. A esto le llaman Homo ciberneticus y Kurzweil añade que dará la libertad completa a la especie humana. Por ejemplo, podrá emprender viajes espaciales que duren cientos de años, porque lo único que necesitará es desconectarse para ahorrar batería cuando se monten en la nave y recargarse cuando vayan a llegar al planeta que van a colonizar.

Esto que comenta forma parte de la corriente del transhumanismo del que llevamos años oyendo hablar. ¿Entonces usted sí que cree que algún día llegaremos a ser posthumanos?

Seguro que sí, yo estoy convencido, es solo cuestión de tiempo. Para ello la informática cuántica tiene que seguir avanzando como lo está haciendo. Es una tecnología tan extraordinaria que habría que comparar la capacidad de los ordenadores que tenemos ahora con un ábaco para poder ver la diferencia entre los ordenadores actuales con los cuánticos. Aún queda por desarrollar la tecnología para poder copiar la parte sustancial del cerebro humano en un dispositivo cuántico. También, hay que hacer que estos dispositivos sean pequeños, ya que, por el momento, solo hay tres en experimentación, pero son grandes como habitaciones. Cuando se consiga todo esto será factible el posthumanismo. Sobre el tamaño también hay que destacar que no habrá que trasplantar la cantidad enorme de información que tiene un cerebro humano. Un androide no tiene riñones, por lo cual no necesita tener toda la parte del cerebro que se ocupa de controlar el riñón, ni tampoco de los pulmones, ni del corazón, ni del aparato digestivo… Todo eso se quita. Los que sí habrá que poner son los de los órganos de los sentidos y la consciencia para que ese androide pueda dar la sensación de percepción real de las cosas.

«Los físicos dicen que no existe el libre albedrío, ya que el futuro es aleatorio y solo se hace real cuando lo vivimos»

Llegado el momento que tengamos la tecnología para descargar el cerebro en la nube, ¿querrá la gente realmente vivir eternamente?

Hay mucha gente que, hinchando mucho el pecho, dice «yo prefiero morirme antes de ser un robot» y yo respondo «bueno, sí, hasta que te lo ofrezcan». Es muy fácil decirlo ahora, pero si estás enfermo terminal y te ofrecen «mira, mediante un sistema de trasplante te ponemos en un robot superguay, que además se parece a ti, pero es superguapo, superfenómeno y tal, donde vas a estar para siempre». Pues no lo sé. No sé qué te diría la gente.

Ahora todo es tecnología e inteligencia artificial. La aspiradora es más lista que un niño y se dice que en un futuro los artículos de los periódicos los escribirá un robot. ¿Considera correcto que la tecnología entre con total libertad en parcelas donde tradicionalmente no ha pintado nada?

La especie humana tiene tal curiosidad y tal instinto por conseguir cosas nuevas, que todo lo que sea posible acaba poniéndose en marcha. Cuando se inventó la electricidad se tenía miedo a su aplicación, pero todos los científicos del mundo la utilizaron. Le pegaban calambrazos a las patas de una rana muerta y veían que al darle se contraía el músculo, aunque estuviera separada del animal. Ese miedo se manifestó en la novela Frankestein. Entonces era la electricidad, ahora es la informática. E, igualmente, ese miedo a la tecnología también se está viendo en el ámbito de la ciencia ficción, como en varias series de Netflix.

Como médico que es, ¿está nuestra salud mental en juego ante el avasallamiento al que estamos sometidos por la tecnología?

Sí, lo está. Estamos en un momento en que la cantidad de información que llega a nuestro cerebro supera sus posibilidades. Una situación complicada en la que el flujo de información por hora que está entrando en nuestro cerebro, satura su capacidad de procesamiento. Por todo ello, estamos un poco desorganizados en nuestro procesamiento de información. Hace 30 o 40 años la única fuente de información era lo que leíamos, oíamos, veíamos por la calle o cuando hablábamos con alguien por teléfono o veíamos una televisión en blanco y negro. No había más información. Y ahora mismo no hay nadie que no vaya con su móvil todo el rato. A todo ello hay que sumarle el metaverso que se está creando.

Explica en el libro que cada vez acumulamos más información y esta puede servir para prever qué va a pasar. ¿Si seguimos procesando tanta información y realizando modelos predictivos, podremos «romper» el libre albedrío?

Los físicos dicen que no existe el libre albedrío. El futuro es aleatorio y solo se hace real cuando lo vivimos. Nosotros vamos avanzando siempre al futuro a la velocidad de un segundo por cada segundo. Cada segundo que estamos hablando, nos hemos metido en el futuro. Aunque no sabemos lo que puede pasar en un futuro, esa alternativa ya está ahí.

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