Matronas: alumbrando la vida
Las mujeres que asisten el parto existen desde la Antigüedad, aunque sus funciones han cambiado en ciertas épocas. Hacemos un recorrido por el arte de acompañar el inicio de la vida y lo que ha supuesto a lo largo de la historia de la Humanidad.
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¿Puede haber algo más importante que ayudar a dar vida? Quizá en un mismo grado de importancia se sitúa el acompañamiento a esa criatura recién llegada durante sus primeras semanas o meses de vida. Pero el alumbramiento, el acto de desunir la simbiosis con el cuerpo materno, es la acción primigenia de la andadura existencial. Y las que se encargan de ello son las matronas, o las parteras, esas mujeres que desde hace siglos dan la bienvenida al mundo a cada bebé.
Y es que el momento del alumbramiento en nuestra especie es muy diferente al de los homínidos más parecidos, los primates. Sus partos son rápidos, en apenas unos segundos los esfuerzos de la madre desaparecen y la criatura ha nacido. En su estudio Nacimiento, obstetricia y evolución humana, las antropólogas Werida Trevathan y Karen Rorenberg explican: «El ser humano desarrolla una conducta única en relación al parto. Al contrario que el resto de los primates, que eligen la soledad para dar a luz, las madres humanas buscan activamente ayuda en el parto. Así surgió un modelo de parto en el que una matrona es fundamental». Y es que el gran tamaño de nuestro cerebro y el bipedismo precisaron de la búsqueda de otras técnicas a la hora del parto.
En el libro Historia de las matronas en España (Editorial Guadalmazán), Dolores Ruiz-Berdún, historiadora y también matrona, rescata los inicios de la profesión. La asistencia al parto ha existido desde la Antigüedad más remota, aunque hasta mediados del siglo XVIII no recibió la denominación de matrona. La primera matrona documentada, Fairanate, la encontramos en la Grecia Antigua, 26 siglos atrás, y fue ella la que ayudó a que viniera al mundo uno de los representantes de la filosofía más reconocidos: Sócrates.
El gran tamaño de nuestro cerebro y el bipedismo precisaron de la búsqueda de otras técnicas a la hora del parto
En cuanto a los términos empleados para esta labor, también ha ido cambiando con las épocas y, a veces, el lugar. En la Edad Media se las empezó a conocer como mujeres sabidoras, comadres –ayudaba pero no tenía estudios–, o parteras –que tienen formación especializada–, aunque después se las consideró brujas. Durante siglos no existió una formación reglada al respecto, sino que se trataba de un saber empírico que se transmitía de madres a hijas, o entre mujeres amigas, sin afán científico.
Sin embargo, cuando los hombres comenzaron a acercarse a esta rama, en el siglo XVIII, eso cambió, tal y como explican desde la página El parto es nuestro: «No fue hasta la introducción del obstetra varón en el mundo de la partería, cuando se dio el gran salto del oficio a la ciencia. Esto se debe, fundamentalmente, a la prohibición de acceso de las mujeres a las universidades y las ciencias. De alguna manera, solo fue posible derribar los mitos y las supersticiones que rodeaban al parto y la maternidad cuando los hombres, formados en las universidades, asumieron el control de los embarazos, los partos y los puerperios. Al mismo tiempo, esto hizo que fueran perdiéndose o cayendo en desuso muchos conocimientos y prácticas beneficiosas».
En la cultura romana existían las parteras, así como en la musulmana
En la cultura romana existían las parteras, así como en la musulmana. En los archivos, constan exámenes que se les realizaba para poder desarrollar su profesión en el año 1492. Con el paso –y el cambio- de los tiempos, sus funciones han ido variando. Siglos atrás se encargaban de la mayoría de las tareas relacionadas con la salud de las mujeres, tanto obstétrica como ginecológica, y sus funciones se ampliaban antes y después del parto. Sin embargo, cuando las parturientas comenzaron a trasladarse del domicilio al hospital, algo que en España sucedió hacia la década de 1960-1970, esas tareas de las matronas, como los bautizos de urgencia o la vacunación de los bebés, transmutaron.
Quizá para recuperar la esencia de este saber ancestral, en los últimos años ha cobrado fuerza la presencia de otra figura, con algunas connotaciones distintas: son las doulas. Se trata de mujeres que trabajan acompañando los procesos del embarazo, el parto –en muchas ocasiones en casa– y el posparto. Aunque algunas son, además, matronas o están vinculadas al ámbito sanitario, no siempre tiene por qué ser así, pues no realizan tareas específicamente médicas. Su función se centra en el sostén y apoyo emocional y logístico, en la información y el bienestar de la familia con la que se implica. Tienen como objetivo que el parto se convierta en una experiencia memorable, segura, respetuosa y se conecte de la forma más saludable posible entre las criaturas que llegan y quienes las acompañan. El arte de dar una vida nueva se complementa con acompañarla.
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