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Cambiar la dieta para recuperar nuestra salud y la del planeta

En menos de un mes, el planeta llegará a lo que se conoce como overshoot day, el día en el que se han consumido todos los recursos de un año. Cambiar cómo comemos es crucial para ser sostenibles.

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El planeta está actualmente en una invisible cuenta atrás: la que llevará al overshoot day. Ese es el día en el que se habrán consumido todos los recursos que el planeta genera en un año natural. Y, en 2024, «se ha adelantado al 1 de agosto», según explica Laura González, responsable de Nutrición de Nestlé España. Y mirar la foto local es aún más sorprendente: en España, el overshoot day fue el 20 de mayo. 

Estos números invitan a la reflexión. «Es hora de tomar consciencia de nuestras acciones», apunta González. Es el momento de pensar en un consumo consciente y en el que se haga un uso más eficiente de los recursos, desde la energía hasta el agua, pasando por la adecuada gestión de residuos. «Todo suma para que en 2030 no estemos utilizando el equivalente a dos planetas», indica la experta. 

La alimentación –y su huella– es una pieza clave de ese cambio que, como se ha demostrado en el encuentro ¿Avanza la industria alimentaria hacia una alimentación sostenible?, de la Academia de Sostenibilidad Nestlé, es posible. Precisamente, Naciones Unidas ya ha alertado de que debemos cambiar el modelo de producción de alimentación actual, recuerda Giuseppe Russolillo, presidente de la Academia Española de Nutrición y Dietética y de la Confederación Mundial de Asociaciones de Dietistas-Nutricionistas.  

Russolillo: «No se puede vivir en un planeta enfermo y que las especies que viven en él estén sanas»

Porque, cuando se habla de sostenibilidad, se suele hablar del planeta en términos generales o de la herencia que se deja. Pensar a 100 años es un ejercicio complicado y pedirle a la gente que se preocupe por el mundo en el que vivirán personas que no han nacido todavía requiere un salto de imaginación que pocos hacen, explica Russolillo. Si se habla de algo que afecta de forma directa, como la salud, «la cosa cambia, porque ahora mismo nos estamos jugando un cáncer o una diabetes por no tener un sistema sostenible». 

«No se puede vivir en un planeta enfermo y que las especies que viven en él estén sanas», señala el experto. En 2008, una investigación publicada en The Lancet alertaba de cómo la pérdida de biodiversidad estaba conectada con el aumento de las enfermedades crónicas. Ya lo decía Avatar, concede Russolillo, «en el planeta todo está relacionado».  

Cómo cambiar lo que comemos

Para modificar lo que comemos y el coste que tiene para el planeta, habría que apostar por «dietas sostenibles», aquellas que tienen un impacto ambiental bajo y son saludables, respetando también la identidad cultural y gastronómica de la zona. «La sostenibilidad también tiene que ver con la soberanía alimentaria y con proteger esa cultura gastronómica que hemos aprendido de nuestros antepasados», afirma Russolillo. 

Para encontrarlas no hay que quedarse solo con ciertas palabras clave. Entender qué es sostenible puede resultar complejo. Algo puede ser ecológico, ejemplifica el nutricionista, pero ser producido a miles de kilómetros, lo que le da una huella de carbono en transporte elevada. No es un asunto de blanco o negro, de ahí la importancia de pensar en sistemas de producción y alimentación que sean capaces de responder a las necesidades de la población con un impacto positivo en el entorno. Es lo que hoy en día se conoce como agricultura regenerativa. 

Nestlé apuesta por la agricultura regenerativa, que mantiene los hábitats y reduce los fertilizantes químicos

El papel del consumidor en esta transformación es clave. Russolillo asegura que es «un poderoso actor que puede cambiar la sostenibilidad» y por eso invita a no esperar a que el cambio venga solamente de la clase política o de las propias empresas. «Delegar no es más que una utopía, somos nosotros los que metemos los productos en la cesta de la compra y los que comemos», afirma. 

Convencer al consumidor

Desde el lado corporativo, hay empresas que sí han visto en su papel una cuestión de responsabilidad. Es el caso de Nestlé, que está apostando por la agricultura regenerativa en su cadena de producción y se ha marcado metas para llegar a altos porcentajes de producción sostenible.

«En España, lo estamos haciendo con los pastos», ejemplifica Jordi Aycart, responsable de Seguridad, Salud y Sostenibilidad en España de la compañía, «y también en el cultivo de cereales de alimentación infantil». De hecho, en 2023 lograron llegar a los objetivos que tenían para 2025 y cerca del 40% de las papillas llegan ahora de cereales cultivados en Castilla y León de forma regenerativa. Esto supone el uso de fertilizantes orgánicos en vez de químicos, la apuesta por la agricultura de precisión  y la preservación de los hábitats. 

Sin embargo, entre la ciudadanía, aunque la cuestión de la sostenibilidad se valora, al menos nominalmente, a la hora de la compra cuestiones como el precio siguen teniendo impacto. 

«La sostenibilidad no es una ventaja competitiva», indica Alberto Vega, director de Comunicación Corporativa y Relaciones Institucionales en España de Nestlé. «Actuamos por convicción». Por eso, no solo cambian cómo producen o renuevan su gama de productos, también ofrecen a los consumidores una gama de herramientas que les ayudan a comprender estas cuestiones y aplicarlas en su día a día. 

La sostenibilidad también se relaciona con la soberanía alimentaria

El poder verde

Y como la sostenibilidad no es solo reducir la huella sino también en ganar salud, en el análisis también debe entrar qué comemos, no solo cómo cultivamos. Cada año se producen 1,7 millones de muertes en el mundo por la baja ingesta de fruta y hortalizas, de acuerdo con un estudio de 2010. «Posiblemente, 14 años después, esas cifras estén por encima de los 2 millones», sostiene Russolillo. 

Los fitoquímicos vegetales dan textura, sabor, color y aroma a los vegetales y las frutas. «Es como su sistema inmunológico», señala el experto. Y, para quienes los comen, estos «promueven la salud». Por eso, comer menos animales y más vegetales no es solo bueno para el planeta sino también para las personas. «No se trata de hacerte vegetariano», explica Russolillo, sino de reducir el consumo de carnes, que, ahora mismo, estamos consumiendo por encima de las posibilidades del planeta –el 80% de la cosecha mundial se dedica a alimentar a los animales que luego se comen– y de nuestra salud. 

Pero sumar más vegetales a la dieta es factible. Solo hay que recuperar hábitos saludables y reaprender qué debe entrar en nuestro plato. Por ejemplo, Nestlé va a lanzar su Veggie Plato, una guía que, con un esquema sencillo y visual, explica cómo crear un plato vegetariano para el día a día. 

Esta iniciativa se suma al menú planner o las recetas de aprovechamiento que publican en su web, con la que se incentiva a la población a cocinar. Porque, justamente, que hayamos dejado de hacerlo es otro de los problemas de la alimentación actual.

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