Diversidad

«Como sociedad no se nos ha educado en la diversidad, especialmente a mi generación»

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14
febrero
2024

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La visibilidad del colectivo LGTBIQ+ es clave para seguir avanzando en derechos. Si hay alguien que tiene claro este axioma es Federico Armenteros Ávila, fundador y presidente de la Fundación 26 de Diciembre, que hace referencia a la fecha de 1978 en la que se derogó la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. A través de su fundación, este activista trabaja para cambiar la mentalidad de un sistema que, durante generaciones, ha invisibilizado a las personas mayores LGTBIQ+ en España y para crear espacios seguros para este colectivo.


La Fundación Ashoka acaba de reconocerle con el premio de emprendedor social, ¿qué supone para usted este galardón?

Me dejó descolocado, porque no era consciente de la proyección que estaba teniendo el proyecto de empoderamiento de los mayores, porque cuando estás metido en el día a día no eres consciente de la proyección que va teniendo. Esto me hizo bajar a la tierra y me produjo un acojone; pero también ilusión y satisfacción. Como decía Kaváfis, el poeta griego maricón, hay que tener cuidado con lo que se sueña, que se convierte en realidad.

Usted es uno de los grandes impulsores del activismo LGTBIQ+ centrado en personas mayores, ¿en qué momento y de qué necesidad surge este movimiento tan específico?

En realidad, al principio no era consciente de la situación que se vivía en la sociedad. Todo empezó cuando Boti, que era presidenta de COGAM cuando yo tenía 40 años, me dijo que no me dedicara a la educación en COGAM, sino a los mayores. Entonces yo me quedé muy sorprendido porque sentí que me estaba llamando «vieja». Ese momento fue la semilla que me hizo reflexionar sobre la realidad del colectivo y ver que éramos edadistas, que lo único que nos interesaba era ser eternas, el culto al cuerpo… Cuando todas las personas tenemos más capacidades y más intereses, pero nos estaban enfocando a pasarlo bien siempre, a consumir, a ser joven… En ese momento también empecé a pensar en la historia. Por ejemplo, cuando yo era pequeño no tenía ni idea de que existía la ley de peligrosidad social… Además, empecé a hablar con los mayores y vi que tenían intención de suicidio. Y dije, «esto no puede ser, una cosa es que quieras una muerte digna, pero que sea por temas de soledad…». Asimismo, recordé cuando salí del armario y la psicóloga me recomendó «explorar». Entonces me puse a hacer «trabajo de campo» y me fui a las saunas y los cuartos oscuros, aunque yo no hacía nada ahí. Y comprobé cómo a muchos les decían «no me toques marica vieja» y pensé, «pero bueno, si en nada yo voy a tener esa edad». Estos fueron los motivos que me llevaron a ponerme en marcha, cuando se me hizo este encargo, para el que estaba preparado al ser educador social y estar formado para dar respuesta a esas necesidades de los mayores. Y además, yo voy camino hacia esa edad.

«No pueden decir ‘te vamos a meter en una residencia y te tienes que volver a meter en el armario, por lo que piensen los demás’»

¿Por qué son tan necesarias las residencias especializadas en la atención a mayores LGTBIQ+ como las que usted impulsa?

No se nos ha educado como sociedad en la diversidad, especialmente a mi generación. Nuestras generaciones están construidas con la heteronormatividad como valor supremo. Y, en realidad, esta sociedad es diversa. Todas, todos y todes tenemos que tener nuestro espacio, cosa que en la actualidad no es así, porque lo único que hay es la heteronormatividad. Por eso, son necesarias estas residencias, porque al colectivo hetero no se le ha educado para que entienda la diversidad. Hay muchos heteros que no nos quieren ver ni en pintura porque tienen el concepto que les metieron desde pequeñitos, y que nadie les ha dicho que es mentira, de que somos pederastas, que somos malísimos, que violamos a todo el mundo, que no somos de confianza… Esas personas que no han sido entendidas nunca y que han tenido un sufrimiento grandísimo necesitan ser atendidas por personal especializado, que les entienda y apoye a seguir en un desarrollo personal. Y también que hagan que valoren lo que son, no que les digan «pues te vamos a meter en una residencia y te tienes que volver a meter en el armario, por lo que piensen los demás».

Las agresiones homófobas cada vez crecen más al mismo tiempo que la ultraderecha ha dejado de esconderse. ¿Hemos desandado mucho camino en las libertades del colectivo? Y, sobre todo, ¿a qué se debe esta involución?

Claro, y se han traspasado muchas líneas rojas. Antes se reprimían, pero ya no tienen vergüenza. La ultraderecha tiene un modelo de Estado arcaico, por ellos volveríamos a la época de Isabel la Católica. Aquí los valores son los que ellos dicen, no hay otro tipo de valor. Y encima se muestran como son y no les pasa nada. El mejor ejemplo lo tenemos con Ortega Smith llamando «maricón» a Eduardo Rubiño, ¿quién es este señor para depreciar y decir «ahora llora maricón de mierda»? Está tipificado como delito de odio, pero bueno, como es diputado, blanco…. La extrema derecha está alimentando el discurso de: «Estos maricones tienen que volver al armario otra vez».

«Necesitamos educar a la sociedad para ir cambiando la cultura para que sea abierta, sin esos prejuicios que existen»

En esta línea, recordemos que la Comunidad de Madrid ha recortado los derechos del colectivo reformando la «ley trans» de la región, ¿cómo puede afectar al día a día del colectivo LGTBIQ+?

Ayuso nos ha quitado derechos derogando parte de dos leyes. Y esto no se puede permitir porque nos está quitando derechos humanos. ¿Pero quién es esta señora para quitar derechos humanos? Hay personas que intentamos que esta sociedad sea más igualitaria, pero no lo quieren porque se creen que esto es un cortijo y se siguen aprovechando de todo lo que les da la gana. Por eso siempre han ido en contra de la cultura y en contra de la educación, porque nos podría despertar y ellos no quieren que nos despertemos.

Precisamente por todo lo que cuenta, ¿son más necesarias que nunca asociaciones como la Fundación 26 de Diciembre?

Desde luego. Es necesario para que seamos visibles, porque si no somos visibles, evidentemente ellos van a trasladar rápidamente que no estamos. Y si tú no cuentas tu historia, la van a contar otros. Necesitamos educar a la sociedad para ir cambiando la cultura para que sea abierta, sin esos prejuicios que existen. Y necesitamos que nos vean. Todo desde la visibilidad, no desde la guerra, no vamos a ir con armas. Que nos vean, que estamos aquí, este es nuestro espacio también.

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