Economía

Finanzas sostenibles: el necesario motor de la transición ecológica

Los presidentes de las principales entidades financieras del país incidieron en su compromiso con la transición verde y demandaron más inversión por parte del sector público en un encuentro organizado por la Iniciativa Financiera del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

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«La era del calentamiento global ha terminado; ahora es el momento de la ebullición global». Estas fueron las palabras del secretario general de la ONU, Antonio Guterres,  tras confirmarse que el pasado mes de julio fue el más caluroso de la historia. Los informes del Grupo Internacional de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) llevan años advirtiendo de las consecuencias de no actuar frente a la crisis medioambiental: fenómenos meteorológicos extremos, pérdida de biodiversidad, migraciones masivas y una larga lista de pérdidas económicas y sociales. Y aunque el cambio climático quizás se percibía como algo lejano hace un par de años, cada vez resulta más complicado obviar su presencia: los recurrentes episodios de calor extremo en España, por ejemplo, parecen no necesitar de los datos científicos para advertir, incluso de forma intuitiva, que el clima está cambiando.

Pero ¿podemos hacer algo al respecto? ¿Debemos resignarnos esperar la catástrofe? Pese a la severidad de las advertencias, todavía hay una ventana abierta a la esperanza: en el último informe del IPCC no solo se confirma que estamos a tiempo de impulsar una transición ecológica con éxito sino que, además de evitar incontables consecuencias ambientales y humanitarias, este proceso será mucho más beneficioso para la economía global que seguir como hasta ahora.

Para revertir las predicciones –y, además, prosperar económicamente– el capitalismo debe dar un vuelco sin precedentes: la transición solo será exitosa si los flujos financieros que alimentan la economía global se alinean con los objetivos climáticos. Conocemos los beneficios y disponemos de gran parte de la tecnología, pero la transición ecológica no alcanzará el potencial necesario si no se enciende el interruptor de las finanzas sostenibles; ese primer engranaje que pondrá en marcha un nuevo modelo respetuoso con el medio ambiente. Con el objetivo de engrasar esta compleja maquinaria, este 12 de septiembre se celebró en Madrid un evento global organizado por UNEP FI (la Iniciativa Financiera del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) en el coincidieron expertos internacionales de diferentes áreas con los presidentes de las entidades financieras más relevantes del país: Carlos Torres Vila (BBVA), José Ignacio Goirigolzarri (CaixaBank), Antonio Huertas (Mapfre) y Ana Botín (Banco Santander). 

Cómo financiar la lucha contra el cambio climático

Según explicó Carlos Torres Vila, enfrentamos tres grandes desafíos para alcanzar un futuro verdaderamente sostenible: «luchar contra el cambio climático, conservar el capital natural e impulsar el crecimiento inclusivo». Y los tres requieren inversiones masivas, «del orden del 8% del PIB mundial cada año hasta 2050 solo para el cambio climático; de cerca de 3 billones de dólares anuales en la próxima década para preservar el capital natural; así como aumentar el consumo global en cerca de 37 billones de dólares en la próxima década para impulsar el crecimiento inclusivo», apuntó Torres recordando cifras de McKinsey. Se trata de una transformación ambiciosa, pero las principales entidades presentes en el encuentro estaban de acuerdo en la necesidad –y urgencia– de activarla. Tal como explicó Antonio Huertas, presidente de Mapfre: «Nuestro objetivo es proteger a la gente, y si protegemos el medio ambiente, estamos cuidamos de las personas». 

En este sentido, el sector financiero global ha logrado grandes avances en los últimos años, especialmente en Europa. En España, los activos gestionados con criterios ASG (Ambientales, Sociales y de buen Gobierno), pasaron de representar 35.710 millones de euros en 2009 a 379.618 millones en 2021, según el estudio La inversión sostenible y responsable en España 2022 (Spainsif). Una transición en parte aupada por los avances regulatorios pero que, tal como apuntó José Ignacio Goirigolzarri, «los bancos y las compañías de seguros han estado tomando iniciativas incluso antes de que se implantara la regulación». Un impulso que, tal como subrayó el presidente de CaixaBank, no se ha dado por caridad, sino por el enorme potencial de la revolución sostenible para el progreso de la economía global. Según destacó: «la transición hacia la economía verde tiene grandes oportunidades para aquellas empresas que sean ágiles y se adapten».

La urgencia de aumentar la ambición

Sin embargo, todas las entidades presentes en la mesa de diálogo reconocieron que es necesario un mayor impulso económico para terminar de activar ese interruptor de la transición ecológica: es necesario contar con el músculo suficiente para dar un salto que realmente cambie el paradigma. Tal y como apuntó Ana Botín, «tenemos que poder financiar la transición de la economía marrón a la verde, y eso necesita crecimiento». 

La lucha contra el cambio climático podría requerir una inversión del 8% del PIB mundial cada año hasta 2050

Entre otros aspectos, este crecimiento permitirá impulsar la investigación y el desarrollo para hacer asequibles tecnologías clave para responder a tiempo al cambio climático y sortear su peores consecuencias. Tal como destacó el presidente de BBVA, «la captura de carbono, por ejemplo, sabemos cómo hacerla en el laboratorio, pero es muy cara: tenemos que escalarla». Se trata de un ambicioso impulso que, según coinciden las entidades financieras, no podrán activarlo solas: «los bancos son un intermediario relevante, pero la clave está en todos los agentes de la sociedad, incluidos inversores, compañías, ciudadanos…», destacó Torres. Un compromiso sobre el que todos los representantes de la mesa de diálogo destacaron el papel central de la inversión pública, especialmente, a la hora de impulsar el desarrollo sostenible en las economías emergentes, donde la urgencia climática se encuentra con las necesidades de la industrialización.

En este sentido, Huertas recordó que las aseguradoras cuentan con «seguros para coches eléctricos, para la agricultura… trabajamos con compañías que aseguramos y en las que invertimos para la transición energética […], pero las aseguradoras no tienen infinita capacidad financiera y necesitan la alianza de lo público». Ana Botín añadió que, si bien el cambio ha sido grande, «la inversión no está llegando para transformar las regiones en desarrollo. Si no movilizamos capital público, no vamos a llegar a los países en desarrollo».

Desde las instituciones europeas, confían en que los mecanismos que se han activado en los últimos años a través del Plan de Acción sobre finanzas sostenibles –como la taxonomía verde– ayuden a dirigir la inercia financiera regional –y, en segunda instancia, global– hacia ecosistemas económicos alineados con la transición ecológica. Un objetivo que, si bien podría ser ambicioso, el avance del compromiso del sector financiero aupado por el impulso regulatorio lo hace cada día más tangible.

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