Poca ambición ante el mayor reto de la humanidad

La última edición de la Conferencia de las Partes demuestra especialmente una cosa: seguimos dejándonos llevar por los discursos y las intenciones vacías más que por el drama medioambiental.

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23
noviembre
2022

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El pasado 6 de noviembre comenzó la COP27 en la ciudad egipcia de Sharm el-Sheikh. Como ya es tradición, he seguido la evolución de esta cumbre con desconfianza: la falta de ambición de nuestros políticos y su ausencia de compromiso con las medidas anunciadas en ediciones anteriores ya me había desencantado.

Si nos remontamos a la última cumbre, podemos ver que sólo 30 países han cumplido con su compromiso adquirido con los objetivos de la COP26. Nos encontramos ante un panorama de escasos acuerdos que prácticamente nadie espera que se cumplan. 

¿Cómo podemos permitir que esto ocurra cuando somos conscientes de que el calentamiento global está causando daños irreparables en nuestro planeta? Nuestros mandatarios también lo saben. Pero creo que no terminamos de entender la urgencia del problema, a pesar de que se encuentra a la vista de todos: está en las olas de calor interminables del pasado verano o en este mes de noviembre en el que apenas hemos sacado la bufanda del armario. 

Sólo 30 países han cumplido con su compromiso adquirido con los objetivos de la COP26

Los países en desarrollo están sufriendo los peores efectos de los desastres derivados del cambio climático, denunciando la falta de ambición de los llamados países desarrollados. No se ha llegado a ningún acuerdo para impulsar la eliminación progresiva de los combustibles fósiles, principales responsables del calentamiento. Esto en un contexto en el que parece difícil alcanzar el objetivo de que el planeta no se caliente más de 1,5 grados en relación a la era preindustrial.

La nota positiva se encuentra en el compromiso de crear un fondo para que las naciones más vulnerables puedan hacer frente a las pérdidas y daños que generará el cambio climático. Sin duda, esa ayuda es necesaria para apoyar a las naciones más expuestas, que además son las que menos han contribuido al problema.

Es un punto de partida para responder a las peticiones de justicia climática de varios países, si bien al mismo tiempo este acuerdo evidencia que todos asumimos que el desastre va a llegar y que habrá que destinar recursos a solucionarlo. Y, en realidad, ese podría ser un buen resumen de esta edición de la COP: vamos a intentar arreglar el daño que ya hemos causado mientras provocamos nuevas heridas al planeta.

Como viene siendo habitual, nos dejamos llevar por la foto, el discurso vacío y las intenciones en un sistema más preocupado por el protocolo institucional que por el drama medioambiental.

Una vez más, la COP deja un sabor amargo vacío de soluciones reales que nos ayuden a enfrentar el mayor reto de la humanidad, que afecta a todos y en el que todos somos responsables.


Manuel Lencero es cofundador de UnLimited Spain.

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