Salud

El papel (y la responsabilidad) del arte en la salud

Las evidencias científicas demuestran que la cultura y las diferentes manifestaciones artísticas tienen un gran peso en el desarrollo (y el mantenimiento) de nuestra salud. Pero ¿por qué a veces se desdeña el efecto de la cultura en nuestros cuerpos y mentes?

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03
Dic
2021
arte
‘Un niño enfermo traído al templo de Esculapio’ (1877), por John William Waterhouse.

El individuo es una integración de realidades físicas, mentales, emocionales, culturales y espirituales. Aquello que habita en nuestra psique está indudablemente conectado con nuestra fisiología, tanto en un sentido como en otro. La historia de la medicina nos cuenta cómo hace decenas de miles de años se entendía la sanación como algo holístico, incluso ligado a ciertas manifestaciones artísticas. En el paleolítico, una escultura como la Venus de Willendorf representaba la fertilidad; en el Antiguo Egipto, los papiros describían ciertas prácticas sanadoras a través de experiencias teatrales; en Grecia, Pitágoras escribía sobre los beneficios de la música en la salud, igual que lo haría Boecio un poco después. Figuras como Hildegarda von Bingen, Gioseffo Zarlino, Richard Brocklesby y otros múltiples nombres de las artes, el pensamiento y la ciencia han contribuido a tejer el entramado interdisciplinar que recorre la relación entre arte y salud a lo largo de la historia. No fue hasta los siglos XVIII y XIX cuando, coincidiendo con importantísimos descubrimientos médicos, se impuso el modelo biomédico, más focalizado en lo anatómico. Pero ¿fue este el principio de la deshumanización sanitaria?

En el Antiguo Egipto, los papiros describían ciertas prácticas sanadoras a través de experiencias teatrales

A principios del siglo XX, las teorías psicoanalíticas de Freud defendieron que la mente puede ser causa de enfermedad, confirmando lo que ya sabían muchas tradiciones médicas de la Antigüedad. Y no es hasta prácticamente la década de 1980 cuando surge el modelo biopsicosocial, que es el que impera en la actualidad: nuestra salud no es una cuestión meramente física, sino que depende de nuestro estado psíquico, nuestros hábitos y nuestro entorno social.

Hoy, la humanización sanitaria está en las agendas de casi todos los servicios públicos de salud. En este punto, la cultura –ese complejo entramado que nos hace humanos; ese acervo casi inabarcable sobre lo humano y lo divino– puede ayudar a cubrir las lagunas del modelo actual. A devolverle a la palabra «hospital» la raíz etimológica que lo conecta con la hospitalidad, la acogida, la cercanía y el cuidado.

Hoy en día, los impresionantes avances de la medicina salvan más vidas que nunca. Podemos sentirnos orgullosos de una sus altas capacidades tecnológicas, de su potente arsenal de medicación farmacológica, pero la asistencia sanitaria está incompleta si esas cualidades no se equilibran con otras herramientas complementarias que aporten beneficios para la salud desde otro ángulo. Y las artes pueden constituir un bisturí emocional excelente para completarla.

Tras más de 10 años de experiencia en el sector de la cultura en el ámbito hospitalario, en la fundación Cultura en Vena podemos afirmar rotundamente que esta beneficia seriamente la salud. Basta nombrar tres hechos relevantes a nivel internacional, sucedidos en los últimos dos años, para colocar el binomio cultura/salud en un eje central de nuestras vidas.

En primer lugar cabe situarse en noviembre de 2019. Entonces, meses antes de la pandemia, la Oficina para la Región Europea de la Organización Mundial de la Salud publicó oficialmente que las prácticas artísticas tienen efectos positivos sobre la salud y el bienestar, en un informe sin precedentes apoyado en más de 3.000 estudios científicos. En esta publicación, la OMS instó a los gobiernos de la región europea a que introdujeran el arte en sus políticas de salud y bienestar: no solo las de promoción y prevención de la salud, sino las de gestión y tratamiento de la enfermedad.

Según un informe de la OMS, las prácticas artísticas tienen efectos positivos sobre la salud y el bienestar

A ello se suma que en septiembre de 2020, ya en plena crisis sanitaria, nuestro Senado realizó una declaración institucional al Gobierno de España en la que solicitó la declaración de la cultura como bien esencial. En ella se expresó textualmente que «debemos incluir arte y cultura en el marco de la atención sanitaria, ya que la música, el arte y las actividades culturales producen grandes beneficios para nuestro cuerpo y nuestras emociones».

Por último, en octubre de 2021, se puso en marcha el primer Centro Colaborativo de Arte y Salud de la OMS en la University College London, cuyo objetivo es seguir estudiando cómo las artes, la cultura y el patrimonio afectan de manera positiva a nuestra salud mental y física.

Estamos ante un momento único e inaudito, ante una oportunidad única para repensar el significado y propósito de la cultura en la sociedad y en el propio sistema sanitario. Ha llegado la hora de acercar ambos mundos: se nos presenta un cambio sistémico que ampliará los saberes –y deberes– del sector cultural y sanitario. Así, la industria cultural tendrá que conocer su responsabilidad hacia la salud de los ciudadanos, mientras que los servicios sanitarios deberán tener en cuenta las artes como fieles aliadas de los protocolos médicos.

Se debe articular una necesidad sociosanitaria real que llegue e impregne las instituciones y los órganos de gobierno

Es esperanzador ver cómo cada vez son más las iniciativas que han aflorado en los últimos años en torno al arte y la salud. En este sentido, es importante que las organizaciones trabajemos en red: es necesario generar debate y reflexión en torno al papel de la cultura en nuestro bienestar, así como concienciar a los agentes culturales de su responsabilidad social y a los artistas de su enorme potencial. Poco a poco, se debe articular una necesidad sociosanitaria real que llegue e impregne las instituciones y los órganos de gobierno. Se debe mostrar la evidencia científica –que ya existe– para que se creen los marcos legislativos necesarios con el fin de que las prácticas artísticas se integren en los protocolos sanitarios como una realidad justificada, estable y duradera, como ya existe en otros países europeos. Reino Unido, con su alianza parlamentaria de todos los partidos políticos en materia de arte, salud y bienestar, es uno de los modelos a seguir. Es momento, pues, de crear el soporte necesario para introducir las prácticas artísticas en las políticas sanitarias, quizá con una rápida –y eficaz– propuesta no de ley.

Esta integración es uno de los objetivos principales de Cultura en Vena: trabajamos para mejorar la vida de las personas inyectando cultura allí donde no suele llegar, acercando el arte y la música a los entornos hospitalarios y a las regiones en riesgo de despoblación. Y lo hacemos, además, reivindicando el arte y la cultura como bienes esenciales, como bienes de primera necesidad capaces de mejorar la salud de las personas y las estancias hospitalarias de pacientes, familiares y personal sanitario. También trabajamos, además, para crear un nuevo sector de actividad que ofrezca canales de expresión y crecimiento profesional entre los artistas, así como nuevos circuitos donde desarrollar su trabajo. Nos interesan los efectos emocionales que provocan las manifestaciones culturales, pero también las evidencias científicas: por eso impulsamos la investigación clínica sobre los efectos de las artes en la salud. Nuestro Proyecto MIR (Músicos Internos Residentes), implementado en colaboración con el Hospital 12 de Octubre de Madrid, es un ejemplo en este sentido: desarrolla hasta siete estudios científicos sobre los efectos de la música en directo en diferentes patologías y especialidades médicas.

Y aunque la música es quizá el arte que más directamente puede modificar nuestro estado emocional, su temporalidad la hace esencialmente efímera. Por ello trabajamos también con las artes visuales, que permanecen y acompañan al paciente –así como a su acompañante y al personal sanitario– en una sala de espera o en la intimidad de una habitación.

El Proyecto Músicos Internos Residentes ha desarrollado estudios científicos sobre los efectos de la música en directo en diferentes patologías

¿Se imagina esperando en la sección de Urgencias de un gran hospital –seguramente más tiempo del deseado– mientras disfruta de una exposición? Eso es lo que ya sucede en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, donde muy recientemente hemos inaugurado la exposición del concurso Cultura de Urgencias, una convocatoria para jóvenes creadores europeos de las artes visuales y la literatura que ejemplifica muy bien nuestro propósito. Su objetivo es triple: estimular la reflexión artística sobre el papel social y transformador de la cultura en la salud y el bienestar; humanizar la experiencia hospitalaria de los pacientes, familiares y personal sanitario a través del arte; y ayudar al colectivo artístico con una dotación económica que alivie parcialmente las consecuencias de la pandemia en sus carreras.

El proyecto, así, tiende puentes entre el mundo de la cultura y la salud en un contexto de internacionalización, juventud e innovación. Además ha conseguido, tal como reza el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 17, crear alianzas para lograr grandes objetivos: lo ha hecho reuniendo apoyos de la Embajada de Alemania, la Consejería de Salud, la Consejería de Cultura, el Círculo de Bellas Artes y la Gerencia del Hospital Clínico San Carlos. El resultado es un Área de Urgencias –en palabras del propio gerente, «uno de los puntos más críticos del hospital, donde la vida y la muerte conviven a menudo»– transformada con obras de 30 jóvenes artistas europeos. Las obras propuestas, seleccionadas y premiadas por un jurado multidisciplinar, muestran diferentes aproximaciones a la salud, a la enfermedad física y mental, y al bienestar.

Desde Cultura en Vena trabajamos para que estas acciones creen un ecosistema favorable –y necesario– para la integración de las artes en la atención hospitalaria, así como para concienciar a las instituciones culturales y sanitarias de que existe un camino común a transitar. No es solo un eslogan, sino una realidad respaldada por la evidencia científica: la cultura beneficia seriamente la salud.


Juan Alberto García de Cubas es presidente y director de la Fundación Cultura en Vena.

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