Contaminación

La cara y la cruz de una vida sobre ruedas

Por un lado, el sector del automóvil en España supone el 11% del PIB. Por otro, las emisiones de CO2 o las partículas contaminantes liberadas por los neumáticos ponen en riesgo la estabilidad ambienta. ¿Podremos alcanzar un equilibrio sostenible?

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14
Jul
2022

El vehículo se ha consolidado como un imprescindible en nuestras vidas y en muchos países es la opción predominante para la movilidad de personas y mercancías. Personas que viven, cada vez en mayor proporción, en extensas y fragmentadas áreas urbanas, y mercancías producidas y distribuidas en el descentralizado y globalizado modelo de producción postfordista actual.

Las cifras son elocuentes: el número total de vehículos de pasajeros y comerciales en uso en el mundo superó en 2015 la cifra de 1 282 millones de unidades (en España, casi 27,5 millones), y se ha multiplicado por 17 desde el año 1950. En Estados Unidos, Canadá y las regiones del oeste de Europa y Pacífico, el número de vehículos por cada 1.000 habitantes oscila entre 600 y casi 850.

La cara: alta contribución al PIB y al empleo

Así, el sector de la automoción no solo ha sido tractor de numerosas innovaciones tecnológicas, sino que ha dado respuesta a unas crecientes demandas sociales de movilidad y se ha convertido en motor del crecimiento económico y el empleo. A nivel mundial, tanto la cifra de producción como la de ventas de vehículos superaron los 80 millones de unidades en 2021 y, en 2022, más de 3,3 millones de personas se emplearon en las 28 primeras compañías del sector de la automoción. En el caso de España, se calcula para 2021 una producción de vehículos superior a los 2 millones de unidades y unas ventas que superan el millón. Asimismo, se estima que las fábricas de automóviles son la fuente de más de 69 mil empleos directos.

Estrechamente ligada al auge de la automoción, la industria de fabricación de neumáticos y caucho también ha participado de una explosión de demanda, provocando una escalada en los ingresos generados por sus ventas. Considerando la venta de neumáticos nuevos de los cinco mayores fabricantes mundiales, la cifra superó los 89 mil millones de dólares estadounidenses en 2018. En Europa, según ERTMA, en 2020 se produjeron 4,2 millones de toneladas de neumáticos y el empleo directo en la industria del neumático y caucho fue de 354.331 personas. En España, el sector de fabricación de neumáticos y cámaras de caucho, reconstrucción y recauchutado de neumáticos factura un total de 2.881 millones de euros.

La contribución a la generación de renta y empleo es mucho mayor cuando se considera no solo la fabricación de vehículos y componentes, sino toda la cadena de valor, incluyendo sus actividades complementarias de distribución y comercialización, posventa, servicios financieros y seguros, transporte, estaciones de servicio, alquiler y autoescuelas. Bajo esta perspectiva, ANFAC estima que el impacto en España asciende al 11 % del PIB y el 9 % del empleo y, además, la aportación al superávit comercial exterior (balance positivo de 17.166 millones de euros) y a la recaudación fiscal (25.645 millones de euros), también son muy destacables.

La cruz: un creciente problema ambiental

Es bien conocida la responsabilidad que tiene este uso intensivo del vehículo, a través de sus emisiones de CO₂ a la atmósfera, en el problema del cambio climático. Sin embargo, son menos conocidos los costes ambientales que se derivan de uno de sus componentes básicos en particular, los neumáticos, aunque constituyen uno de los contaminantes plásticos más frecuentes en el planeta, especialmente en los ríos y aguas costeras. Aproximadamente el 28 % de los microplásticos en los océanos provendría del desgaste de neumáticos arrojados al mar.

Los estudios muestran que los neumáticos en uso generan partículas de microplástico por el rozamiento con el asfalto, tanto en la marcha como en el frenado. Las partículas más pequeñas pasan al aire y tienden a dispersarse con un destino incierto. Las otras se depositan en la superficie de las carreteras y son transportadas por las corrientes de agua de lluvia hacia los suelos, las alcantarillas y las aguas superficiales. De distintas maneras, toneladas de microplásticos de los neumáticos acaban en los ríos, mares y océanos, estimándose una emisión per cápita media global de 0,81 kg/año.

Una vez fuera de uso, los neumáticos, si son mal gestionados o abandonados, suponen otra fuente contaminante de primer orden, cuyos efectos pueden tardar 1.000 años en desaparecer. Las amenazas que se derivan sobre la salud de las personas (por la inhalación y la ingesta de partículas), los ecosistemas marinos y terrestres, y la economía, precisan de mayor atención y estudio, así como las medidas para mitigarlos.

Más allá del coche eléctrico

Centrando la atención en las medidas, algunas propuestas se centran en reducir los impactos derivados del desgaste del neumático al rodar en las carreteras. Estas innovaciones tratarían de reducir la abrasión y, por tanto, las partículas que se generan (tanto en la fabricación de los neumáticos como en los pavimentos en los que ruedan o con el recurso a coches de conducción automatizada capaces de alargar su vida útil). Otras propuestas buscan mejorar la eficiencia con la que se eliminan del medio en el que se depositan (eficiencia del alcantarillado y plantas de tratamiento de aguas residuales, por ejemplo).

En relación con los neumáticos fuera de uso, la recogida y su tratamiento para el reciclaje y la recuperación de energía es la gran apuesta de productores y gobiernos. La idea es facilitar su reutilización (mediante el recauchutado, al que únicamente se añade un 25% de materiales nuevos), reciclado y otras formas de valorización. Los avances están todavía en un estadio preliminar, la concienciación es escasa y actualmente no existe ninguna alternativa para los neumáticos.

Las políticas ambientales vinculadas al transporte centradas en la descarbonización (vía electrificación o uso de combustibles alternativos) deberán complementarse con un apoyo decidido al transporte público, a la intermodalidad y, en el medio urbano, al uso de la bicicleta y los desplazamientos peatonales. Ello reduciría no solo las emisiones, sino también la demanda de espacio público y los niveles de ruido en las ciudades, y, por descontado, del impacto ambiental de los neumáticos.

La alternativa de pisar el freno no es neutral

Entre las soluciones que se manejan en el marco de las 9R de la economía circular, las propuestas del carsharing o del coche multipropiedad y de reducción o rechazo del vehículo privado como solución de movilidad individual son caminos que habrán de emprenderse. Sin embargo, a la vista de las cifras comentadas al inicio, es fundamental tener presente que la reducción de las ventas de coches y de neumáticos supondría importantes costes a corto plazo en términos de PIB y de empleo (como recientemente ha venido a mostrar la pandemia por covid-19), en particular sobre productores y trabajadores del sector y todas sus actividades complementarias, y en algunas economías, como la española, también sobre el sector exterior.

Por eso, resulta esencial realizar un diagnóstico profundo de los potenciales beneficios y del alcance de dichos costes y su distribución, así como el diseño y puesta en marcha de medidas de apoyo y compensatorias a determinados colectivos y empresas. Abordar el problema de la contaminación por neumáticos debe plantearse en el contexto de la revisión general del modelo de transporte imperante. Un modelo plagado de externalidades negativas tanto en el plano ambiental, como en el social y el económico: emisión de gases de efecto invernadero, contaminación del aire y del agua, ruido, congestión, accidentes de tráfico, invasión de espacios públicos, dependencia del petróleo, etc.

Abordar dicho problema requerirá de soluciones imaginativas, cambios culturales y un esfuerzo global de todas las partes interesadas: productores, consumidores y usuarios, administraciones públicas y reguladores e investigadores. Un esfuerzo al que hemos querido sumarnos desde la Universidad de Alcalá a través del proyecto Neumatic-Out.The Conversation


Elena Mañas Alcón es doctora en Economía. Profesora Titular de Economía Aplicada, directora de la Cátedra de Responsabilidad Social Corporativa UAH – Santander e investigadora del Instituto Universitario de Análisis Económico y Social, Universidad de Alcalá; Héctor del Castillo es doctor en Educación, profesor Titular de Universidad, departamento de Ciencias de la Educación, director Académico del Centro de Apoyo a la Innovación Docente y Estudios Online, Universidad de Alcalá; María Jesús Salado García es profesora titular de Geografía Humana en el Dpto. Geología, Geografía y Medioambiente, Universidad de Alcalá y María Teresa Gallo Rivera es doctora en Economía, profesora Titular de Economía Aplicada y subdirectora del Instituto Universitario de Análisis Económico y Social y de la Cátedra de Responsabilidad Social Corporativa, Universidad de Alcalá. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

The Conversation

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