Sociedad

¿Quieren que fracases las aplicaciones de ligue?

Desde su aparición, las aplicaciones de ligoteo se han popularizado con intenso entusiasmo. Sin embargo, sus resultados son cuestionables: desde plataformas dirigidas al sexo casual entre personas previamente comprometidas en una relación hasta las más famosas, como Tinder o Bumble, acusadas de fomentar roles de género o incluso de hacer fracasar sentimentalmente a sus usuarios.

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21
Jun
2022
ligue

Llegó el smartphone e internet cambió para siempre. La palabra aplicación tomó otra semántica. De entre la creciente pluralidad de redes sociales que iban apareciendo en el voraz mercado de la atención pública, enseguida se instalaron las de ligoteo. Tinder nació en 2011 como red de citas y, desde entonces, han proliferado desde todos los puntos de vista posibles: desde el femenino, donde ellas tienen la iniciativa, como es el caso de Bumble; hasta algunas tan específicas como Bristlr, diseñada para que las mujeres a las que les gustan los hombres con barba encuentren a su pareja ideal, o incluso Wadie, que propone a Cupido el candidato a recibir la saeta del amor según la carta astral de sus usuarios.

Sin embargo, aunque el éxito del modelo de inmediatez y sensación de control al elegir candidato es incuestionable, no han sido infrecuentes las acusaciones que han recibido este tipo de apps: se les ha acusado de fomentar ciertos roles de género machistas y dar preferencia a los hombres frente a las mujeres, y también de boicotear a los usuarios. En esta última línea, The Washington Post elaboró recientemente un estudio donde se sugirió que esta clase de aplicaciones podrían estar favoreciendo el fracaso amoroso (y sexual) para que su algoritmo pueda continuar extrayendo datos personales de los usuarios. ¿Qué hay de cierto?

Ligar, consuelo o destino

Somos animales gregarios. Apreciamos estar rodeados de otros semejantes, despreciamos la soledad impuesta. Nos sentimos mejor en el grupo, y necesitamos sentirnos aceptados. Un elemento clave es tener pareja. Desde adolescentes, en la edad adulta, incluso en la vejez. O incluso muchas más en nuestra época, donde la monogamia es una más entre las opciones. Es por esta consecuencia de la naturaleza humana que aplicaciones de gran éxito como Tinder o Bumble funcionan.

Sin tantos prejuicios como antaño, la facilidad para manejar una plataforma que se puede llevar literalmente en el bolsillo y permite desechar o aceptar potenciales candidatos la hace más útil que nunca. Hay quienes recurren a ellas para conseguir sexo casual, otros en busca de compañía y otros tantos en la eterna persecución del amor romántico. Mientras para unos el ligoteo es una forma de destino, un arte en el que intentan perfeccionarse, para otros se trata de un consuelo, un elemento más en sus vidas.

Sin tantos prejuicios como antaño, la facilidad para manejar ‘apps’ que permiten desechar o aceptar candidatos las hace más útiles que nunca

Es en esta situación, cuando los sentimientos del usuario son candentes, el momento en que estas aplicaciones para ligar se pueden convertir en un arma de doble filo. Y a partir de millones de desilusiones, situaciones delictivas y vivencias perjudiciales, una pregunta indudable subyace inevitablemente: ¿por qué entre personas que buscan algo más que sexo no hay un éxito abrumador?

The Washington Post abrió de nuevo el gran melón de la era digital: es posible que el algoritmo que rige estas aplicaciones esté diseñado para promover o bien la cita sexual o, en su defecto, el fracaso, mediante el artículo Why is it so hard to turn a Tinder date into a relationship? (¿Por qué es tan difícil convertir una cita de Tinder en una relación de pareja?). Dado que es la propia plataforma la que va seleccionando posibles match a sus usuarios y que, como sucede en todas las redes sociales, estas se alimentan de su recolección y uso, ¿por qué no suponer que intentan atrapar el mayor tiempo posible a cada uno de sus miembros?

Es la conclusión de la publicación estadounidense. A fin de cuentas, son multitud los estudios científicos que demuestran que parte del espíritu de una red social es sujetar al usuario, bien sea para comercializar datos por puro lucro o para crear comunidad y hacerla crecer, o por ambas razones perfectamente interconectadas. Que en las aplicaciones de ligoteo se sesguen ciertos perfiles en función de sus preferencias persiguiendo que, de fracasar con sus citas y encuentros, se genere mayor estancia o incluso dependencia en su uso es, desde el punto de vista más racional, la consecuencia indiscutible del espíritu del negocio digital.

¿Fracasar en…el amor?

Sea como fuere, si se confirmase esta conclusión, no debería extrañarnos. El manejo de las aplicaciones digitales prolifera cuando el usuario las maneja intuitivamente. En otras palabras, las siente fáciles de utilizar. Luego llega la sensación de libertad. Una libertad que nunca existe en la plenitud en que concebimos el concepto en la cultura actual. 

A la hora de hablar de ‘apps’ de ligoteo, los psicólogos recomiendan tener claro que los medios digitales no son los únicos que existen para encontrar la pareja ideal

Se ha ligado, y se sigue ligando, en bares, en discotecas, en conciertos, en centros de estudio, en el seno de grupos de amigos, incluso en los templos, entre personas dedicadas a una fe. En resumen, si hay entendimiento entre dos personas, el entorno es lo de menos. Solo será necesario un poco de esfuerzo, algo de talento propio y encontrar un contexto más o menos adecuado, cosa que más temprano que tarde acaba por llegar. No se necesitan redes sociales especializadas para ligar para conseguir la cita ideal para el propósito que dispongamos. Solo curiosidad por el prójimo, ideas claras y respeto por la integridad y las preferencias de cada cual.

Estas indicaciones son precisamente las que recomiendan los expertos desde el ámbito de la psicología. A la moderación y el distanciamiento del uso de las aplicaciones, para no crear adicciones o dependencias, a la hora de hablar de las aplicaciones destinadas al amor se recomienda paciencia, reflexión y tener claro que los medios digitales no son los únicos que existen para encontrar la pareja ideal. Percibir que somos parte de un mundo físico y que nuestra naturaleza nos empuja a socializar, incluso en el caso de las personas más aparentemente misántropas, es clave para impedir la frustración y esquivar, de existir, cualquier sensación de fracaso esbozada desde las redes sociales. Un mundo extenso y rico en matices y personas espera acogernos. ¿Por qué deberíamos de limitarnos a una pantalla cuando tenemos un horizonte lleno de posibilidades?

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