Ucrania

Por qué la crisis migratoria de Ucrania se gestiona de modo diferente

Esta no es la primera guerra en los últimos años y tampoco la única que está ocurriendo en el mundo. Antes ya se produjeron otras crisis migratorias igualmente dramáticas y masivas. Sin embargo, ¿qué factores hay detrás para ver acciones institucionales tan distintas?

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17
Mar
2022
Ucrania

Una de las lecciones que se enseñan en el primer año en las facultades de Periodismo es el de la distancia geográfica y lo noticioso. Es una lección que suele interpretarse como cruel, pero cuando se valora qué irá a primera plana o qué será o no noticia, la proximidad a los hechos marca cómo se verán las cosas. Así, un trágico accidente de coche puede abrir el periódico local, no ser más que un breve en el diario de la provincia de al lado y no tener en absoluto eco en las noticias de la comunidad autónoma vecina. Los fallecidos en el accidente son siempre las mismas personas y, moralmente, lo que supone esas muertes es siempre lo mismo, pero para quienes están leyendo esas noticias la importancia de la tragedia varía. Desde el punto de vista emocional, sienten que es distinto.

La idea de partida de esa lección sirve para comprender no solo cómo se organizan los módulos de un periódico, sino también por qué se reacciona de forma diferente ante las tragedias del mundo. Porque todas las vidas son exactamente igual, pero, como apresurados redactores de cierre, los cerebros de los ciudadanos no procesan todas las pérdidas de la misma forma. Cuando más cercanos geográfica o culturalmente sean los protagonistas de las historias, más próximos se sienten también emocionalmente.

Esta situación es algo que resuena, precisamente ahora, ante la dramática situación de los civiles en la guerra en Ucrania. Según las estadísticas oficiales, ya se contabilizan más de tres millones de refugiados en menos de tres semanas desde que comenzara la invasión rusa el pasado 24 de febrero. La rapidez de este éxodo no tiene precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. De hecho, tal y como advierte UNICEF, cada segundo un niño ucraniano se convierte en refugiado. El resultado es una crisis de refugiados en el medio de Europa.

Los espectadores no están dispuestos a ver el efecto de las tragedias cercanas

Sin embargo, esta no es la primera guerra en los últimos años –tampoco la única que se está produciendo en el mundo– y antes ya se produjeron otras crisis migratorias igualmente dramáticas y masivas. Y a pesar de ello la reacción no ha sido la misma ante unas y otras: los países fronterizos han movilizado ahora más recursos, la solidaridad de la población europea es muy elevada y tanto los Estados miembro han activado mecanismos para hacer más fácil su situación. Si con la crisis de refugiados en Siria eran algunos europeos los que colgaban carteles en sus ventanas con el lema «refugees welcome», ante la crisis de Ucrania este pensamiento es general para todos, ciudadanía e instituciones.

Esa proximidad que sirve para determinar qué va y qué no a la cubierta de los diarios permite comprender, en parte, por qué la reacción es diferente. También nos encontramos con ese sesgo de que las cosas se ven distintas –aunque en justicia no lo sean– cuando semeja posible vivir una experiencia parecida o verse afectado de forma directa por ella. 

En Ante el dolor de los demás, Susan Sontag recuerda, por ejemplo, que la Guerra Civil española no fue el primer conflicto en el que se bombardeó a la población civil. Los imperios coloniales ya lo habían hecho en los años anteriores en otras zonas. «Lo que horrorizó a la opinión pública en los años treinta fue que la masacre de civiles estaba sucediendo desde el aire en España: se supone que esas cosas no suceden aquí», escribe, y las cursivas son suyas. Fue algo parecido a lo que pasó con la guerra de Bosnia. A las audiencias les impresionaba especialmente porque estaba pasando en el medio de Europa, donde «esas cosas ya no suceden».

Eve Geddie (Amnistía Internacional): «Todas las personas deben recibir protección para establecerse en otro lugar»

Tales percepciones implican un sesgo que invitan a hacer un examen de conciencia colectivo. Siguiendo con las reflexiones de Sontag, los espectadores no están dispuestos a ver el efecto de las tragedias cercanas. Se ocultan caras o se evitan las fotos más truculentas porque se siente que es una intromisión innecesaria en la intimidad de esas personas (se piensa, por ejemplo, en qué ocurriría si sus familiares viesen esas imágenes), pero por el contrario se publican fotos identificables de aquellas tragedias que ocurren en otros lugares. Por ejemplo, las fotos en prensa de las hambrunas en África durante las pasadas décadas o las crisis de las pateras en el Estrecho.

¿Qué es lo que hace que unas víctimas tengan derecho a la intimidad y otras no? ¿Es una cuestión de cercanía o hay algo más? En estos últimos días, Amnistía Internacional recordaba que, mientras la crisis en Ucrania centraba las noticias, en la frontera en Melilla se continuaban produciendo violaciones de derechos humanos de refugiados que intentaban llegar a España. Cabe preguntarse, por tanto (y sin restarle importancia al drama humanitario de la guerra en Ucrania), qué papel tienen los sesgos racistas en cómo se reacciona ante unas y otras crisis.

Además, el problema se no solo se observa en la comparativa, sino también en la propia crisis de refugiados en Ucrania: las personas africanas que viven en el país están denunciando que tienen más problemas para salir de la zona en guerra. «Respecto a los informes sobre inaceptables discriminaciones entre las personas que huyen de Ucrania, expresé mi preocupación a las autoridades pertinentes, ya que cualquier acto de discriminación o racismo debe ser condenado y todas las personas deben ser protegidas», alerta el alto comisionado para los refugiados de la ONU, Filippo Grandi.

«Todas las personas que huyen del conflicto deben recibir protección y ayuda para establecerse en otro lugar», recordaba, tras activarse la Directiva del Consejo de la Unión Europea sobre protección temporal, Eve Geddie, directora de la Oficina de Amnistía Internacional ante las Instituciones Europeas. «Que se esté activando por primera vez pero principalmente para la población ucraniana desplazada indica que el planteamiento de la Unión Europea obedece a una doble moral», añadía.

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