Cultura

‘La asistenta’, o el mérito de explicar la pobreza sin juicios

La serie, que causó revuelo a finales del pasado año, es un perfecto análisis de las precariedades de nuestro tiempo que ahonda en cómo los diferentes tipos de violencias actúan, en numerosas ocasiones, de forma casi invisible.

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30
Mar
2022
Fotograma de ‘La asistenta’. Fuente: Youtube

La asistenta es una de esas ficciones cuya premisa es creíble en Estados Unidos pero tendría que ser modulada para encajar en muchos países de la Unión Europea (o incluso en su vecina Canadá). Aunque en peligro y cada día más endeble, nuestro estado del bienestar haría que Walter White, el protagonista de Breaking Bad, no necesitase traficar con metanfetamina para tratarse el cáncer y permitiría a Peter Parker y sus amigos ir a la universidad de forma gratuita, acabando con el argumento de Spiderman: No way home antes de empezar.

Sin embargo, tampoco podemos ser tan optimistas y pensar que no existen vidas como las que se ven en La asistenta en nuestros modernos países europeos. En esta serie, Margaret Qualley interpreta a Álex, una joven madre soltera que alterna trabajos precarios, muchos de ellos limpiando casas ajenas, para sacar adelante a su hija mientras huye del padre de ésta, que lleva años maltratándola. En sus intentos por alejarse de él se encuentra con diferentes personajes cuyas situaciones resuenan con la suya. Unos la ayudarán. Otros no.

La crítica ha valorado positivamente la representación que la serie hace del maltrato, ya que Sean, el novio y padre de la hija de la protagonista, no ha necesitado llegar a la agresión física para conseguir anularla como persona y llevarla a cierto grado desesperación. Aunque hay otro personaje, Danielle, que sí que ha sufrido abusos físicos, el punto de vista del espectador es la protagonista, que en ningún momento es juzgada por el ciclo de ida y vuelta con su maltratador, una pauta recurrente en ese tipo de relaciones.

Esta serie, que aún no ha dado una pista sobre si contará con segunda temporada, también ilustra a la perfección cómo la pobreza ejerce de multiplicador para cualquier tipo de problema. Deja completamente indefensa a Álex para huir de su maltratador, pone en peligro la salud de su hija Maddy cuando se mudan al apartamento con moho tóxico, la obliga a aceptar trabajos en condiciones miserables por no encontrar alternativa… Incluso el alcoholismo de Sean, el novio maltratador, es consecuencia casi directa de su situación de desempleo.

Si hay algo que destaca de la historia escrita por Molly Smith es que es capaz de retratar la pobreza sin caer en el amarillismo

Por otra parte, si algo hay que destaca de la historia escrita por Molly Smith es que es capaz de retratar la pobreza sin caer en lo que se llama ‘la pornomiseria’ ni el amarillismo. No se trata tanto de que sintamos lástima por los personajes como de que entendamos la clase de callejones sin salida en los que se puede ver atrapada una persona en su situación. Y sobre todo da ejemplo, porque las soluciones que se ofrecen están ausentes de juicio moral.

La asistenta puede servir, además, para explicar el siempre confuso concepto de la interseccionalidad, que más que poner las ‘identidades’ a competir explica que nadie está a salvo de sufrir más de un tipo de discriminación a la vez. Álex lo pasa mal por ser una mujer joven, pobre y que ha sufrido abusos, una combinación que la deja más indefensa a cada paso, pero de la que el resto de personajes no están exentos.

El personaje de Regina, una de las primas jefas de Álex cuando empieza a trabajar como asistenta, es una presentación que desafía las expectativas del espectador. Interpretada por Anika Noni Rose, Regina es una mujer de raza negra y clase alta que trata a la protagonista con malos modos y se queja de ella ante sus jefas, optando por no pagar sus servicios, provocando que sea despedida. En el primer episodio se trata de un personaje claramente negativo, que contrapone el eje rico-pobre a cualquier otro tipo de opresión –algo inusual en la ficción reciente en estadounidense–.

‘La asistenta’ busca otorgar un final optimista a través del apoyo mutuo entre las personas en situación de exclusión

Más tarde, Regina recibirá una suerte de redención cuando, tras conocer la historia de Álex, pague lo que debe para que así sea readmitida en su trabajo. Sea por hipocresía o por reconocerse de alguna manera en la indefensión de su exempleada, Regina es capaz de un grado de empatía que no encontramos en Paula, el personaje de Andy McDowell que presume de una vida alternativa y progresista aunque viviendo solo de apariencias, siendo incapaz de ponerse en el lugar de nadie que no sea ella misma.

Con todo, Paula y Regina no son personajes absolutamente ‘buenos’ o absolutamente ‘malos’, como tampoco lo son Álex o Danielle; son personas que reaccionan en la medida de sus posibilidades según la situación. Así, la solidaridad que establece la protagonista con las profesionales del centro para mujeres maltratadas, con su exjefa o con sus compañeras de trabajo se construye, en última instancia, a través de la honestidad y la ausencia de juicio. Nadie culpa a otra persona de su situación ni pretende imponerle su visión del mundo.

La asistenta, como explicó la analista Mar Pons, busca otorgar un final optimista a través del apoyo mutuo entre las personas en exclusión y la ternura de los personajes, que al menos en los principales no dejan de tener el cuidado de alguien más débil –la hija de Álex– como principal motivación. Un mensaje que, junto a todas las denuncias anteriores, no deja de ser necesario: también a nuestro alrededor hay personas buenas.

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