Siglo XXI

«No se pueden hacer leyes contra la despoblación desde La Castellana»

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25
Feb
2022
Soria ¡Ya!

El pasado 13 de febrero, mientras Castilla y León observaba expectante cómo avanzaban los grandes partidos en el mapa autonómico de resultados electorales, Soria parecía adquirir un cariz cada vez más oscuro. Llamaba la atención: en un gráfico donde el color azul y rojo eran los colores predilectos, el color negro presente en la provincia más despoblada de toda España destacaba sobre el resto. Reflejaba a Soria ¡Ya!, una plataforma ciudadana que, si bien acumula dos décadas de activismo reivindicando mejoras para la provincia, se presentaba entonces por primera vez a unos comicios. Ni siquiera su candidato, Ángel Ceña (Soria, 1967), se esperaba un éxito tan rotundo: la agrupación fue la fuerza más votada de la provincia con el 43% de los votos; en la capital, la agrupación logró obtener incluso más del 50% de los votos: en total, 18.390 personas. Con tres de cinco procuradores en las Cortes y una compleja investidura aún por resolver, Ceña insiste en que Soria ¡Ya! –que ha anunciado recientemente su candidatura a las próximas elecciones generales– tendrá que ser escuchada si se quiere contar con su apoyo. No obstante, marca algunas líneas rojas.


Lleváis a vuestras espaldas más de 21 años de activismo y movilizaciones reivindicando mejoras para Soria pero es ahora, sin embargo, cuando habéis arrasado. ¿Qué lectura debe hacer la política de vuestro éxito en los comicios castellanoleoneses?

La lectura es más que evidente. Es un golpe sobre la mesa de la ciudadanía denunciando que no está satisfecha con cómo se está llevando la política en España. La gente está harta de promesas incumplidas y la única impresión que tiene es que los Gobiernos legislan para otros sitios.

Soria ¡Ya! siempre se ha referido como una plataforma transversal que no entiende de ideología, sino tan solo de necesidades. Sin embargo, desde el comienzo de la campaña electoral siempre se les ha intentado encasillar en un punto o en el otro. ¿Tienen una ideología?

Antes, durante y después. Yo he dicho por activa y por pasiva en las últimas semanas que somos transversales. No vamos a apoyar un Ejecutivo en Castilla y León formado por el PP y Vox. Y parece que no se acaba de asumir del todo, pero es que apoyar a Vox significa anular nuestra capacidad de influir: ese partido nos sacaría de la ecuación política en Castilla y León. Desde el inicio de la campaña, Vox nos ha ignorado y luego nos ha insultado. Somos antagónicos: Vox lleva muchos puntos en su programa que son contra la España vaciada, empezando por el hecho de que está en contra de la fiscalidad diferenciada, que es una de las pocas soluciones para nuestros territorios [con el objetivo de atraer talento a las provincias despobladas, Soria ¡Ya! propone aplicar deducciones en el IRPF por residencia en provincias muy despobladas, así como en el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales a la hora de comprar una vivienda por debajo de los 190.000 euros en municipios despoblados; además, propone también exigir aplicar de inmediato la bonificación del 20% de los costes laborales de los autónomos o las empresas de menos de 250 trabajadores que tengan su sede en Soria, Teruel o Cuenca]. Y más allá de eso: Vox quiere acabar con la ley de igualdad de género en Castilla y León, una ley que fue casi histórica porque fue aprobada por 78 de 81 procuradores. Que ahora venga alguien con 13 procuradores a intentar acabar con ella creo que es despreciar el trabajo del resto y, sobre todo, la voluntad popular. Aún así, todavía se sigue insistiendo en que sí tenemos una ideología y apoyaremos cualquier pacto.

Lo cierto es que, si bien los escaños en las Cortes de Castilla y León no podrían estar más reñidos, en los últimos días el foco mediático se ha desviado completamente hacia el conflicto interno del Partido Popular generado entre Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso. ¿Están los ciudadanos demasiado expuestos a esa ruidosa turbopolítica que no deja descansar?

Estamos expuestos a muchísimo ruido político, pero sobre el Partido Popular yo hago una lectura diferente: yo vivo en una provincia despoblada que ha obtenido una buena representación en el parlamento regional y ahora, sin embargo, estamos completamente expuestos a que la decisión sobre el futuro de la gobernabilidad de Castilla y León quede condicionada por estas luchas internas. Me preocupa bastante que pueda influir en el resultado final de las Cortes. Resolver la gobernabilidad de Castilla y León tiene que ser un tema fundamental, pero el PP está ahora inmerso en una situación compleja. No sabemos bien por dónde acabará saliendo. Yo me reúno presencialmente este sábado 26 de febrero con Fernández Mañueco y no sé qué es lo que me voy a encontrar. 

¿Cómo afrontan ese encuentro?

Nosotros vamos con un talante positivo, pero es la primera vez que lo voy a ver en persona. Hasta el momento solo había hablado con él en una ocasión, y por teléfono. Sin embargo, Soria Ya se está reuniendo con los partidos políticos con luz y taquígrafos.

«Resolver el drama de la despoblación no solo beneficiaría a la España vaciada, también a las grandes ciudades»

La realidad es que vivimos en un país descompensado. Como ya advirtió Francesc Boya, secretario general de Reto Demográfico: tenemos a 41 millones de personas viviendo en el 30% del territorio y a seis millones en el 70%. Los expertos apuntan a que eso es insostenible desde todos los ámbitos, tanto el medioambiental como el puramente económico: si en las zonas rurales solo se concentran las personas mayores, las pensiones y las prejubilaciones (el sustento de muchos pueblos) acabarán por desaparecer. ¿Qué hacemos ante esta realidad? 

Para afrontar lo que viene hemos propuesto un Pacto de Estado contra la despoblación que sea capaz de independizarse de la política porque, si queremos solucionar un problema tan complejo como la despoblación en España, necesitamos obligatoriamente políticas integrales y, sobre todo, a largo plazo. Habría que hacer algo como el Pacto de Toledo de las pensiones [se creó en 1995 con la función de velar por la sostenibilidad del sistema de pensiones español y proponer medidas para garantizar la viabilidad del sistema público de pensiones a largo plazo]. Es decir, sacar la despoblación de la discusión política y asumirlo como un reto de nación, un reto de una construcción equilibrada de la nación. Es la única forma de abordar los serios problemas que afrontamos. Hacerlo no solo beneficiaría a las provincias despobladas, sino también a las grandes ciudades como Madrid o Barcelona. Este problema no ocurre con tanta gravedad en ningún país europeo. Es esencial que tengamos un territorio equilibrado. ¿Cómo puede ser posible que el País Vasco, que mide 7.234 km2, tenga 2,1 millones de habitantes mientras que la provincia de Soria, que mide 10.306 km2, solo tiene 89.500?

¿De qué manera podría ser positivo para el entorno urbano un Pacto de Estado contra la despoblación?

La pandemia ya nos ha demostrado que el territorio es una oportunidad. Los problemas de vivienda y transporte que afrontan continuamente Madrid, Barcelona o Bilbao son un síntoma de esta falta de cohesión territorial. Todo se concentra allí e influye en los precios. No tiene sentido que una pareja joven no pueda permitirse acceder a un alquiler y que la única forma de hacerlo sea haciendo una hora y media de ida y vuelta al trabajo todos los días. Mientras tanto, las provincias aledañas se vacían porque allí se concentran los recursos económicos. El 70% del territorio español se enfrenta a este problema que ya no solo se siente en los pueblos, también en las capitales de provincia: de ciudades como Soria o Zamora también se está yendo muchísima población. Estamos construyendo un país que no le viene bien a nadie, y eso que el análisis lleva encima de la mesa desde el siglo pasado. El problema, repito, es que no se ha abordado con políticas a largo plazo.

Eso recuerda a aquellas declaraciones de Ximo Puig, presidente de la Generalitat Valenciana, cuando dijo que «Madrid es una aspiradora de recursos».

Es que lo es. De recursos y de talento. Te pongo un ejemplo. En Soria, una de las cosas que mejor funcionan es la educación: la provincia tiene una de las mejores tasas de graduación de la ESO. Y eso es gracias al sistema educativo provincial y, sobre todo, gracias a las familias que invierten todos sus recursos en que sus hijos tengan una educación de calidad. Pero ¿para qué? Eso luego no se revierte en la provincia porque los jóvenes se ven obligados a irse a trabajar a Bilbao o a Madrid. Se forman ingenieros en Soria y luego Soria no encuentra trabajadores en su territorio. 

Desde Soria ¡Ya! han exigido una ley contra la despoblación en Castilla y León. ¿En qué consistiría?

En primer lugar, tendría que definirse el concepto de «territorio despoblado» por niveles y por grados de gravedad según los criterios utilizados por la Unión Europea. Después, habría que dejarlos claramente registrados para ver la fotografía general y, a partir de ahí, articular las políticas públicas que decidan qué tipos de privilegios tendrían esos territorios a fin de mejorar su fiscalidad o repartir los fondos económicos. Con esa base, todas las políticas públicas deberían orientarse entonces en torno a la despoblación. Por ejemplo, igual que una línea de subvenciones puede hacer un estudio de género, también puede aplicar un estudio de incidencia en territorios despoblados. Es fundamental, desde el ámbito fiscal hasta el de vivienda o el industrial. O se aborda así, o no hay manera. Por suerte, esta idea está calando en la sociedad de los territorios despoblados y de las grandes ciudades. Esto lo definió muy bien Tomás Guitarte [diputado nacional por Teruel Existe] cuando dijo que «para estar en contra del hambre no hay que pasar hambre».

¿Cómo calificaría entonces el avance de las acciones tomadas por los diversos Gobiernos nacionales para minimizar el impacto de la población? ¿Qué ha fallado? 

Ha fallado la comunicación. Desde luego, estas leyes no pueden hacerse desde un despacho en el Paseo de la Castellana o en el Colegio de la Asunción de Valladolid [sede de la Junta de Castilla y León]. Hay que preguntar a la gente del territorio, y eso no se ha hecho. El despotismo ilustrado sigue vigente en España. Sigue gobernándose por el pueblo pero sin el pueblo, y esos planes no funcionan.

Precisamente hace unos días, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, avanzó que en primavera iniciaría un nuevo proyecto de «escucha activa» para impulsar un «nuevo proyecto de país amplio, novedoso y democrático». Contempla viajar por toda España durante seis meses para, tal como ella dijo, «reducir la brecha entre los ciudadanos y la política».

Eso es lo que nosotros llevamos haciendo estos últimos 20 años y, sobre todo, lo que hemos hecho durante la campaña. Nos hemos recorrido más de 4.000 kilómetros no dando mítines, sino yendo a los pueblos y hablando con la gente en la calle. Íbamos a recoger las necesidades. Y si vas de buena fe, los habitantes de la España vaciada no tienen ningún problema en contarte cómo se sienten. No hay que anunciarlo en la prensa; hay que coger el coche e ir. No tengo mucho conocimiento del proyecto de la ministra, pero si viene a Soria me acercaré a ver cómo hace esa escucha.

«Ya no es solo cosa de los pueblos; en capitales como Soria o Zamora también se está perdiendo muchísima población»

Volviendo a su programa, su propuesta de modernizar el sistema sanitario soriano va más allá de la digitalización: buscan crear una unidad de dolor, ampliar las plazas MIR y evitar el polémico cierre del Hospital Virgen del Mirón para convertirlo en un centro médico que sea referente en la comunidad para las lesiones medulares. ¿De dónde salen estas ideas?

De las reivindicaciones que hemos tenido estos últimos años. La sanidad es lo que más preocupa a la ciudadanía porque es muy deficiente. Nos faltan profesionales porque lo que se les ofrece es mucho peor en las provincias que en las comunidades autónomas vecinas, que pagan entre 600 y 1.000 euros netos al mes más que nosotros. Eso se nota, y creemos que modernizando el sistema podemos atraer a más profesionales.  

El medio rural, sin embargo, tiene bastante protagonismo gracias a las energías renovables y la instalación de plantas eólicas en distintos puntos estratégicos del entorno rural. ¿Pueden las energías renovables revertir la brecha económica de los pueblos o corremos el riesgo de convertirlos en grandes superficies eólicas? 

Es que da la sensación de que la España vaciada está vaciada a propósito para ponernos lo que no quiere nadie. No digo que no tenga que haber plantas de energías renovables en Soria u otras provincias, pero lo más interesante de las energías renovables es que se constituyeran en pequeñas comunidades de consumo. No tiene sentido que en Soria se produzca lo que luego se va a transportar a Cádiz para mantener las industrias de allí. Las energías renovables en el entorno rural son grandes inversiones necesarias, pero deben estudiarse desde un marco racional. Por ejemplo, en Soria tenemos una producción infinitamente superior a la que consumimos. Y eso no revierte a la provincia. Si por lo menos las industrias de aerogeneradores estuviesen aquí, sería algo distinto.

¿Cuál es entonces el futuro de la España vacía?

Ahora mismo, centrándome en Castilla y León desde el enfoque más optimista, que el PP forme Gobierno en minoría (siempre que algún grupo se abstuviera) y que, a cambio del cumplimiento de nuestro programa y un compromiso firme, pudiéramos estar ahí apoyando la investidura. De todas maneras, llegue el pacto que llegue, cualquiera será débil y habrá mucho trabajo parlamentario por hacer.

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