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«En sostenibilidad no te puedes quedar quieto»

Ramón Pueyo, socio responsable de Sostenibilidad y Buen Gobierno de KPMG en España, entiende que la transformación sostenible de las empresas no es solo un requisito para entrar en la «economía del futuro», sino que puede convertirse en una oportunidad de crecimiento.

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Ramón Pueyo y sostenibilidad

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Hace años, que una big four asesorara a sus clientes en materia de cambio climático o desafíos medioambientales habría resultado inimaginable. Pero el mundo está cambiado muy deprisa y, claramente, lo hace en clave de sostenibilidad. Ramón Pueyo (Zaragoza, 1973), socio responsable de Sostenibilidad y Buen Gobierno de KPMG en España, entiende que la transformación sostenible de las empresas no es solo un requisito para entrar en la «economía del futuro», sino que puede convertirse en una oportunidad de crecimiento. Con una visión estratégica situada sobre las pulsiones globales hacia la construcción de negocios más responsables, Pueyo se siente afortunado de poder volcar todo su conocimiento y experiencia y la capacidad de influencia de la firma para ayudar a las compañías a recorrer esa senda sostenible.

¿Qué es la sostenibilidad para KPMG?

En KPMG acuñamos en su día el concepto de «transformación sostenible», porque entendemos la sostenibilidad como un proceso que tiene que ver con una serie de cambios en las compañías producto de las nuevas exigencias sociales y económicas. Cambios en los modelos de negocio (lo que hacen), en los modelos de gobierno (cómo se administran) y en los modelos de gestión (cómo se conducen en relación a cuestiones sociales, ambientales o éticas). Se trata de transformaciones graduales que no siempre se aprecian a simple vista porque son lentas, pero que, si se mira con atención, están muy presentes.

¿Se puede ayudar a luchar contra el cambio climático desde una empresa de consultoría?

Como firma de servicios profesionales, nuestro trabajo consiste en ayudar a las compañías a interpretar qué es lo que está sucediendo a su alrededor y dar respuesta a esos cambios.  En el terreno de la sostenibilidad, tenemos la misión de convencer a nuestros clientes de por qué es vital que sean más agresivos en sus compromisos de neutralidad climática y descarbonización y, además, de ayudarles a recorrer esa transición ecológica mediante políticas y planes de actuación concretos.

«La sostenibilidad tiene mucho que ver con la sensibilidad social, y las preocupaciones y expectativas de los grupos de interés acerca de lo que es importante cambian con rapidez»

¿Qué hace falta para que las empresas impriman ese viraje sostenible?

Para que las compañías cambien se tienen que dar lo que nosotros llamamos «las 3 Cs»: convicción, entendida como la creencia de que la sostenibilidad es el camino por el que avanza el  mundo y, por tanto, el camino por el que deben ir también las empresas; coacción, en el sentido de la regulación que existe en el mercado y que les fuerza a ir por esa vía; finalmente, la conveniencia, que hace referencia a aquellos incentivos que existen en los mercados para alentar a las empresas a hacer las cosas mejor.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son, de alguna manera, una guía de los distintos caminos que podemos seguir para ayudar al planeta. Pero es muy difícil abarcarlos todos. ¿En cuáles de ellos puede aportar más KPMG?

Me resisto a hacer ese ejercicio. Y por una razón: yo creo que los ODS, en su concepción inicial, estaban pensados para promover la intencionalidad y la adicionalidad, es decir, para que gobiernos y empresas dieran un paso al frente y reflexionaran –y actuaran en consecuencia– sobre qué más podían hacer, además de lo que ya hacían, para ayudar a la consecución de esos objetivos. Tristemente, en muchas ocasiones las empresas se han limitado a declarar a qué ODS concretos ya están contribuyendo en un escenario de business as usual [negocios de forma tradicional], pero sin ninguna intención de aportar nada nuevo. En KPMG creemos que debemos ir un paso más allá.

Entonces, en materia de RSC, ¿eres más partidario de aventurarse a explorar los límites que de ajustarse a lo que ya sabes que puedes hacer bien? 

La sostenibilidad tiene mucho que ver con la sensibilidad social, y las preocupaciones y expectativas de los grupos de interés acerca de lo que es importante cambian con relativa rapidez. Así que una de las de las recomendaciones es: no te quedes parado. Nunca conviene conformarse con lo que uno está haciendo. Es fundamental tener las antenas permanentemente desplegadas para entender qué es lo que está sucediendo afuera y qué es lo que la sociedad espera de ti.

¿En qué punto se encuentra la información empresarial acerca de sostenibilidad? 

La información empresarial no financiera ha mejorado mucho en los últimos años. Yo tuve la suerte de participar en el Consejo Asesor del Global Reporting Initiative, el primer estándar en esta materia, a finales de la década de 1990. Y la evolución ha sido muy significativa: en solo dos décadas hemos pasado de un contexto en el que eran muy escasas las compañías que publicaban información sobre estos temas a tener leyes que les obligan a hacer esta información pública. Es cierto que todavía queda mucho camino por recorrer. Por ejemplo, a la hora de garantizar que esa información recoja todos los aspectos relevantes de las actuaciones de las empresas y no solo aquellos en los que salen más favorecidas pero, en general, la mejora ha sido enorme tanto en cantidad como en calidad. Hay que tener en cuenta que, mientras que los sistemas de información financiera llevan décadas funcionando, la información no financiera es relativamente nueva y, como todo lo nuevo, imperfecta. Pero estoy convencido de que, de manera natural, seguirá robusteciéndose y perfeccionándose con el tiempo.

«En materia de ODS, las empresas tienen que dar un paso al frente y determinar qué más pueden hacer, además de lo que ya hacen, para ayudar a su consecución»

Hablando de información no financiera y eslóganes sostenibles, ¿es el ‘greenwashing’ un problema real? ¿Cómo separar el grano de la paja en este terreno?

Una reciente encuesta de la Comisión Europea ponía de manifiesto que los europeos tienden a desconfiar de determinados «eslóganes sostenibles» de las empresas. Es evidente que en un entorno en el que tanto la opinión pública como los mercados premian a aquellas compañías que lo hacen mejor en materia de sostenibilidad, puede existir la tentación en algunas de ellas de exagerar sus argumentos en esta campo. Afortunadamente, es una práctica que se ve cada vez menos y que, por otra parte, es tremendamente desaconsejable y contraproducente. Porque si la comunicación de una compañía no viene sustentada por un desempeño coherente y una cierta autenticidad, acaba afectando a su reputación.

¿Qué papel juegan los criterios ESG en la gobernanza de las empresas? Es decir, aquellos criterios ambientales, sociales y de buen gobierno.

Muy claramente, el cambio fundamental que se observa entre los consejeros de las grandes empresas en los últimos años es la creciente importancia que le otorgan al papel del consejo de administración en relación a los factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo. No hay que olvidar que una de las funciones claves del consejo consiste en guiar, supervisar y orientar la estrategia de la compañía. Y tanto si se entiende la sostenibilidad como un riesgo –de reputación, de no ajustarse a la regulación vigente, de marca de empleador, etc.–, como si se contempla como una oportunidad de transformación, el consejo de administración desempeña un papel absolutamente crucial. Porque si el órgano se gobierno de la empresa no mira hacia el largo plazo, ¿quién lo va a hacer?

Los Fondos Europeos se presentan como una oportunidad estratégica para transformar la economía en una más verde y hacer los modelos de negocio de las empresas más sostenibles. ¿Cuál es el camino a seguir para aprovechar verdaderamente el paquete de ayudas de la UE?

Los fondos europeos suponen, efectivamente, una oportunidad de primer orden para las compañías, pero siempre que se gestionen bien. En este terreno soy partidario de no abordar la cuestión tácticamente, sino de hacerlo estratégicamente. Es decir, habría que empezar por entender muy bien qué clase de impacto va a suponer la sostenibilidad en los modelos de negocio y las cadenas de valor de las compañías para después, y solo después, identificar aquellos proyectos estratégicos que puede desarrollar una empresa para ocupar una posición mejor en ese mundo más sostenible.

¿Cómo ayuda un responsable de sostenibilidad a que esta se integre en el día a día de una empresa?

Yo diría que alumbrando el camino. El responsable de sostenibilidad es esa persona que va por delante con la linterna iluminando aquellas áreas a las que la compañía tiene que atender en esta materia. Y asegurándose de que la organización las incorpora, somatiza y convierte en planes, iniciativas, políticas e indicadores reales y concretos.

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