Opinión

Un exprimidor en Silicon Valley, o la lección de sobriedad de Dieter Rams

El diseñador Dieter Rams es el autor de algunos de esos productos que han estado presentes en la vida moderna –un exprimidor de zumo, un secador, una butaca reclinable– casi de forma anónima. Inspiración estética de Steve Jobs, Rams representa el vivo alegato a la sobriedad de nuestras formas de consumo.

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05
Ago
2021

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Responder a la pregunta de quién es Dieter Rams (Alemania, 1932) no es sencillo. Podría decirse que es un arquitecto con alma de ebanista (aunque solo haya construido una casa, la misma donde vive desde hace más de 60 años), pero también que es el creador de más de 1.800 objetos, varios de los cuales han cambiado la historia del diseño industrial. Se podría definir como un visionario al que han imitado posteriormente genios de la talla de Steve Jobs o Jonathan Ive; y también como un intelectual que (queriéndolo o no) ha traspasado las fronteras del diseño para convertirse en un filósofo de nuestros tiempos.

Puede que usted nunca haya oído hablar de Dieter Rams, pero seguro que conoce gran parte de sus diseños y de su legado. Vive obsesionado con la elegancia de las formas –pero a la vez supeditándolas a la función–, defensor de que la sobriedad facilita nuestro bienestar y firme convencido de que «una cosa solo puede ser bella si está bien hecha». Rams también es uno de los diseñadores pioneros en hablar de sostenibilidad, y ya en los años setenta advertía de la deriva hiperconsumista a la que se dirigía el ser humano. «Las generaciones futuras se estremecerán ante la falta de reflexión en la forma en que hoy llenamos nuestros hogares, ciudades y paisajes con un caos de basura desordenada», criticaba por entonces, defendiendo el fin de la era del despilfarro.

«La ética se pone de manifiesto en los pequeños gestos de nuestra vida diaria, en los objetos que nos rodean»

Comenzó su carrera en la Alemania de postguerra, uniéndose desde sus inicios como arquitecto a la corriente estética de la Gute Form (la buena forma o el buen diseño) que se desarrollaba en la escuela de Ulm y que quería retomar para actualizar la herencia de la Bauhaus. Una filosofía que defendía la importancia de nuestro entorno y de cómo los objetos que usamos de forma cotidiana pueden influir en nosotros mismos y mejorar nuestras vidas, haciéndolas más armónicas.

La idea la llevó a sus extremos mediante colaboraciones con empresas como Braun, Gillette o Vitsœ, creando iconos atemporales del diseño: maquinillas de afeitar, relojes, exprimidores, equipos de sonido, sillones, estanterías… Siempre con una visión filosófica de su trabajo, yendo un paso más allá, y entendiendo que nuestro entorno y los objetos que nos rodean cada día tienen una gran importancia en nuestras vidas.

No es casualidad que Rams abomine del consumismo desmedido en nuestra sociedad de usar y tirar, ya que muchas de sus creaciones perduran en el tiempo más de cincuenta años después de que las diseñara. Para sintetizar sus ideas, elaboró sus famosos «10 principios del buen diseño», todavía actuales y capaces de servirnos de guía para muchos aspectos de nuestra vida diaria si miramos más allá:

1. El buen diseño es innovador: «Las posibilidades para la innovación no están, de ninguna manera, agotadas. El desarrollo tecnológico siempre ofrece nuevas oportunidades para el diseño innovador. Pero el diseño innovador siempre debe desarrollarse junto con la tecnología innovadora, y nunca debe ser un fin en sí mismo».

2. El buen diseño hace a un producto útil: «Un producto se compra para ser usado. Debe satisfacer ciertos criterios, no solo funcionales, sino también psicológicos y estéticos. El buen diseño enfatiza la utilidad de un producto al tiempo que descarta cualquier cosa que pueda desvirtuarlo».

3. El buen diseño es estético: «La calidad estética de un producto es parte integral de su utilidad porque los objetos que utilizamos a diario influyen sobre nuestras vidas y nuestro bienestar. Pero solo los objetos bien hechos pueden ser hermosos».

4. El buen diseño hace a un producto comprensible: «Simplifica la estructura del producto. Mejor aún, puede hacer hablar al producto. En el mejor de los casos, se explica por sí mismo».

5. El buen diseño es discreto: «Los productos que cumplen un propósito son como herramientas. No son objetos decorativos ni obras de arte. Su diseño debe ser neutro y sobrio, y dejar un espacio para la autoexpresión del usuario».

6. El buen diseño es honesto: «No intenta hacer parecer a un producto más innovador, poderoso o valioso de lo que realmente es. No manipula al consumidor con promesas que no se pueden cumplir».

7. El buen diseño es duradero: «Evita estar a la moda y, por lo tanto, nunca deja de estar de moda. De hecho, dura muchos más años, incluso en la sociedad de usar y tirar de hoy en día».

8. El buen diseño es minucioso hasta el último detalle: «Nada debe ser arbitrario. El cuidado y la precisión en el proceso de diseño demuestran respeto hacia el usuario».

9. El buen diseño respeta el medio ambiente: «Conserva los recursos y minimiza la contaminación física y visual a lo largo del ciclo de vida del producto».

10. El buen diseño es diseño en su mínima expresión: «Menos, pero mejor; porque se concentra en los aspectos esenciales. Los productos no están cargados de elementos superfluos. De vuelta a la pureza, de vuelta a la sencillez».

Estos diez principios se resumen en su famoso lema «weniger, aber besser» («menos, pero mejor», en alemán). Y es que para Rams la sencillez es la máxima sofisticación, y la simplicidad, clave de la excelencia.

Como ejemplo de la filosofía de Dieter Rams podemos detenernos en una de sus creaciones más emblemáticas: el mítico exprimidor Citromatic creado en 1972 para Braun. Cuando lo diseña no se plantea un producto de usar y tirar, sino que crea un objeto con el quiere mejorar la calidad de vida de sus consumidores; un objeto sencillo, que aprovecha los avances tecnológicos para resolver un reto como facilitar el acceso a un zumo de frutas. Además, consigue hacerlo elegante, armonioso, fácilmente integrable en el entorno, sencillo de usar, barato, y que perdura en el tiempo.

«El diseño de Rams crea objetos para mejorar la calidad de vida de las personas, sencillos de usar, capaces de perdurar en el tiempo

Frente a esa aproximación tenemos el segundo exprimidor más conocido en el mundo del diseño, el Juicy Salif, creado por Phillipe Starck en 1990. En este caso, un objeto que parece un calamar extraterrestre de metal fundido con patas de 30 centímetros y que recuerda más a una escultura que a un electrodoméstico. En sus ediciones limitadas llega a costar 1.000 euros. Así, dejando a un lado su aspecto estético (y económico) tiene un pequeño inconveniente: es prácticamente imposible hacer un zumo con él. Lo decía el mismo:«Mi exprimidor no está pensado para exprimir limones, sino para iniciar conversaciones».

Finalmente, en el proceloso mundo de los exprimidores, tenemos una tercera vía: El Juicero, diseñado en 2016 por el autodenominado ‘Steve Jobs de los zumos’ y ‘gurú de la vida saludable’, Doug Evans. Este se presenta como una revolución en el mundo de la nutrición. Una mezcla de Nespresso y Apple a precio de 700 dólares que dispone de conexión wifi para monitorizar el producto y se vincula a un servicio de cápsulas premium de zumo de 7 dólares cada una. El exprimidor, claro, se convirtió en el favorito de Silicon Valley, donde llegó a recaudar 120 millones de dólares para impulsar su producción. El único pequeño inconveniente del Juicero es que resultó ser una absoluta estafa. En un video de un minuto, se podía comprobar que el efecto era exactamente el mismo que el de exprimir las cápsulas de zumo con las manos… En un minuto, todo el mundo se dio cuenta de que el emperador estaba desnudo, y Juicero fue a la quiebra absoluta, dejando un relato demoledor de la propia estupidez del ser humano.

De todo ello podemos sacar una conclusión. Valores absolutos como la ética, la honestidad, la belleza, la armonía, la elegancia e incluso la empatía se ponen de manifiesto en los pequeños gestos de nuestra vida diaria, en la forma en la que nos relacionamos con nuestro entorno, con las personas, e incluso, con los objetos que nos rodean. Y en detalles tan pequeños como diseñar un humilde exprimidor.


Pedro Vázquez es director técnico de la Fundación Doña María (Sevilla).

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