Energía

Reindustrialización verde, una cuestión de ‘timing’

El nuevo paquete propuesto por la Comisión Europea para reducir en un 55% la huella de carbono antes de 2030 necesita una conjugación completa para evitar que estas medidas –aunque acertadas– encarezcan el precio de la electricidad y el gas que surte tanto a empresas como a hogares.

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23
Jul
2021
Fit for 55

La coincidencia entre instituciones, empresas y población sobre la necesidad de luchar contra el cambio climático es ya tan mayoritaria que las medidas para tender hacia la neutralidad climática se perciben (a veces) inevitables, provocando que perdamos la referencia de que también entrañan costes de oportunidad. En las últimas semanas, la Comisión Europea ha presentado un paquete normativo que fija como objetivo reducir en un 55% la huella de carbono en la demarcación para 2030. No obstante, en paralelo, muchos expertos supeditan la recuperación pospandemia a la reindustrialización de países como España sin reparar en que, aunque esos dos objetivos son absolutamente acertados, necesitan una conjugación completa para que ambos puedan avanzar sin solaparse.

Bautizada como Fit for 55, la propuesta de la nueva normativa europea en materia de emisiones apuesta, por ejemplo, por revisar el mercado del CO2 en un sentido que podría encarecer el precio del combustible y el gas del que se abastecen empresas y hogares. Otra de sus novedades consiste en que si, hasta ahora, solo las empresas de los sectores industrial y del transporte aéreo podían acudir al mercado para comprar nuevos derechos de emisión cuando superaban sus umbrales asignados; en adelante tendrán que hacerlo también los de la producción de combustibles fósiles o de gas, haciendo esos mercados más competitivos (y caros).

La ‘Fit 55’ propone revisar el mercado del CO2 en un sentido que podría encarecer el precio del combustible y del gas

Pero ya antes de la entrada en vigor de este nuevo paquete el mercado del CO2 venía mostrando desde 2018 signos de volatibilidad acelerados. Alcanzando en mayo su precio máximo histórico –nada menos que 56,9 euros por tonelada–, ha supuesto que hayamos alcanzado ya precios de emisiones previstos para 2030. Y su escalada no tiene, además, visos de aminorar. En junio, tras la brutal escalada de precio del gas, el mercado de la electricidad alcanzó su máximo histórico: superando en un 17% el anterior registro.

Conciliar esta subida de precios de los derechos de emisiones con el impulso a la actividad industrial –favorecida por la pandemia, ya que ha fijado en el imaginario colectivo la necesidad de una industria de mayor proximidad que genere empleos de calidad para la recuperación– parece, a priori, una misión imposible. Esto vuelve inaplazable la conjugación de la descarbonización y del crecimiento económico sin que este último no se vea lastrado, por ejemplo, por ese rally de precios del CO2 o por la desincronización de la generalización de las energías renovables en determinados países.

En el caso concreto de la industria, debemos tener en cuenta dos riesgos fundamentales: cómo impactan en su productividad los precios (megavatio-hora) de entre 80 y 100 euros en un contexto de globalización como este, donde competimos con mercados que pagan muchísimo menos al no tener que asumir el coste de las emisiones de CO2; y qué pasará si la escalada de precios de las emisiones las pone solo al alcance de los continentes más ricos, lo cual nos conduciría a una ‘fuga de carbono’ con graves consecuencias para nuestro tejido productivo.

Las empresas industriales deben tomar decisiones a título individual con las que navegar a través de estas turbulencias

En respuesta a esos retos, a nivel supranacional deben establecerse mecanismos de control que limiten el papel de los inversores financieros en los mercados de compraventa de derechos de emisión, en los que hoy algunas fuentes apuntan a que tienen una participación de entre el 50 y el 60%. Pero también las empresas industriales deben tomar decisiones a título individual con las que navegar a través de estas turbulencias. De forma destacada, una estrategia correcta de compra de energía –un área a menudo descuidada o no aflorada por muchas organizaciones y que, en cambio, puede ayudarlas a alcanzar ahorros en su coste base de energía de hasta el 150%–.

La lucha contra el cambio climático es inaplazable, pero eso no significa que vaya a salirnos gratis. Desde la determinación de dejar un mejor planeta a las generaciones venideras, instituciones, empresas e individuos, debemos calcular los costes hasta de las medidas acogidas con mayor entusiasmo y quórum. En algunos casos, incluso desplegarlas a ritmos que no coarten ni la recuperación económica (imprescindible tras la pandemia), ni nuestra competitividad frente a mercados que otorgan una menor observancia a su sostenibilidad. Nuestro futuro también pasa por esto.


Javier Díaz Carmona es responsable del área de consultoría de Energía de la consultora Ayming.

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