Innovación

Un ‘whatsapp’ desde el más allá

A principios de 2021, Microsoft decidió enterrar el proyecto de un ‘chatbot’ que simulaba conversaciones con familiares fallecidos al reconocer que esta tecnología, aunque posible, llegaba a resultar «perturbadora». ¿Hasta dónde puede llevarnos la inteligencia artificial en el duelo?

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12
Abr
2021
Imagen promocional del capítulo de Black Mirror ‘Be Right Back’. Fuente: Netflix

Almacenar publicaciones en redes, vídeos, fotografías, grabaciones de voz y correos electrónicos de una persona para luego ser capaces, con la ayuda de la inteligencia artificial (IA), de recrear una conversación con ella tras su fallecimiento. Ese es el argumento del capítulo de Black Mirror, emitido en 2013, que siempre se acaba citando cada vez que se debate la posibilidad de resucitar, al menos digitalmente, al ser humano. Sobre todo si la imaginamos combinada con la tecnología deep-fake que ha permitido, por ejemplo, que Lola Flores anuncie una marca de cerveza años después de muerta.

Hay muchas reticencias al respecto, incluso entre las grandes corporaciones. A principios de este año, Microsoft decidió enterrar el proyecto de un chatbot que simulaba conversaciones con familiares fallecidos al reconocer en la cadena de televisión CNN que esta tecnología, aunque posible, llegaba a resultar «perturbadora». Una declaración que ha bastado para resucitar el debate sobre las implicaciones éticas de una tecnología que otras empresas ya llevan intentando desarrollar desde hace varios años.

El investigador Hossein Rahnama, quien se encuentra actualmente trabajando con los llamados griefbots –’robots de duelo’, en inglés–, sostiene que para ser capaces de desarrollarlos es necesario almacenar los datos digitales de toda la vida del protagonista, nada menos que un billón de gigabytes: con ese archivo se podría crear una versión digital del fallecido en cuestión, capaz de reproducir la forma de hablar y los rasgos físicos, incluso imitar bromas u opiniones personales. Así, el experto calcula que los millennials podrían contar con esta tecnología para el año 2070 viendo, ya centenarios, como todos sus correos, whatsapps, stories o tweets tienen el potencial de transformarse en una IA capaz de reproducir sus personalidades.

Para desarrollar los ‘griefbots’ hacen falta un billón de gygabites de información digital del fallecido

Un ingeniero informático llamado Yordan Kraus ya afirmó haberlo conseguido hace cuatro años. Su declaración fue puesta en duda por la prensa de su país y algunos inversores, pero él afirmaba haber trabajado con más de una veintena de psicólogos para desarrollar el software por su cuenta. Kraus, además de trabajar en el ámbito de la informática, también era montañista, y su idea surgió a raíz de este deporte de riesgo: quería que su hija pudiese despedirse adecuadamente de él en caso de que un día no volviera a casa tras una expedición.

La línea de Kraus va encaminada en la idea principal en la que se basan los griefbots, la de servir de aplicación para sobrellevar el duelo con una buena salud mental a través de la IA. En ello ya están trabajando los investigadores de la Universidad de Ryerson (Canadá) en colaboración con MIT Media Lab, ahondando también en la fiabilidad y capacidad para reproducir la huella digital. Por otro lado, la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y la Universidad de Aalborg (Dinamarca) se encuentran actualmente desarrollando una investigación conjunta, financiada por una beca de la Fundación Víctor Grífols i Lucas, sobre el debate bioético de las herramientas tecnológicas que trabajan con el legado digital y el duelo.

Una experiencia directa y en vivo fue la de la ingeniera informática, Eugenia Kuyda, cofundadora de la empresa de inteligencia artificial Luka, que creó la firma Replika, especializada en chatbots. En 2015, lanzó el llamado Romanbot, un programa que le permitía interactuar con su amigo fallecido, Roman Mazurenko. Para conseguirlo, Kuyda recopiló todos sus mensajes de forma que el programa consiguiera imitarlo casi a la perfección.

Sin embargo, aunque ayudase a su creadora a pasar el duelo, el resultado no fue beneficioso para todos: muchos de los familiares y conocidos de Mazurenko lo describieron como una experiencia estresante y deprimente, además de sentir que la personalidad del fallecido no estaba completamente reflejada.

Con sus imperfecciones, el futuro de las que algunos ya llaman «ouijas virtuales» será más tangible en los próximos años y, como ocurre con otras tantas nuevas tecnologías desarrolladas con la IA en nuestro tiempo, la clave de chatear con la parca no estará tanto en su posibilidad técnica como en las aplicaciones éticas y la habilidad para afrontarlas.

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