Opinión

Algo personal (o la crisis de la mediana edad)

Este número 40 de Ethic coincide con mi 40 cumpleaños. No creo en las coincidencias cósmicas, así que lo único que puedo decir es: «Joder, 40 tacos ya».

Artículo

Pablo Blázquez

Ilustración

Carla Lucena
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06
May
2019
Ethic

Hola a todos. ¿Cómo estáis? ¿Os trata bien la vida? ¿Son más las caricias que las magulladuras? Espero que sí. Os voy a contar una cosa personal (no puedo evitar contaros casi siempre algo personal, tengo que hablarlo con mi psicoanalista): este número 40 de Ethic coincide con mi 40 cumpleaños. No creo en las coincidencias cósmicas, así que lo único que puedo decir es: «Joder, 40 tacos ya». Recuerdo ahora cuando en el colegio leíamos a Shakespeare y la profesora, que me tenía merecida manía porque yo era un auténtico pieza, reflexionaba sobre su obra y la fugacidad del tiempo. Con las lecturas shakesperianas, también reflexionábamos –bueno, sobre todo ella, seamos sinceros– sobre el poder igualatorio de la muerte. En realidad, Shakespeare pensaba en la igualdad, que es uno de los grandes temas universales (la dicotomía del amo y el esclavo), pero vivía y escribía desde su circunstancia: la de alguien cuyos días transcurrieron entre los siglos XVI y XVII. Con los años y, sobre todo, con la inmensa revolución que supuso la Ilustración, fuimos cayendo en la cuenta de que sería mucho más constructivo pensar en el poder igualatorio de la vida. La dignidad de cada una de las personas que nace y habita este planeta, sea cual sea su origen, su raza o su credo. Esa dignidad es el cimiento natural desde el que tratamos de edificar la igualdad, que ya sabemos que puede derivar en un sabotaje de consecuencias desastrosas cuando apuñala a su hermana carnal, la libertad.

«¿Quién no necesita munición para hacer frente a la crisis de la mediana edad mientras la barba se torna blanca pero no sabia?»

Como habréis visto, en este nuevo número de Ethic, llevamos en portada un tema escurridizo, atrevido y complejo: la búsqueda de la felicidad. Sospecho ahora que mi subconsciente actuó a la hora de defender este reportaje como tema principal: ¿quién no necesita munición para hacer frente a la crisis de la mediana edad mientras la barba se torna blanca pero no sabia? En cualquier caso, espero que disfrutéis de este número en el que hemos trabajado a tope y por el que desfilan ministros, premios Nobel, grandes filósofos, librepensadores, periodistas, activistas… Pero, sobre todo, espero que no os salgáis –o que encontréis– ese camino por el que transitan los hombres felices.

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