Opinión

Accesibilidad, el reto del sector turístico

6 de cada 10 personas con movilidad reducida dejarán de viajar este verano por la falta de accesibilidad en los servicios e instalaciones turísticas.

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11
Jul
2017
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Cuando viajamos deseamos vivir experiencias únicas y adaptadas a nuestras necesidades. Según subraya el artículo 7 del Código Ético Mundial para el Turismo de la OMT —texto de referencia global para un desarrollo responsable y sostenible del sector—, todas las personas deben poder ejercer su derecho a disfrutar del turismo sin ningún tipo de obstáculo. Pero lo cierto es que 6 de cada 10 personas con movilidad reducida dejará de viajar este verano por falta de accesibilidad en los servicios e instalaciones turísticas, según una encuesta elaborada por la Fundación Adecco. Esto se traduce en 58,11 millones de viajeros, ya que las personas con algún tipo de discapacidad suelen viajar acompañados de familiares y amigos.

Otro dato significativo. Un 25% de las personas con movilidad reducida invierte más de 4.000 euros anuales en viajes, un porcentaje que podría incrementarse con una oferta turística más accesible. Las cifras que arroja la encuesta demuestran que este tipo de turismo cuenta con un potencial que no se está aprovechando. Esto explica que un 85% de los encuestados considere insuficiente la oferta de turismo accesible existente, pese a que, sin ir más lejos, las Comunidades Autónomas españolas cuenten con normativa específica sobre accesibilidad, pero hay vacíos que le restan valor.

«En la inmensa mayoría de actuaciones de accesibilidad fallan los detalles. Por ejemplo, en los establecimientos hoteleros, únicamente se dispone de las habitaciones accesibles que obliga la normativa, las cuales, por un tema de actitud, están ubicadas en los espacios menos atractivos: son interiores, lejanas y no se utilizan con normalidad, al haber realizado unas actuaciones de accesibilidad demasiado evidentes y especiales, y no disponer de accesibilidad desapercibida», explica Enrique Rovira-Beleta, arquitecto con discapacidad. La accesibilidad desapercibida es, en sus palabras, «la que cambia actitudes y modifica mínimamente los diseños existentes para que sean mucho más utilizables para todos, sin que nadie advierta que son accesibles».

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El turismo senior, otro gran olvidado

Esta ausencia de accesibilidad en la oferta turística también está repercutiendo negativamente al denominado turismo senior«Potenciar la accesibilidad es estratégico para nuestra economía, en un contexto en el que nuestro país está en récord de envejecimiento, con una proporción de 116 mayores de 64 años por cada 100 menores de 16. La mayor inversión en accesibilidad promueve el turismo senior y este a su vez, un descenso en los niveles de estacionalidad [los jubilados viajan fuera de temporada], que no solo supone unos ingresos extra para el sector, sino que posibilita la permanencia de puestos de trabajo, el mantenimiento de las cotizaciones salariales y el ahorro de subsidios de desempleo», explica Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco.

Barreras digitales, una tarea pendiente

La proliferación de numerosas aplicaciones también ha llegado al sector turístico, y muchas de ellas ayudan a identificar establecimientos accesibles para las personas con movilidad reducida, pero deben mejorar. «Las nuevas tecnologías han ayudado a que la información fluya, pero es necesario un control de calidad para que sea realmente verídica. Habitualmente, son los propios usuarios o trabajadores del establecimiento turístico los que valoran su accesibilidad, sin conocimientos específicos. Por ejemplo, no es lo mismo decir que se dispone de rampa de acceso cuando en realidad se trata de un ”tobogán” debido a su pronunciada pendiente», crítica Rovira-Beleta.

Además, el arquitecto pone sobre la mesa otra carencia: los motores de búsqueda. «Las páginas de buscadores de hoteles te permiten localizar establecimientos por precios, personas, ubicación, etc., pero ninguno permite buscar habitaciones por accesibilidad, lo que supone un verdadero quebradero de cabeza a la hora de viajar, porque debemos comprobar personalmente las condiciones de accesibilidad de todos los servicios, con el gasto económico y emocional extra que supone», expone el arquitecto.

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