Cultura

Adictos a los ‘likes’

Algunos estudios empiezan a dar la voz de alarma: las redes sociales son escaparates de personalidades utópicas que alejan a sus usuarios de la realidad.

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Luis Meyer
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09
Jun
2016

Scott es un tipo joven, bien parecido, con una novia guapa y un trabajo estable. Scott no es feliz. Al menos, en su vida real, porque en Facebook es la alegría de la huerta, el rey del mambo, ‘lo más de lo más’: desvirtúa su día a día para dar la imagen de lo que realmente le gustaría ser. Se muere por rascar likes (‘me gusta’), o lo que es lo mismo, que su entorno apruebe y admire a golpe de clic de ratón lo que expone en su muro. Si su vida se va al garete (lo echan del trabajo, su novia se escapa con su mejor amigo, se da a la bebida…), es lo de menos.

Esta es la situación que describe el corto What’s on your mind? del realizador noruego Shaun Higton. Llevada al extremo, pero con la que muchos se identifican. Tantos, que ha sido un fenómeno viral en internet con casi 15 millones de visualizaciones. El título, en español ¿En qué estás pensando? , es la pregunta que hace por defecto la red social cada vez que un usuario se conecta. Uno de cada cuatro miente en su respuesta, según un estudio de la consultora Consumer Reports. También concluye que muchos llevan la impostura unos cuantos pasos más allá creando un perfil falso, vida apócrifas que incluyen todo aquello a lo que aspiran pero nunca alcanzarán. Como en El mito de la caverna de Platón, pero en lugar de una hoguera y las sombras que produce, en una red social son muros de píxeles y complejos lenguajes de programación los que proyectan un mundo idealizado y separan lo real de lo irreal.

Uno de cada cuatro usuarios miente en su estado de Facebook, según un estudio de Consumer Reports

El documental Catfish expone a la perfección este fenómeno: rastrea (y destapa) la verdadera identidad de Angela, una joven estadounidense de 25 años que había creado 16 perfiles falsos en Facebook, alimentándolos durante un año e incluso provocando unos cuantos noviazgos. Uno de los que picó el anzuelo fue el realizador del documental. Ante las continuas negativas de ella (bajo el nombre de Megan) de verle o hablar por Skype, empezó a sospechar y decidió grabar sus pesquisas, hasta que dio con ella. En el documental, ella misma explica el porqué de los diferentes perfiles: «Muchas  de las personalidades que surgieron eran fragmentos de mí. Fragmentos de lo que solía ser. De lo que quise ser y nunca fui… Y la mayor parte del tiempo no sé quien soy».

Sería un error, sin embargo, circunscribir el falseo de identidades, cuando no el mero fantaseo, a las redes sociales. «En cualquier conversación en la barra de un bar con alguien a quien acabas de conocer, es habitual distorsionar un poco la realidad propia», afirma José Antonio Molina, doctor en psicología, experto en adicciones y autor entre otros del libro SOS…Tengo una adicción (Pirámide). «Normalmente, se resalta lo bueno y se oculta lo malo, o se deja en un segundo plano, para causar buena impresión. Eso existe desde mucho antes de que se inventaran las redes sociales». El especialista, con todo, advierte del riesgo de idealizar todo lo que se ve en Facebook, de tomárselo demasiado en serio. «Hay que partir de que mucho de lo que la gente pone no tiene por qué ser real al 100%.

Y saber relativizar esa información, no perder la noción de la realidad. Tengo un paciente que vino a mí porque tiene una seria adicción a los videojuegos. Los de hoy en día no son como antes: ahora crean auténticos mundos imaginarios, donde tú puedes elegir el personaje que quieras ser, y te aíslas de lo que te rodea, de lo que importa. Eso sí es un problema, porque se le está dando un mal uso. Lo mismo pasa con Facebook, aunque no creo que debamos ser alarmistas. Las redes sociales pueden ser muy prácticas si se utilizan bien».

No todos piensan así. En países como China, Argelia o Corea del Sur han abierto clínicas de desintoxicación para tratar la adicción a Facebook. «Existe un peligro en la subestimación del daño de la adicción a las redes sociales en comparación al riesgo de drogas físicas», declaró el director de la clínica argelina a la publicación Playground. «Yo sé lo que es un verdadero cuadro adictivo y creo que es una exageración hablar de Facebook en estos términos», dice Molina, «al menos, de momento».

En países como China, Argelia o Corea del Sur se han abierto clínicas de desintoxicación para tratar la adicción a Facebook

Sea como sea, la mayoría de los usuarios de una red social son permeables a lo que pasa en su muro… Y en los de los demás. Un estudio de dos universidades alemanas publicado por la agencia Reuters resalta que la fotos de las vacaciones, los éxitos laborales o, en definitiva, las «increíbles» (entiéndase en el doble sentido del adjetivo) vidas de los demás provocan estados de envidia, frustración, sensación de soledad y enfado, al «comparar lo que se ve con la propia realidad de quien lo ve».

El estudio pone las imágenes de otros usuarios de vacaciones como las que generan más resentimiento, seguido de los ‘likes’ que reciben los demás, las felicitaciones de cumpleaños o los comentarios positivos. Pero la conclusión más llamativa es que la envidia provoca que algunos usuarios suspendan su cuenta o reduzcan el tiempo que pasan en la red. Tal vez esta sea la mejor solución a la potencial adicción de la que alertan algunos. A menos que relativicen lo que están viendo y se den cuenta de que, en la mayoría de los casos, lo que muestra Facebook oculta una realidad menos rutilante. Como en el caso del pobre Scott.

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