Diversidad

¿Qué ves cuando me ves?

Es la pregunta que se hacen muchas personas con discapacidad, especialmente el 63% en edad laboral que no tiene trabajo.

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28
Feb
2016

Es la pregunta que se hacen muchas personas con discapacidad, especialmente el 63% en edad laboral que no tiene trabajo. Integralia nació para romper esas barreras mentales, pero su labor va más allá de la inserción: ofrece una experiencia de éxito a empresas, clientes y trabajadores. ¿Quién dijo que cubrir una necesidad social estaba reñido con la competitividad?

«A veces voy por la calle y un niño pequeño se queda mirándome. Soy una novedad para él. Es lógico, soy raro porque no lo ha visto nunca. Y, en su inocencia, hace algún comentario: ‘¡Mira, papá, ese hombre no tiene cuello!’ Lo que más me puede molestar es que inmediatamente después del comentario el niño se lleve un collejón o un tirón de brazo. No lo soporto. A veces me enfrento: ‘Perdone que me meta, soy padre también y eso no es forma de educar a su hijo. Si usted quiere naturalizar el tema, explíquele por qué no tengo cuello’».

Ángel Algaba contrajo poliomielitis a los siete meses de vida, pero su silla de ruedas no le ha impedido trabajar, ni casarse y tener hijos. Como en todo, hay contras. Nadie le quita su hora y media diaria de trayecto hasta la oficina y los días de lluvia llega empapado porque no puede agarrar el paraguas. Pero su espíritu no decae. «Empecé aquí como teleoperador para un servicio de cita hospitalaria y ahora dirijo un centro con 60 personas. Ninguno de mis seis hermanos tiene un puesto similar. Para mí es una satisfacción. Yo podría estar cobrando del orden de 600 euros, más 260 de orfandad, más 160 de la dependencia, que, si lo sumamos, significan 200 euros menos de lo que gano de sueldo. Mi elección es trabajar», asegura.

Ángel es director del centro de Madrid de la Fundación DKV Integralia, una entidad impulsada por la aseguradora DKV Seguros que lleva 15 años integrando a personas con discapacidad en su call center. Entre sus 342 trabajadores en plantilla también trabaja David Rivas, que nació sin brazos, por lo que se ha habituado a hacerlo todo con los pies. «Integralia ha sido el único sitio donde no percibí en la entrevista de trabajo ese rechazo de entrar por la puerta y que te miren », asegura. «A David solo tienes que bajarle el ratón y el teclado al suelo. Ya está, esa es toda la adaptación que necesita. ¿Habrá algo más barato que eso para adaptar a alguien a un puesto de trabajo?», pregunta Ángel retóricamente. «David es un ejemplo para todos, especialmente para los que tienen la mente obtusa».

«Un equipo diverso hace crecer el orgullo de pertenencia y aporta a la organización valores muy importantes. Los empleados con discapacidad de Integralia no solo realizan un trabajo excelente, con la máxima calidad, sino que su capacidad de superación es un ejemplo para el resto de empleados, que observan cómo personas con mayores dificultades de movilidad o de expresión logran alcanzar sus objetivos día a día», afirma Josep Santacreu, consejero delegado de DKV Seguros.

«Me enorgullece decir que DKV Integralia está más de tres puntos por debajo en absentismo respecto a la media del sector del call center, a pesar de que todos los empleados tienen alguna discapacidad y más del 45%, una discapacidad grave», recuerda Ángel. Concretamente, mientras en el sector se sitúa en el 10%, en Integralia baja hasta el 6%. Además, la rotación en esta industria es del 23% y en la Fundación, del 10%. La garantía de éxito también la avalan los propios clientes: el 94% está satisfecho o muy satisfecho con la atención recibida.

La guía sobre la Fundación DKV Integralia Factores críticos de éxito que el IESE Business School elaboró en 2013 ya revelaba el éxito de su modelo: «La Fundación DKV Integralia ocupa la primera posición en el ranking de compañías de asistencia sanitaria en calidad de respuesta telefónica y la sexta posición en el ranking del total de más de 70 compañías analizadas », apunta el estudio.

«Todas las empresas que sueñan tienen la capacidad de involucrar», opina Xavier Oliver, profesor del IESE. «La Fundación DKV Integralia es el vivo ejemplo de personas no solo muy comprometidas con su trabajo, sino que además se sienten parte de un proyecto». Para Oliver, una empresa con conciencia social «enseña valores humanos y hace que la gente crezca». A lo largo de sus 15 años, Integralia ha crecido hasta tener siete sedes en España (El Prat, Madrid, Denia, Jerez, Badajoz, Zaragoza y San Fernando) y haber facilitado la inserción en empresas ordinarias de 580 personas, todas ellas afectadas por discapacidades físicas graves, como lesiones medulares, paraplejias y tetraplejias; o por enfermedades degenerativas, como la esclerosis múltiple o la diabetes crónica.

Rompiendo barreras

Un esfuerzo nada desdeñable si tenemos en cuenta que el paro ha golpeado con especial virulencia a las personas con discapacidad. Según el último estudio de 2014 realizado por Odismet, observatorio de discapacidad y mercado de trabajo de la Fundación Once, a día de hoy solo una de cada cuatro personas con problemas de inserción está ocupada. A lo que se suma el hecho de que el 91% de los contratos realizados a este colectivo sean temporales (datos de 2013). Las personas con discapacidad que trabajan han tenido hasta 15 empleos diferentes antes de cumplir los cuarenta.

Según Virginia Carcedo, directora de FSC Inserta, la clave está en la educación: «Nos hace falta empezar a trabajar desde las escuelas para promover un modelo inclusivo. Tenemos que convertir las escuelas en algo que enseñe valores, no con libros, sino en la práctica del día a día: un aula diversa es un aula mejor», opina, y continúa: «Eso se transporta al ámbito laboral: un equipo diverso es un equipo más rentable». Para Carcedo es necesario combatir los estereotipos que perviven en la sociedad sobre las personas con discapacidad y «actuar entre las nuevas generaciones para prevenir las desigualdades».

«No solo se puede, sino que se debe promover un modelo inclusivo en la escuela que enseñe a los niños el valor de la diferencia», añade Santacreu. «En el documental que hemos realizado con motivo del 15 aniversario de la Fundación DKV Integralia, Yo elijo trabajar, queda plasmada la relación que los protagonistas tienen con sus hijos –nacidos ya con un padre con discapacidad o que lo han vivido a posteriori− y cómo no solo lo viven con absoluta normalidad, sino que reconocen los valores y la amplitud de miras que les ha aportado esa circunstancia».

Pero, a pesar de que en el 25% de los entornos familiares haya una persona con discapacidad, los jóvenes, en términos generales, ven el mundo de la discapacidad como algo «extremadamente lejano y desconocido, un mundo paralelo al propio», según las conclusiones del informe Percepciones de los y las jóvenes en torno a la integración social y laboral de las personas con discapacidad. Estudios como este permiten entender más fácilmente por qué la tasa de actividad de las personas con discapacidad en el mercado laboral no supera el 37%. Aunque la participación laboral está determinada por el tipo y por la intensidad de la discapacidad: por ejemplo, las personas con deficiencias auditivas son las más activas laboralmente (54,4%) y su tasa de actividad dobla a las de personas con trastorno mental, el grupo más inactivo (25,5%).

Para revertir la situación, Santacreu reconoce el importante papel de la Administración en términos legales, pero asegura que «sin la concienciación social y el compromiso de las empresas no se podrá revertir esa situación». «Más allá de una cuestión legal o de responsabilidad empresarial, creemos que con la integración de personas con discapacidad quien realmente sale ganando es la empresa, porque las personas con discapacidad aparente tienen una sobrecapacidad para hacer su trabajo. Muestran una actitud diferente ante la vida y aportan a la empresa diversidad, espíritu de superación e ilusión», sostiene.

Aunque Ángel Algaba insiste: «El espíritu de superación se contagia, sí, pero ese no es nuestro único argumento. Todos hemos sido alguna vez usuarios de una centralita y hemos vivido en nuestra piel el estilo que utilizan habitualmente, que consiste en pasar la patata caliente a otro departamento. Cuando llamas a un call center de DKV Integralia, la diferencia es evidente. Nosotros ofrecemos ese calor humano que nos distingue, sin perder productividad y eficiencia».

«Las empresas, obviamente, no somos una ONG, ni un gobierno, pero podemos hacer muchas cosas por la sociedad. Yo soy optimista. Hay una corriente por parte del mundo empresarial que prioriza el compromiso social; es una tendencia creciente», predice Santacreu. «El gran reto es incorporar en nuestra actividad formas para contribuir a mejorarla, y ayudar a que las personas con discapacidad encuentren una salida profesional es una forma de hacerlo». Las personas que forman parte de Integralia – nos cuenta− no son empleados, sino proyectos de vida.

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