Diversidad

Las chicas son guerreras

Poner palos en las ruedas al desarrollo laboral y personal de las mujeres es frenar el progreso económico y social.

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10
Dic
2015
Laura Zamarriego

Que las mujeres crearan casi la mitad de las empresas nacidas en España al inicio de la crisis es el reflejo perfecto del potencial desperdiciado durante años. Cada vez es más evidente: poner palos en las ruedas al desarrollo laboral y personal de las mujeres es frenar el progreso económico y social.

Casi por instinto, la exatleta paralímpica Gema Hassen Bey resume en una simple frase la fórmula del emprendimiento: «Si no hay una silla, hay que generarla». Dicho y hecho. Ese es su reto: coronar en silla de ruedas la cima del Kilimanjaro. «Quiero subir los 5.895 metros y desarrollar una silla que sirva para otros», cuenta. Hassen Bey pretende, gracias a la financiación vía crowdfunding que consigue a través de su blog, Diverscity, crear y comercializar a bajo coste una silla adaptada para la montaña, así como prendas que, empleando la tecnología adecuada, protejan del frío a personas con movilidad reducida. También una aplicación móvil que mida las constantes vitales y prevea posibles alteraciones.

«No entiendo que el hombre llegue a la luna y a nosotros nos cueste ir a comprar el pan», sentencia, y continúa: «La montaña es un símil de mi vida. Me encuentro una roca, una raíz, la sorteo y sigo. He sido emprendedora toda la vida. Claro que también llevo en crisis toda la vida». Para la deportista, sin embargo, «lo importante no es la cima ni la competición, sino la colaboración, el camino». «Es necesario romper pequeños reinos de taifas, pero también es necesario conectar, colaborar. Yo nunca he conseguido medallas sola».

Hassen Bey es una de 4.096 mujeres que se lanzaron a emprender un proyecto en 2014, según datos facilitados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Si nos remontamos a 2008, coincidiendo con el inicio de la crisis económica, vemos que el 48% de las empresas españolas que comenzaron su actividad fueron creadas por mujeres, según el informe El ADN del emprendedor realizado por la aseguradora Hiscox. Tras realizar una encuesta a más de 3.500 empresarios y socios en Alemania, Holanda, Francia, Reino Unido, España y Estados Unidos, el estudio contempla que «la proliferación de nuevas empresas impulsadas por mujeres comienza a ser una tendencia». De hecho, en Estados Unidos y Francia el porcentaje de mujeres ya supera al de hombres dentro del colectivo emprendedor.

No es casualidad que el número de emprendedoras crezca como la espuma, especialmente en países con niveles de renta baja, donde la brecha entre mujeres y hombres al frente de negocios se estrecha. «Emprender te permite coger las riendas de tu vida. Y, aunque suponga sacrificios, ofrece una autonomía que te llena de fuerza, energía y motivación para hacer posible tu sueño empresarial», sostiene Ana Bujaldón, presidenta de Fedepe, un proyecto que trabaja desde 1987 para potenciar el liderazgo femenino en el campo de los negocios. «Emprender ha permitido a muchas mujeres demostrar que se puede ser madre, profesional y aficionada a lo que sea, al mismo tiempo que se dirige un proyecto empresarial o de autoempleo de éxito», asegura.

Han transcurrido 19 años desde que Carlota Mateos e Isabel Llorens comenzaran su andadura: los padres de Carlota dejaron en sus manos la gestión del pequeño hotel que tenían en propiedad. Fue así como las jóvenes advirtieron las carencias de ese tipo de establecimientos, en un momento en el que la hotelería rural aún estaba en pañales. A las dos amigas les costaba imaginar que un día se convertirían en socias de Rusticae, una plataforma de servicios y comercialización de hoteles con encanto que hoy cuenta con 300 alojamientos y que factura al año más de 1,5 millones de euros. «Hay que atreverse. Hay que trabajar muy duro. La consolidación de una marca se logra siendo fiel a los principios que promulga». Para Carlota Mateos no cabe duda de que «una marca es una promesa, y cuando compras una marca es porque te ofrece cualidades que no consigues con otra». Según ella, «en un mercado competitivo y muy saturado también es importantísimo saber comunicar y recurrir al ingenio para llegar a tus potenciales clientes».

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«El emprendimiento es una ventana para todos y, más en concreto para las mujeres, constituye una opción fantástica para acabar con el techo de cristal», subraya Mateos. Bujaldón lo suscribe: «Emprender permite a las mujeres desarrollar toda su capacidad, formación, experiencia y habilidad profesionales. Además, pone al servicio de la economía productiva un alto nivel de profesionalidad que está siendo infravalorado según los datos de empleo femenino que nos hablan de precariedad, temporalidad y brecha salarial en contraposición a la alta cualificación. Los proyectos emprendidos por mujeres son, además, más sostenibles y tienen mayores niveles de éxito».

Según el propio FMI, «hay amplias evidencias de que, cuando las mujeres pueden desarrollar plenamente su potencial en el mercado de trabajo, los beneficios macroeconómicos son significativos». En su informe Las mujeres, el trabajo y la economía: Beneficios macroeconómicos de la equidad de género, publicado en 2013, estima que, de elevar la tasa de participación femenina en la fuerza laboral a los niveles de participación masculina específicos de cada país, el PIB se incrementaría, por ejemplo, un 5% en Estados Unidos, un 9% en Japón, un 12% en los Emiratos Árabes Unidos o un 34% en Egipto. Asimismo sostiene que, de los 865 millones de mujeres de todo el mundo que podrían contribuir en mayor medida a sus respectivas economías, 812 millones viven en países de economías emergentes y en desarrollo.

En el marco de los países que integran la OCDE, solo el 30% de las empresas son propiedad de mujeres. Teniendo en cuenta que el 52% de la población de la Unión Europea es femenina, ¿por qué entonces no hay más emprendedoras en nuestra sociedad? Uno de los obstáculos es el nivel de renta. Según los últimos datos ofrecidos por Eurostat, que manejan cifras de 2013, la brecha salarial entre hombres y mujeres en la zona euro se redujo ligeramente ese año: de media, y por hora trabajada, la retribución bruta de las mujeres fue un 16,6% inferior a la de los hombres, cuando el año anterior esa brecha estaba en el 16,9%. En el caso de España, la diferencia se estabilizó: las mujeres ingresaron un 19,3% menos que los hombres, la misma distancia que en 2012. Solo Estonia (30%), Austria (23%), Alemania (21,6%) y Eslovaquia (19,8%) registran valores más elevados. El INE advierte que una de las razones principales de estas desigualdades en salario medio y distribución salarial entre hombres y mujeres es que ellas trabajan a tiempo parcial, con contratos temporales y en ramas de actividad menos remuneradas.

Otra es el acceso a la financiación. Según un estudio de EY, si se financiase a las mujeres al mismo ritmo que a los hombres se crearían 6 millones de puestos de trabajo en la Unión Europea en los próximos cinco años. Quizá la razón resida en que «las mujeres son más modestas a la hora de vender sus proyectos, menos vende burras», asegura Aquilino Peña, gurú del mundo digital y uno de los fundadores de Kibo Ventures.

La opinión de Peña coincide con la autodescripción que Cristina Aranda nos da de su proyecto: «En Mujerestech somos doers. No vendemos motos, las construimos». Aranda, cofundadora de esta asociación de comunidades del sector tecnológico que busca despertar y potenciar el talento femenino, considera que muchas mujeres actúan como si sufriesen el «síndrome del impostor»: «A veces no nos reconocemos, no somos capaces de internalizar nuestros logros. Las mujeres somos más largoplacistas, algo que en ocasiones nos impide avanzar, incluso coger algunos puestazos porque pensamos que no estamos lo suficientemente cualificadas. ¿Y por qué te lo ofrecen entonces? A veces lo que nos paraliza somos nosotras mismas», concluye.

Hay datos esperanzadores. En España, el emprendimiento femenino no ha parado de crecer durante los últimos diez años hasta suponer casi el 34% de los empleados por cuenta propia en 2013, de acuerdo con los datos analizados por la escuela de negocios ESIC. «Cada vez hay más cultura emprendedora en España. Por dos razones: porque había un déficit de mentalidad emprendedora y porque la crisis ha obligado a mucha gente a crearse su puesto de trabajo. Hace 20 años no se hablaba de emprendimiento. Ha rejuvenecido la imagen de la empresa y del empresario español. Teníamos que ponernos al nivel de otros países. Es un papel que va in crescendo y tiene que seguir ganando cuota de mercado en España». Gema Hassen Bey no duda de que «el hecho de unirnos mujeres con distintos proyectos que nos conecten, venciendo nuestros propios miedos y sorteando las dificultades, es el reto de los retos». «Yo estoy entrenada, cualquier reto difícil me motiva», asegura. Su energía y su convencimiento son contagiosos: «Es sencillo. Cuando las mujeres nos lanzamos con valentía al emprendimiento, gana la sociedad».

Puedes encontrar este y otros reportajes en el número especial sobre emprendimiento elaborado por Ethic y la Fundación EY.

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