Innovación

«La educación para la ciudadanía debería ser transversal»

Su trabajo con escuelas changemaker le ha enseñado que hay otra forma de hacer las cosas. Es directora de Ashoka España y codirectora de Ashoka Europa, la mayor red internacional de Emprendedores Sociales.

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23
Sep
2015

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Sara Maroto | Foto: Icíar J. Carrasco (People)

Niega ser una experta en educación, pero su trabajo  con escuelas changemaker le ha enseñado que hay otra forma de hacer las cosas. Ana Sáenz de Miera Cárdenas (Madrid, 1980) es directora de Ashoka España y Portugal y codirectora de Ashoka Europa, la mayor red internacional de Emprendedores Sociales, desde donde impulsa valores como la empatía, el trabajo en equipo, la creatividad o el liderazgo compartido.

La vuelta al cole no llega para todos al mismo tiempo, ni del mismo modo. En términos generales, ¿cómo ves la educación en España?

Es un tema que está más de moda que nunca. Hay un verdadero consenso de que tiene que cambiar. Todavía siguen saliendo libros y artículos acerca de volver a la vieja educación, pero creo que hay un consenso de que el mundo y los procesos han cambiado, y tienen que cambiar cada vez más. Cada vez se habla más en las conversaciones sobre cuánta programación se aprende en mi colegio, cuántas pantallas digitales hay, si tiene o no libros de texto… Empiezo a ver un nuevo discurso, gracias también a que los medios de comunicación han hecho un gran papel. Estamos muy atrás en abandono escolar y en muchísimas cosas, como en innovación educativa, pero estamos en ese momento en el que se va a dar el cambio. Espero que sea más pronto que tarde. Creo que hasta se está quitando importancia al tema del Pacto Educativo de todos los partidos, porque se ve que ese no es el único problema. Claro que tiene que haber un apoyo de la legislación, pero lo que tiene que cambiar es el por qué, el para qué y el cómo de la educación, y eso no depende solo del Gobierno.

¿Qué es una escuela ‘changemaker’?

Es una escuela que representa a muchas otras. Un tipo de escuela en la que se pone por encima de todo el enseñar a los alumnos unas habilidades que les van a permitir mejorar su entorno a lo largo de su vida. En la que, además de aprender Matemáticas, Literatura o Historia, se enseña a los niños y las niñas a trabajar en equipo, tener empatía, saber ponerse en el lugar del otro, a que tengan creatividad y sepan liderar de forma inclusiva. Es una innovación educativa para el bien común. Hay cierto tipo de escuelas que ya están haciendo esto en España, todavía son poquitas pero las hay. Las escuelas changemaker son ejemplos de este tipo de escuelas. No queremos decir que son un ranking de las cinco o siete mejores; representan a un tipo de escuela donde queremos que todo el mundo se vea representado: tenemos una escuela changemaker rural, una católica, otra pública… hay diferentes tipos, de modo cualquier escuela en España tenga dónde reflejarse, para transformarse.

El método Montessori, la escuela democrática, la pedagogía Waldorf. De todas las metodologías que existen, ¿debemos escoger una o son complementarias?

Muchas buscan lo mismo. Al final, no se trata tanto de elegir entre una u otra. Se trata de la importancia de sentirte identificado con lo que el colegio pone por delante. En unos es el éxito académico, en otros los valores humanos de la persona, en otros la educación emocional… En cada uno se prioriza una de estas áreas y la clave es elegir un colegio, sea de la pedagogía que sea, estés en la ciudad que estés, sea público o privado, que coincida con lo que tú crees que es importante. Vamos hacia un modelo donde cada vez más gente elige de una forma mucho más racional el colegio de sus hijos, como ocurre en muchos otros países. El ideal es que toda la escuela pública se transforme para que de verdad haya una oferta donde quepa toda esta demanda, cada vez mayor. Lo más importante es entender, antes de llevar a tus hijos a un colegio, qué es lo que este busca, a qué da importancia, cómo va enseñar los valores a los que tú das importancia, y tomar una decisión en consecuencia. La pedagogía es solo una pata más. Lo importante es la visión del colegio, qué espero de mi hijo. ¿Espero que sea el mejor en su clase? ¿Que sea un experto programador? ¿Que sea buena persona y un ciudadano preocupado por mejorar el mundo? Y, a partir de eso, elegir. Todo ello lo puede conseguir igual un Montessori, que un Waldorf, que un colegio que junte muchas metodologías.

Los «padres helicóptero» son una figura a menudo contraproducente. ¿Qué papel desempeñan los progenitores en la educación?

Todo lo que ocurre en casa es esencial. Cuando Ashoka decide trabajar en los colegios es porque es el lugar por el cual pasa todo. Lo primero en la educación en casa es ser consecuente, tener claro cómo educamos a nuestros hijos en la igualdad, en sus derechos y en sus deberes, cómo le damos voz en casa y fomentamos su autonomía, algo que estos ‘padres helicóptero’ no hacen. En ese sentido, muchísimo ocurre en casa. En el colegio, los padres también tienen que tener un papel activo, y en todas nuestras escuelas changemaker las madres y los padres tienen un papel que jugar, por supuesto: opinar sobre el colegio, colaborar y contribuir en el proyecto educativo, enseñar lo que ellos saben. Es muy importante que lo que ocurre en la escuela y lo que ocurre en la familia estén unidos. Cuando ves una incoherencia entre lo que te enseñan en casa y lo que te enseñan en el colegio, cuando los padres se ponen en contra del profesor que ha suspendido su hijo… De cara al niño es un error. Tiene que haber una sensación de consenso de lo que esperan de ti. Desde mi experiencia personal, como madre veo a muchas otras a mi alrededor que se quejan del colegio delante de los niños y lo contradicen. Es donde hay que ser más cuidadoso, y desde luego centrarnos en hacer a nuestros hijos autónomos, libres, que sepan decidir, que sepan ponerse en el lugar del otro y que lo más importante que pueden hacer en el colegio no es solo sacar buenas notas. Lo más importante que tienen que hacer los padres es no obsesionarse con el éxito académico, porque ya sabemos que en el futuro el éxito académico no es el único componente del éxito profesional. Son otras habilidades, como la empatía.

En un artículo para la revista Forbes, declarabas que preferías que tus hijos aprendieran empatía en vez de chino. ¿Sería suficiente con implantar la educación emocional en el calendario escolar?

Lo importante no es meterlo como una asignatura, tiene que ser algo transversal en todo el colegio, que se refleje en cómo se evalúa, cómo se trabaja en los recreos y en las extraescolares, en cómo se enseña las asignaturas. Que hubiera una asignatura sería incluso un error, como ocurrió con «Educación para la Ciudadanía», haciendo que de repente se convierta en el tema de moda y te hace estar a favor o en contra. Y nadie debe estar a favor o en contra de la empatía, es una habilidad muy necesaria que hay que aprender y practicar. El ideal es que esté de forma transversal en todas las asignaturas y en el proyecto educativo del colegio, no como una cosa aislada. El artículo que escribí era un poco una metáfora, sin juzgar a la gente que apunta a sus hijos a chino, que yo si tuviera todo el tiempo y el dinero del mundo también los apuntaría. Pero creo que no hay que volverse locos, sino volver un poco a los básicos. Desde luego, genial si mi hijo aprende todas estas cosas, pero la empatía, el saber trabajar en equipo y tratar a los demás con respeto son unos básicos que tenemos que exigir al colegio. En los folletos de los centros te hablan de los patios, las extraescolares, la cantidad de horas de inglés… Pero no lo que hace para que tu hijo sea buena persona, generoso, un ciudadano responsable. Sería genial que eso ocurriera, empezarían a cambiar estos puntitos de ventajas y se empezarán a añadir cosas como la forma en la que educamos a los niños para ser ciudadanos responsables, impulsores de cambio, creativos. Ese será el indicador de verdad.

Asignaturas como «Educación para la ciudadanía» y «Valores» hacen que nos preguntemos: ¿Cómo afectan los intereses partidistas en la creación de los itinerarios escolares?

Desgraciadamente afecta bastante. Al final, los colegios son los que sufren todos estos cambios legislativos y tienen que readaptarse porque no se les permite continuar con la innovación que estaban haciendo. Lo que tienen que hacer los partidos políticos es dejar a los colegios, que son los que saben qué hay que hacer, espacio para innovar. Ahora mismo las innovaciones más potentes que se están consolidando, cuando nacieron, eran ilegales, había que ocultarlas a los inspectores de Hacienda. La administración no tiene que poner trabas, sino dejar espacio para que los directores y el profesorado tengan la autonomía y el apoyo suficientes para poder innovar cada uno con su visión, porque ellos conocen a sus alumnos y a los padres. Todos estos cambios también han provocado modificaciones en los libros de texto, que suponen un enorme gasto de dinero que no beneficia en absoluto. Desde luego que este Pacto Educativo es imprescindible, pero no es la única necesidad que tiene la educación en España. Tiene que haber un cambio de mentalidad, también por parte de los padres. Aún los hay que piensan «esto de la innovación está muy bien, pero que mi hijo aprenda como yo aprendí, que así le irá bien en la vida». El cambio de mentalidad debe ser global, incluyendo a los partidos políticos.

En el Libro blanco de la profesión docente y su entorno escolar, José Antonio Marina propone convertir a los maestros en un cuerpo de élite con siete años de formación: cuatro de grado, uno de máster y dos de prácticas, siguiendo el modelo médico de los MIR. ¿España tiene un buen sistema para elegir a los maestros?

Lo que es innegable es que la profesión de maestro tiene que estar muchísimo más valorada y en ello influyen gran cantidad de factores, desde el cómo se enseña Educación en las universidades, cómo se eligen los maestros, la cantidad de rotación que hay… Personalmente no estoy de acuerdo con la propuesta de Marina. Creo que hay que cambiar muchos factores que tienen que ver con cómo se remunera, cómo se incentiva, cómo se valora lo que hace un profesor en el aula (especialmente en la escuela pública). Tenemos que aprender de cómo lo hacen otros países, como los nórdicos, que siempre son el ejemplo. En todos los medios se habla de cómo es la educación en Finlandia, pero es que es muy buena.

¿Filosofía y Sociología reciben la atención que merecen? ¿Hasta qué punto son importantes para aprender a pensar?

No soy una experta en educación. Sigo pensando que la filosofía es imprescindible, desde luego. Hay que enseñar a pensar a los niños, y para eso hace falta algo más que la asignatura. Si al final todo se basa en un examen de media hora de tipo test, es muy difícil saber si están aprendiendo. En cambio, si la evaluación es continua y abierta, donde unos se evalúan a otros, estás de verdad enseñando a pensar. La filosofía es importantísima, pero no es suficiente. De nuevo, debe ser transversal

Hay quien sigue defendiendo aquello de «la letra con sangre entra». ¿Se le da más importancia a «estudiar para trabajar» que al crecimiento como persona?

Sin duda, tanto el crecimiento personal como el aprender para la vida. Todos conocemos al típico estudiante que sacaba las mejores notas del colegio en la universidad y luego le faltan habilidades sociales. Ahora, por ejemplo, es muy difícil que seas un líder exitoso en la empresa si no tienes empatía, si no sabes ponerte en el lugar de las personas a las que estás liderando. Si no sabes trabajar con ellos o tenerlos en cuenta, no te va a ir bien. El potestas frente al autoritas. Tienes que ganarte la autoridad y eso es imposible sin este tipo de habilidades. Sigue habiendo gente con esa otra mentalidad, pero es algo completamente anticuado. Hay que modernizar la forma de evaluar. Yo tengo una hija en primaria y la he cambiado de colegio. En el anterior, los niños de primaria, pequeños de solo seis años, tenían una pasada de exámenes y los padres les meten presión continuamente. El otro día me contaban que una niña ya tenía tortícolis de todo lo que había estudiado. Con seis años. Me parece una verdadera locura. Es absolutamente erróneo pensar que los niños de primero de primaria que tienen exámenes van a aprender más que los demás. Lo he vivido en primera persona, he sido consecuente y me he cambiado de colegio. Afortunadamente, todo lo que estoy aprendiendo en Ashoka de estas escuelas changemaker al final me está repercutiendo para la vida personal.

Ya lo advertía la OCDE y ahora la OMS lo corrobora: el 51% de los niños españoles se siente agobiado por los deberes para casa.

La mejor forma de cambiar esta práctica es que no haya deberes. Me parece una solución muy fácil. Que los niños se lleven trabajo a casa está bien pero no tienen que ser los tradicionales deberes. Ahora mi hija va a un colegio donde se lleva tareas a casa como entender el ciclo del agua, pero no son deberes per se, no tienen que rellenar fichas, tienen que entender. Para ello le enseño a meterse en Google, le doy un libro… Claro que requiere la ayuda de los padres. Deberes no equivale a no llevarse trabajo a casa. Todo depende del tipo de trabajo, si es para ayudar a pensar, ayudar a consolidar lo que has aprendido en el aula, contrastarlo con tus padres… Creo que no es malo y creo que tiene sentido. Lo que está ocurriendo es que lo que llamamos «deberes» se asocia a la antigua usanza, a las fichas. No tiene ni medio sentido que los niños estén agotados. Además, ahora mismo un tema que está bastante de moda es que cualquier escuela innovadora que se precie presume de no tener deberes. Acabarán por prohibirse de alguna forma. Insisto en que creo que eso no significa que los niños no tengan nada que hacer en casa, pero una cosa es que tengan que leer, repasar algo, investigar por qué pasan las cosas y contrastarlo con sus compañeros… Son otro tipo de deberes. Si cada niño investiga una parte del ciclo de agua y luego lo ponen en común y la profesora lo comprueba y les corrige, se les va a olvidar mucho menos que si se lo enseñan y tienen un examen, porque lo han vivido, lo han practicado, lo han discutido, lo han defendido. Estas críticas que hay de «oye, a ver si estos niños que están aprendiendo con estas metodologías no van a saber absolutamente nada», ya no se sostienen.

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