Transparencia

La sostenibilidad se pone corbata

¿Qué hacen un grupo de más 50 directivos con corbata un martes cualquiera por la mañana en el auditorio de la Fundación Mapfre?

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09
Sep
2012

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Pablo Blázquez | Fotografía y vídeo: Sandra G. Salvá

¿Qué hacen un grupo de más 50 directivos con corbata un martes cualquiera por la mañana en el auditorio de la Fundación Mapfre? ¿Se trata de una cita con la cultura para apreciar una de las exquisitas muestras a las que nos tiene acostumbrados el emblamético edificio de la madrileña calle de Recoletos? ¿Estaban acaso discutiendo sobre los balances de situación y las cuentas de resultado de las empresas bandera del Ibex 35? No, nada de eso, este grupo de ejecutivos tenía otra misión y no era sencilla: debatir si se puede medir la sostenibilidad.

El debate, organizado por la Fundación Mapfre y Nuevo Lunes bajo el título El valor de lo intangible: el retorno económico y social de la RSE, no es nuevo pero sí necesario, sobre todo en un momento de recortes en el que no es que haya curvas en el camino: es que las curvas son el camino y el camino es cuesta abajo y sin frenos.

Los responsables de los departamentos de sostenibilidad suelen enfrentarse internamente a los departamentos financieros, que muchas veces muestran tolerancia cero con el lado social de la compañía y a quienes la teoría del valor compartido de Porter y Kramer -que viene a decir que en este siglo XXI, en el que las revoluciones se retransmiten por la tele y se convierten en motivos para camisetas de H&M made in China, las empresas de éxito serán las que consigan una simbiosis entre su estrategia de negocio y los retos sociales y climáticos a los que se enfrenta la sociedad-, les suena a chino mandarino.

Sin embargo, aunque convencer a algunos departamentos financieros o de venta sobre los impactos positivos que tiene una estrategia de sostenibilidad inteligente y alejada del green washing sea más difícil que persuadir a Vladimir Putin sobre las virtudes sociales de los derechos humanos, lo cierto es que la crisis ha puesto aún más cerca de los núcleos de decisión las teorías en torno a la responsabilidad social y ha reforzado a quienes apostaban por estretagias sostenibles que miran al largo plazo. El divorcio, la grieta, entre el mundo de las empresa y la ciudadanía es reversible y una huída hacia delante no parece, desde luego, el mejor de los caminos. La transparencia es clave. Sin ella la comunicación no es posible y, por extensión, la reconciliación tampoco.

El ambiente en el bolo organizado por Mapfre era, a pesar de todo, optimista, y eso que a la pinacoteca aún no han llegado las obras maestras de Modigliani, Alberti, Brancusi, Picasso, Bacon o Matisse que, bajo el título de  Los misterios del alma, desembarcarán el próximo día 26 en la fundación, procedentes del Centre Pompidou de París.

Quizá ese optimismo se deba a que la sostenibilidad se está integrando, lentamente, en la conducta y estrategia de algunas empresas. Si esto ocurre no es, por supuesto, porque ahora el Ibex 35 se haya convertido en el refugio de Santa Teresa de Calcuta: simplemente los cuadros de mando parecen estar, por fin, convenciéndose de que sus resultados mejorarán y su supervivencia estará más garantizada. En la jornada, pilotada por la directora de Responsabilidad Social de Mapfre, Clara Bazán, Heineken recordó que todos sus empleados con sueldo variable cuentan con un bonus por objetivos relacionados con sostenibilidad, Telefónica hizo hincapié en la reputación como palanca de retención del talento, BBVA en la necesidad de transmitir confianza a los inversores, que en estos momentos no se andan por las ramas y quieren datos, hechos y no sofisticadas y derivables estrategias de venta de humo.

El retorno de la responsabilidad social es un debate arduo pero necesario. Algunos directivos tienen la misión de conseguir que la sostenibilidad se vea y se toque. Que los financieros que hacen de Santo Tomás le pongan número a esos intangibles y se caigan del caballo como le pasó a San Pablo, que hasta el día del tropezón era Saulo-Saulo-¿Por-Qué-Me-Persigues? La duda metódica de Descartes tiene consecuencias positivas: la reflexión, la búsqueda última de la verdad, esto es, la transparencia. Pero no nos extendemos más. Os dejamos con las conclusiones que algunos de los ponentes quisieron dejarnos. Por si queréis seguir dudando.

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