Transparencia

Agencias de rating: especulación en medio del tsunami financiero

Blas Calzada, Ramón Tamames, Manuel Conthe y Eduardo Punset reflexionan en Ethic sobre sobre el papel de las agencias de rating en el actual sistema financiero internacional.

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27
Sep
2011
Carmen Gómez Cotta

“Los fallos de las agencias de calificación crediticia fueron engranajes esenciales en la maquinaria de destrucción financiera. Las tres agencias fueron herramientas claves en el caos financiero”. Son conclusiones del Congreso de Estados Unidos en 2010, acusando directamente a Fitch, Moody’s y Stantdard & Poor’s [las agencias que se reparten el 90% del negocio de la calificación] de estar en el epicentro de la crisis internacionales.

Estas entidades, que se embolsaron 6.000 millones de dólares en el ‘boom’ previo a la crisis, siguen teniendo tanto o más poder tres años después de la caída de Lehman Brothers, que ninguna de ellas previó. Las “acciones de rating” que las agencias anglosajonas vienen lanzando sobre la solvencia de algunos países europeos en plena tormenta financiera han provocado una fuerte reacción en la UE, que trata de defenderse de un sistema que consideran parcial y poco transparente. Ethic ha lanzado una encuesta, con resultados contundentes sobre la falta de independencia de estos organismos (el 75% opina que la UE debe tomar medidas), y ha recogido la opinión de una serie de reconocidos economistas y expertos.

Blas Calzada, ex presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV)

El problema de Euroa es su desastre de gobernanza. Mi opinión sobre estas agencias ha sido mala desde hace muchos años. Cuando estaba en la Comisión Europea, yo quería hacer ya un sistema europeo de rating porque lo que venía de Estados Unidos me parecía todo mentira y esto se ha confirmado ochenta veces. Cuando decíamos esto en la Comisión Europea parecía una blasfemia porque lo veían como un ataque a EEUU. Podríamos haber tenido una agencia europea de prestigio desde hace tiempo. Pero es que en Europa somos de pueblo. Lo peor de estas agencias yo creo que es su falta de transparencia. Cuando se les pregunta cómo llegan a esas conclusiones dicen que no lo pueden contar. ¿Por qué? Porque no lo hacen bien y por eso no lo pueden contar. Que esta gente haga ciertos diagnósticos sobre Grecia y Portugal es inaceptable. Esa es una función del Banco Central Europeo o del Fondo Monetario Internacional.

Antonio Garrigues, presidente de Transparencia Internacional

Es un problema que hay que contextualizar desde la perspectiva del control que ejerce el mundo anglosajón. En el  mundo financiero tienen las dos bolsas de capital más importantes del mundo. Nada en Europa ni en Asia puede comprarse con Wall Street y La City. En el terreno de los medios de comunicación, tienen los más decisivos: The Times, The Wall Street Journal y The Economist. Con las agencias de rating pasa lo mismo. Siempre ha habido una especie de recelo hacia el euro, que era en parte envidia, en parte temor y preocupación. Cuando el euro estaba fuerte temían que pudiera convertirse en valor reserva. A lo que se dedican con más afán estas agencias es a analizar las situación en Europa y, de vez en cuando, publican algo sobre las deuda de Estados Unidos.

Manuel Conthe, ex presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV)

Las grandes agencias de calificación cometieron, efectivamente, graves errores -sobre todo en Estados Unidos- cuando, antes de la crisis, calificaron valores “estructurados” basados en préstamos hipotecarios: ignoraron un posible desplome del precio de la vivienda y la correlación de los impagos, lo que les llevó a otorgar la máxima calificación posible a un sinfín de emisiones. Sucumbieron, además, al riesgo de “captura” que gravita sobre ellas desde que empezaron a cobrar de los emisores de valores, más que de los inversores: su asesoramiento a los bancos sobre cómo estructurar emisiones les quitó independencia para calificarlas.  A esos errores añadieron un análisis poco profundo, que durante la bonanza les hizo compartir el optimismo reinante. Por eso otorgaron calificaciones favorables a emisores con debilidades latentes –como Grecia o incluso España-, lo que tuvo un efecto “pro-cíclico”, abarató su financiación y agravó el problema de sobre-endeudamiento, origen de la actual crisis. Es también paradójico, que aunque las calificaciones de las agencias tienen escaso valor informativo –rara vez dicen algo que los analistas no sepan ya o las primas de riesgo no reflejen-, sus decisiones tienen gran trascendencia. La razón está en que muchas normas prudenciales, criterios de inversión e incluso cláusulas contractuales utilizan esas calificaciones como medida del riesgo de crédito, lo que otorga implícitamente a las agencias una “licencia regulatoria” (regulatory licence) que hace que obtengan elevados beneficios a pesar de la simpleza de sus análisis. Pero esos errores pasados y la situación de oligopolio de la que disfrutan no justifican las recientes críticas que, tras el inicio de la crisis de la deuda soberana de varios países del euro, se han lanzado desde Europa contra las agencias, que ya desde 2009 quedaron sujetas en la Unión Europea a un régimen de registro y control, cuya gestión se acaba de atribuir por un reciente Reglamento a la Autoridad Europea de Valores y Mercados (en inglés, ESMA, sucesora del antiguo comité CESR).

Por desgracia, la reciente crisis financiera ha puesto de manifiesto una enseñanza que olvidamos durante la euforia financiera de los primeros años del euro: las deudas generan vulnerabilidad, porque niveles de deuda que parecen soportables cuando reina el optimismo y los tipos de interés son bajos pueden tornarse súbitamente una pesada losa cuando cambian las tornas. Las agencias se equivocaron, como muchos otros, al no dar la voz de alarma sobre esas vulnerabilidades en los años iniciales de la unión monetaria; pero no tienen ahora la culpa de las dificultades financieras que estamos viviendo varios países miembros del euro. Sería, pues, ingenuo pensar que los graves problemas que está viviendo la unión monetaria europea se mitigarían con la creación de una agencia europea de calificación. La verdadera agencia europea que necesitaríamos no debería dedicarse a la calificación de deuda, sino a su emisión y gestión, y nacería de una transformación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera.

Ramón Tamames, catedrático de Estructura Económica

Es posible que a veces se extremen en sus juicios, o incluso que sean parciales. Sin embargo, constituyen un observatorio de lo que pasa con las emisiones de deuda pública que en tantas ocasiones se hacen con muy poca transparencia sobre la situación real de las entidades que emiten. Se podría mejorar su marco de actuación y responsabilidad con una cierta regulación internacional, y con la subsiguiente supervisión que podría estar a cargo de organismos como la SEC en EE.UU. y entes similares en el resto del mundo. Además sería bueno definir un marco global en el G-20, en combinación con el Banco de Pagos Internacionales de Basilea. Lo que me parece que no estaría bien, al socaire de malas noticias coyunturales, sería crear una agencia europea más o menos influenciadas por las instituciones de la UE. Sería un poco como aquello de “Juan palomo, yo me lo guiso yo me lo como”

Eduardo Punset, ex ministro de Relaciones con Europa y ensayista

Vivimos un mundo donde la globalización nos ofrece cosas maravillosas pero también nos sacuden problemas que nos llevan a situaciones y a retos a los que tenemos que estar muy atentos. Cuando una agencia como Moody’s emite una opinión sobre un país y esto sacude a toda Europa y nuestros políticos apenas encuentran medios para defenderse de los ataques de los mercados parece claro que estamos haciendo algo mal. Hay veces que perdemos la perspectiva porque detrás de todo hay ciudadanos, gente que aspira a la felicidad y que ve cómo se desploman sus ahorros o cómo pierden sus empleos. Todas las políticas y todas las acciones tienen que tener en cuenta sus impacto a escala global, en toda la humanidad.

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