Comida a ciegas, una experiencia formativa en primera persona

ciegas

Cuando te falta el sentido de la vista hasta el elemento más cotidiano es extraño e incluso temible

Solo con renunciar a la vista durante una comida la percepción no vuelve a ser la misma

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El grupo Ilunion Hoteles, dentro de la Madrid Week Hotel, organiza una comida en la que el único complemento obligatorio es un antifaz. ¿El objetivo? Facilitar a los asistentes la posibilidad de ponerse en la piel de una persona ciega. Desde <em>Ethic</em> te contamos la experiencia.

Más de 900.000 personas sufren algún tipo de discapacidad visual en nuestro país, según el Informe Sobre la Ceguera en España, elaborado por la Fundación Retinaplus+ y EY. Casi 60.000 son completamente ciegas. Tras los números, personas. Con las que nos cruzamos en nuestro día a día. Sin embargo, conocer cómo se desenvuelven en las tareas más cotidianas sigue siendo algo desconocido para la gran mayoría de los que no sufrimos ninguna discapacidad de ese tipo.

Ilunion, grupo de empresas sociales de la ONCE, quiere revertir la situación. Para lograrlo, ha organizado una comida a ciegas en el Hotel Ilunion Pío XII, a la que Ethic ha sido invitada. Se trata de la única cadena hotelera de España que tiene el certificado de accesibilidad universal y el sello Qsostenible. Además de contar con una plantilla de profesionales formada por un 41% de personas con alguna discapacidad. Un escenario inmejorable para meterse durante dos horas en la piel de una persona invidente y comprobar, así, el giro de 180 grados que sufre una tarea tan básica y cotidiana como es comer. Un proceso que llevamos a cabo ese proceso cinco veces al día. La percepción no vuelve a ser la misma tras renunciar a la vista durante una de ellas.

La experiencia se enmarca dentro de la Madrid Hotel Week que se celebra en la capital entre los días 3 y 12 de noviembre con motivo del 40 aniversario de la Asociación Empresarial Hostelera de Madrid. En esta semana, los hoteles de la Comunidad pretenden convertirse en los protagonistas del ocio madrileño. Para ello, han abierto sus puertas con el fin de que madrileños y visitantes disfruten de un programa de actividades en torno a distintos ámbitos como son la arquitectura, la gastronomía, la salud, el diseño, la historia, la tecnología o la literatura, teniendo en cuenta dos perspectivas adicionales: la Responsabilidad Social Corporativa y la infancia.

La comida a ciegas es un buen ejemplo de los resultados positivos que se derivan de la unión entre Responsabilidad Social y gastronomía. Una comida, sin el hándicap de ser a ciegas, puede utilizarse como excusa para establecer relaciones profesionales o hacer nuevos amigos. En el momento en el que te privas del sentido de la vista la escala de prioridades cambia radicalmente. Necesitas hacerte una idea mental del lugar en el que estás. Para ello, palpas las paredes, el borde de las mesas, el mantel y hasta los cubiertos como si nunca hubieras usado uno. Te das cuenta hasta de pequeños detalles como el hecho de que el cristal del vaso se enfría poco a poco cuando contiene agua.

La manida frase de «yo como por los ojos» no es tan metafórica como parece. No es necesario que pase mucho tiempo para empezar a notar el cansancio que provoca usar de manera acentuada el resto de sentidos. Escuchar cada sonido y tratar de reconocer de donde procede o identificar los diferentes olores para averiguar los ingredientes. Son solo dos de las sensaciones que se pasan por alto si puedes ver quién te habla o con qué está guisada la carne que te estás comiendo. Cuando te falta el sentido de la vista, todo, hasta el elemento más cotidiano, se torna incierto.

Mantener una conversación con las personas sentadas a tu mesa también se vuelve complicado. Al hecho de que desde pequeños nos han enseñado a mirar a quien te habla, se suma la incapacidad de encontrar un tema que vaya más allá de lo que se está viviendo en ese momento. Surge la necesidad de compartir en voz alta hasta el mínimo detalle: «No consigo pinchar nada con el tenedor», «creo que me he manchado», «¿cómo sé si me he terminado el plato?». A las frases explicativas le siguen las de autoafirmación de la suerte que se tiene por poder ver: «No nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que nos falta».

Ilunion ya ha conseguido demostrar que la rentabilidad económica de una empresa no está reñida con la inclusión en la plantilla de personas con discapacidad. Ahora, con sus comidas a ciegas pretende normalizar el día a día de las personas ciegas. Una actividad que sería interesante experimentar también en las aulas y no solo en eventos especiales.


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