La ética: un activo financiero, y rentable

Los fondos ASG tienen un rendimiento levemente mejor que los convencionales, que están diversificados y tienen menos capacidad de maniobra

Los activos sostenibles crean más valor a largo plazo

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La tendencia está cambiando. Donde, hasta hace solo una década, primaban los criterios de rentabilidad financiera (esto es: recuperar lo invertido con una plusvalía), ahora entran en juego otras variables como la protección del medio ambiente o los compromisos sociales. Hablamos, claro, del mercado financiero, y más concretamente de los fondos ASG (ambientales, sociales y de buen gobierno), llamados, cotidianamente, fondos éticos.

En el estudio llevado a cabo por la Universidad de Deusto e impulsado por Spainsif (el foro español de inversión socialmente responsable), plantean tres preguntas: ¿Cómo impactan estos atributos en las carteras de inversión? ¿Tiene un factor de creación de valor sostenible? ¿Cuál es su impacto real?

El análisis recoge datos y conclusiones obtenidas de 2007 a 2015, y parte de otro anterior, de 2001 a 2007, con lo que estudia dos escenarios muy diferentes: el del auge económico y el de la crisis. Por eso la reflexión global es significativa: los fondos que se limitan a invertir en empresas movidas por criterios de responsabilidad social y medioambiental tienen un rendimiento levemente mejor que los convencionales, más diversificados.

«Nos hemos encontrado con esta realidad, y hemos deducido dos motivos», cuenta Fernando Gómez-Bezares, responsable del estudio y doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Deusto. «Por un lado, los fondos ASG tienen una capacidad de selección [encontrar activos que van a aumentar más su valor] mejor, porque al abarcar un campo menor, el de las empresas sostenibles, conocen mejor su colectivo, ya que están circunscritas a un universo más pequeño. A eso hay que añadir que las empresas sostenibles se están comportando mejor a largo plazo».

Jaime Silos, presidente de Spainsif, recordó que más del 75% de las carteras que se gestionan con criterios ASG son gestores institucionales y confía que «en los próximos años los inversores particulares impulsarán la ISR porque cada vez hay más información que antes no teníamos para invertir».

Existe otro aspecto en el que los fondos ASG muestran una leve ventaja: la sincronización, esto es, la capacidad de maniobrar ante las fluctuaciones bursátiles. O, dicho de otro modo: adelantarse a los mercados; ser capaz de salirse a tiempo de la renta variable cuando la bolsa va a bajar y meter los activos en liquidez, hacer justo lo contrario cuando va a subir. «Si el fondo es grande, entrar y salir es complicado y es una operación que dura varios días», explica Gómez-Bazares, «de modo que a veces cuando se culmina puede ser demasiado tarde. Pero en el caso de los fondos éticos, debido a su menor tamaño, precisamente por tener la capacidad de selección limitada, hay mayor agilidad en estos movimientos».

¿Y qué es una empresa sostenible?

 El estudio es aproximativo, porque el principal escollo es definir, a día de hoy, los criterios que definen a una empresa como social y medioambientalmente responsable. Lo que confirma un activo como sostenible, al fin y al cabo. Si bien han tomado una muestra de fondos en siete países europeos y se han basado en los índices de sostenibilidad de Reuters y Bloomberg, es cierto que a día de hoy falta una definición unificada que estandarice los requisitos. «Hay que depurar el concepto de sostenibilidad», reclama Gómez-Bezares, «y hasta entonces, siempre existirán contradicciones entre diferentes estudios sobre el comportamiento de los fondos ASG. ¿Qué empresas son realmente sostenibles? ¿Las del Dow Jones Sustainability Index? ¿O las de otros tantos índices de otras bolsas del mundo? Volkswagen lideraba hasta hace poco un índice de sostenibilidad, y ocurrió el escándalo de las emisiones diésel trucadas».

La solución que proponen desde la Universidad de Deusto es un sistema de auditorías. «El problema es que la ley ahora solo exige auditar las cuentas financieras de una empresa, pero no las memorias de sostenibilidad. Y ahí es donde hay que exigir mayor transparencia».

Finalmente, el estudio reclama una labor pedagógica urgente, a la vista del perfil de los inversores en fondos ASG: «Son gestores a corto plazo y les preocupa el riesgo», explica Gómez-Bezares . «Buscan prevenirse ante un desastre ecológico, social o de una multa por parte de las autoridades. Con los criterios ASG evitan desastres. Y si tienen uno de estos problemas podrán justificarlo, porque usaron los mejores criterios. Pero todavía no se dan cuenta de que lo fundamental es que crea más valor a largo plazo. Ese es su mayor valor».


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