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Medio Ambiente

Hacer obras dentro de una caja

Una obra nunca pasa desapercibida. Taladros, martillos neumáticos, excavadoras, camiones y generadores forman parte de la banda sonora inevitable de cualquier ciudad. En Hong Kong se plantearon una pregunta sencilla: si no podemos evitar las obras, ¿por qué no encerrarlas?

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10
septiembre
2026

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Para contrarrestar el ruido de la construcción, Hong Kong lleva años utilizando una solución que parece casi elemental: rodear las fuentes de ruido con barreras y cerramientos acústicos que separan físicamente la obra de la ciudad. En una de las áreas urbanas más densamente pobladas del mundo, reducir unos cuantos decibelios puede significar una diferencia considerable para quienes viven o trabajan al otro lado de la calle.

No se trata únicamente de levantar un muro. El Departamento de Protección Ambiental de Hong Kong contempla entre las medidas para reducir el ruido de construcción las barreras móviles y los acoustic sheds, estructuras que cubren completamente equipos especialmente ruidosos, como compresores o generadores. Según la documentación ambiental empleada en proyectos de la ciudad, una barrera correctamente colocada puede reducir alrededor de 10 decibelios el ruido de una máquina estacionaria, mientras que un cerramiento completo puede conseguir reducciones de entre 10 y 15 decibelios.

La necesidad de convivir con las obras ha impulsado también soluciones más flexibles. La empresa hongkonesa Acoustics Innovation ha desarrollado, por ejemplo, SilentUP, una pared acústica retráctil que puede alcanzar seis metros de altura y desplegarse alrededor de una zona de trabajo sin necesidad de construir una cimentación permanente. Según la compañía, el sistema permite reducciones de entre 10 y 18 decibelios. Otro de sus diseños, SilentCUBE, lleva la idea hasta sus últimas consecuencias: en lugar de poner una barrera entre la máquina y los vecinos, encierra directamente la fuente de ruido. Una obra dentro de una caja.

Un cerramiento acústico completo puede reducir entre 10 y 15 decibelios el ruido de una obra

El principio físico no tiene demasiado misterio. El sonido necesita encontrar un camino entre la fuente y quien lo escucha. Interponer una barrera densa dificulta su propagación directa, mientras que los materiales absorbentes utilizados en el interior reducen las reflexiones. Cuanto más completo sea el cerramiento, mayor puede ser el efecto. El desafío consiste en conseguirlo sin impedir la ventilación de las máquinas, el acceso de los trabajadores o el propio funcionamiento de la obra.

La cuestión va más allá de hacer las ciudades menos irritantes. La Organización Mundial de la Salud considera el ruido ambiental un problema de salud pública y relaciona una exposición excesiva con alteraciones del sueño, hipertensión, cardiopatía isquémica y problemas cognitivos, entre otros efectos. Las obras de construcción forman parte de las numerosas fuentes que contribuyen al ruido de las ciudades.

Algunas investigaciones han intentado medir específicamente esa molestia. Un estudio publicado en Environmental Pollution en 2017 analizó 40 obras de Hangzhou, Ningbo y Wenzhou, en China, donde registró niveles aproximados de entre 60 y 80 decibelios. Conforme aumentaba la exposición, también lo hacía la proporción de residentes que se declaraban altamente molestos. Pero los investigadores comprobaron que los decibelios no lo explicaban todo: también influían la hora, el lugar o la actividad que estuviera realizando la persona.

El sonido puede cambiar incluso nuestra percepción de una ciudad. El investigador Jiang Liu y su equipo estudiaron a 298 visitantes de Three Lanes and Seven Alleys, un conocido barrio histórico de Fuzhou, para comprobar cómo influía el paisaje sonoro en su experiencia. Su investigación, publicada en Building and Environment, encontró que los sonidos naturales y la música estaban relacionados con una mayor satisfacción de los visitantes, mientras que el tráfico y las obras tenían el efecto contrario. El ruido de construcción fue el que más perjudicó la percepción del carácter histórico del lugar.

El ruido de construcción puede modificar incluso la percepción que tenemos de un lugar

Encerrar una obra, por tanto, no elimina únicamente una molestia. Puede ayudar a preservar temporalmente la vida que continúa desarrollándose alrededor de ella. Hong Kong tiene motivos especialmente poderosos para buscar estas soluciones: sus cerca de 7,5 millones de habitantes conviven en un territorio donde viviendas, colegios, comercios, carreteras y obras se disputan cada metro disponible. Y las obras son muchas: según el Census and Statistics Department del Gobierno de Hong Kong, en marzo de 2026 había 1.595 obras activas simultáneamente en la ciudad, más de un millar de ellas de edificación. En una ciudad así, alejar simplemente la fuente de ruido no siempre es posible.

Las barreras y cerramientos no hacen silenciosa una obra ni sirven para todas las tareas. Tampoco resuelven el resto de sus impactos, desde el tráfico hasta el polvo. Pero parten de una idea que otras ciudades densas podrían copiar: construir seguirá siendo necesario; que toda la ciudad tenga que escucharlo, quizá no.

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