ENTREVISTAS

«La ciencia no funciona al ritmo que marca una legislatura»

Mujer, científica y nacida en 1938. Manejando estas variables, sobran motivos para afirmar que Margarita Salas es la excepción que confirma la regla.

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11
Feb
2016
Laura Zamarriego | Fotos: Diego García

Mujer, científica y nacida en 1938. Manejando estas variables, sobran motivos para afirmar que Margarita Salas es la excepción que confirma la regla. El propio Severo Ochoa, quien fuera su maestro, temía la poca visibilidad que la investigadora podía tener en un mundo dominado por hombres. Pero ella no magnifica su suerte. Quizá porque lo suyo no es cosa del azar, sino del esfuerzo: después de haber publicado más de doscientos ensayos, a los 76 años sigue entre los tubos de ensayo de su laboratorio de la Universidad Autónoma de Madrid, donde recibe a Ethic.

Ha comentado en alguna ocasión que estudió Químicas con un fin muy distinto al de la mayoría de sus escasas compañeras de campus. En los años 50, las mujeres estaban apartadas de los ámbitos del saber y del poder. Usted forma parte de la minoría que pudo acceder a la universidad

Bueno, esto no es totalmente cierto. Cuando yo estudié, de 1955 a 1960, en mi curso la tercera parte éramos mujeres. Mucha gente piensa que en los 50 había muy pocas mujeres. Lo que pasa es que muchas de ellas, cuando acababan la carrera, no continuaban, porque se casaban, tenían una familia… Lo más normal en esa época. Una vez que tenían hijos y familia, algunas se reenganchaban a la carrera y al trabajo.

¿Y en el mundo de la ciencia? ¿No están infrarrepresentadas las mujeres? Si pregunta por la calle, no resulta fácil decir el nombre de una científica…

¿Y si se pregunta lo mismo pero de hombres científicos? Saldrá, a lo mejor, Severo Ochoa, ¿pero de los actuales? Es el sector lo que no está suficientemente reconocido, aunque ya van cambiando las cosas.

¿Cree que la legislación española es favorable para el avance de la ciencia?

Lo que no es favorable es la financiación. Es muy escasa, estamos al límite de poder seguir trabajando. Como no cambie, estamos abocados a perder una o más generaciones de investigadores. El futuro de los jóvenes españoles que hacen sus tesis doctorales en nuestros laboratorios –por cierto, muy buenas– es incierto. La salida es irte al extranjero, lo cual no es malo si es solo una temporada. Lo peor es que no puedas volver.

Quizá la persona que en un futuro descubra el tratamiento contra el sida ahora sea un español emigrado…

Es una pena que en España nos gastemos mucho tiempo y mucho dinero en formar buenos investigadores y que después su investigación no repercu-ta en su país. Y también frustra a los jóvenes, que no quieren dedicarse a la investigación porque no ven futuro en ello.

Usted defiende los alimentos transgénicos. ¿Hay que marcar algún límite?

Bueno, en primer lugar, no existen los alimentos transgénicos, sino las plantas transgénicas. Son plantas normales a las que se les ha introducido un gen que les confiere una determinada potestad, como crecer mejor en suelos salinos, o ser más resistentes a virus o a insectos. Yo creo que es falta de conocimiento el estar en contra.

Los descubrimientos científicos son un bien común, patrimonio de la humanidad. ¿Deberían o no tener propietario?

Depende. Por ejemplo, la secuencia del genoma no es patentable. Lo que puede ser patentable es la investigación a partir de un determinado gen que desarrolla un procedimiento para curar una enfermedad. Cuando se terminó la secuencia estuvo claro que no era patentable. En mi caso, yo estudio el virus bacteriano desde el punto de vista básico, pero ha surgido un punto de vista práctico y unas propiedades que han podido ser patentadas. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) es el propietario de la patente.

Usted ocupa un sillón en la RAE. ¿Cree que la palabra ‘austeridad’ ha sido bien empleada por nuestros políticos?

Es evidente que ha habido recortes. En mi caso, por mi condición de investigadora, no considero que nuestros recortes hayan sido adecuados. Se ha recortado demasiado porque no se ha tenido en cuenta que la investigación es la base para el desarrollo del país. Se ha tenido una mirada muy cortoplacista, y la investigación no funciona así, en plazos de legislatura. Propusimos hace diez años un Pacto de Estado por la Ciencia, porque creíamos que no tenía que influir el vaivén político y partidista.

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El presupuesto de la ciencia en España ha retrocedido a niveles de 2007. ¿Es una pérdida cuantificable?

En los últimos datos, la media de la Unión Europea estaba en el 2% del PIB de cada país. En España estamos en el 1,24%, muy por debajo. Hay países europeos, como Alemania, que están en el 3% y, cuando ha habido crisis, no solo no han recortado, sino que han incrementado este presupuesto. En España no concebimos que el desarrollo tiene que venir de la mano de la investigación.

Dentro de los programas electorales de los partidos, ¿se da suficiente importancia a la inversión en investigación?

No, se le da muy poca importancia. Realmente hay pocos políticos que salgan a hablar de investigación. He oído al líder de Ciudadanos hablar de inversión en I+D+i, pero ponía más énfasis en la última ‘i’, la innovación, en vez de en la ‘I’ mayúscula, la investigación. Hay políticos que se equivocan, que creen que apoyando la innovación ya se ha cumplido. También Ángel Gabilondo apoya la investigación, porque ha sido profesor y rector de la Universidad Autónoma de Madrid y sabe la necesidad que hay de apoyarla.

¿Algún consejo para un estudiante que quiera dedicarse a la investigación?

El que se quiera dedicar a esto que sepa que es una tarea nada fácil y que hay que dedicar el 100% del tiempo en las primeras etapas de formación. No aconsejaría irse fuera de España a hacer una tesis doctoral; en España se hacen muy buenas tesis. Después sí es bueno irse al extranjero para que las posibilidades de vuelta a nuestro país mejoren. Yo estuve tres años haciendo una fase postdoctoral en Nueva York. La cuestión es poder volver.

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