Shakespeare, filósofo
Las obras de teatro del célebre dramaturgo reflejan una inquietud por aspectos filosóficos como el nihilismo frente al paso del tiempo y la incertidumbre ante la muerte, entre otros.
Artículo
Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 4 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).
COLABORA2026
Artículo
Sin William Shakespeare no leeríamos tal y como lo hacemos en la actualidad. Sus obras dramáticas han dado forma a la literatura hasta nuestros días, y la mayoría (como Romeo y Julieta o Hamlet) forman parte del imaginario de la historia literaria.
A pesar de que no se dedicara a la filosofía, su obra refleja una inquietud constante por el despliegue de las pasiones humanas, la moral, la identidad y la naturaleza del poder. También trata la profundidad ontológica y agudeza ética a través de una obra interpretativa para el lector: no hay ni doctrinas ni soluciones definitivas.
Hamlet: ¿ser o no ser?
Una de las tragedias más conocidas del autor, Hamlet versa sobre la venganza del príncipe de Dinamarca por la muerte de su padre a manos de su hermano. La principal idea filosófica que presenta la obra es la distancia entre el presente y el destino, puesto que constantemente Hamlet reflexiona sobre un destino catastrófico que parece sepultar su vida, a pesar de que hace todo lo posible por evitarlo.
El famoso soliloquio encabezado por «ser o no ser, esa es la cuestión» parte de una reflexión de su madre, que le explica a Hamlet que el destino de todo ser humano es la muerte, «que todo lo que vive ha de morir, / ha de pasar de la naturaleza / hacia la eternidad».
«Ser o no ser, esa es la cuestión; / si para nuestro espíritu es más noble sufrir las pedradas y dardos de la atroz fortuna / o levantarse en armas contra un mar de aflicciones / y oponiéndose a ellas darles fin. / Morir para dormir, no más; ¿y con dormirnos / decir que damos fin a la congoja y a los mil choques naturales / de que la carne es heredera? / Es la consumación / que habría que anhelar devotamente. Morir para dormir. Dormir, soñar acaso; / sí, ahí está el tropiezo: que en ese sueño de la muerte / qué sueños puedan visitarnos […] / Esta es la reflexión que hace / que la calamidad tenga tan larga vida, / pues, ¿quién soportaría los azotes / y escarnios de los tiempos, el daño del tirano, / el desprecio del fatuo, las angustias / del amor despechado, las largas de la ley, / la insolencia de aquel que posee el poder / y las pullas que el mérito paciente / recibe del indigno, cuando él mismo podría / dirimir ese pleito con un simple punzón? / ¿Quién querría cargar con fardos, / rezongar y sudar en una vida fatigosa, / si no es porque algo teme tras la muerte?».
El destino y el poder del deseo son temas que se repiten en la obra de Shakespeare
Esta enajenación supone una reflexión ontológica y ética. A través de Hamlet, Shakespeare se pregunta si es más noble resignarse ante el destino o luchar «contra un mar de aflicciones». Y expresa una pulsión que presenta la muerte como un fin casi deseable, como un posible descanso que lo liberará del sufrimiento. Sin embargo, el miedo a la incertidumbre y a lo desconocido es lo que hace que «la calamidad tenga tan larga vida», la libertad de morir en cualquier momento y decidirlo se antepone a las posibilidades desconocidas.
Macbeth y el vacío de la muerte
En Macbeth, un general escocés que recibe la predicción de tres parcas (tres hilanderas del destino), se deja llevar por la ambición y se ve tentado a matar al rey Duncan I de Escocia para usurpar su trono. El destino y el poder del deseo son temas que se repiten en la obra de Shakespeare. Así, el autor reflexiona sobre la cuestión ética frente a la corrupción de la naturaleza humana. Macbeth, a través de los actos macabros de la trama, no actúa de forma involuntaria. La ambición y la manipulación moral se presentan como fuerzas que corrompen la naturaleza humana y Shakespeare presenta la relevancia de la responsabilidad individual y las consecuencias inevitables frente al destino de actos de poca moralidad.
Uno de los soliloquios más conocidos de Macbeth, en la quinta escena del quinto acto, se pronuncia tras el anuncio de la muerte de su esposa: «Debería / haber muerto más tarde: habría habido entonces / un tiempo para tal palabra como esa. / Mañana, y mañana, y mañana, avanza / escurriéndose a pasitos día a día, hasta / la sílaba final del tiempo computado / y todos nuestros ayeres han alumbrado, necios, / el camino a la polvorienta muerte. ¡Fuera, fuera, / breve candelilla! / No es la vida más que una / andante sombra, un pobre actor que se pavonea / y se retuerce sobre la escena su hora, y luego / ya nada más de él se oye. Es un cuento / contado por un idiota, todo estruendo y furia, / y sin ningún sentido».
Macbeth medita sobre el paso del tiempo, que se deforma cuando se pierden el sentido y la motivación vital. Shakespeare presenta a un Macbeth nihilista, que critica tanto la historia de su vida como la historia de la vida de su esposa, Lady Macbeth.
COMENTARIOS