Entrevista a Quantum Fracture
«Tener cultura científica puede incluso salvarte la vida»
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Es casi un cliché aborrecer la Física y las Matemáticas, ya que son muchas las personas a las que las fórmulas y los números se les hacen cuesta arriba. No obstante, José Luis Crespo, más conocido como Quantum Fracture, demuestra que no es por falta de interés o curiosidad por parte de la ciudadanía. Su canal de Youtube, centrado en matemáticas y ciencias como la física y la química, suma casi 4 millones de suscriptores. Miles de visitas de personas que buscan entender los entresijos de nuestro universo.
Creciste en un entorno donde predominaban las letras, sobre todo por parte de tus padres. ¿Qué te llevó a inclinarte por el camino científico?
Mi padre sabe muchísimo de literatura y mi madre de historia y antropología. Son bastante empollones y siempre han alimentado mi interés por cosas culturales.
Cuando tengo 13 o 14 años empiezo a interesarme mucho más por la física. Es precisamente en YouTube, en ese YouTube primigenio, donde encuentro un documental estadounidense llamado El universo elegante, sobre la teoría de cuerdas. Caló en mí y, a partir de ese momento, me convertí en un gran consumidor de divulgación científica.
Creadores de contenido como Henry, de MinutePhysics, me enseñaron que se podía hacer divulgación de una manera diferente. Me quedé flipado con el formato y con 17 o 18 años empecé a plantearme: «¿Y si hago yo algo así en español?».
Muchas personas conciben este tipo de conocimiento como algo extremadamente complejo o inaccesible, especialmente si no se cuenta con una sólida base de formación al respecto.
No es inaccesible, pero sí de difícil acceso. Entender bien la física requiere esfuerzo, trabajo y saber mucho. Pero eso no quita que puedas comprender sus trazos esenciales.
«La física nos resulta inaccesible porque requiere conocer el lenguaje de las matemáticas»
Todo conocimiento tiene una especie de capa superficial y conceptual. Las matemáticas y la física nos resultan inaccesibles porque requieren conocer un lenguaje especial para poder entenderlas, el lenguaje de las matemáticas.
Lo bonito de hacer divulgación es que supone un reto: hasta qué punto puedes bajar al barro, intentar no hablar en ese lenguaje y traducirlo a algo mucho más sencillo y conceptual, a ese primer nivel que todo el mundo pueda comprender. Esto requiere un esfuerzo por parte del divulgador. Esa es la magia de nuestro arte.
¿Crees que es importante que todo el mundo comprenda estos conceptos más elevados de física y matemáticas?
Creo que es importante que la gente tenga cultura científica. Hablamos mucho sobre la importancia de la cultura, pero esta cultura la asociamos al conocimiento de letras –sociología, historia, política, arte– y, muchas veces, la ciencia queda fuera.
Hay personas a las que identificamos como cultas y que, sin embargo, no saben absolutamente nada de ciencia. Yo concibo la cultura como un todo, y saber de ciencia también forma parte de ser culto.
Vivimos en un mundo un poco hostil en ciertos sentidos, en el que tener conocimientos científicos también es importante. Sin ir más lejos, en el caso del cambio climático, políticamente nos llevan de un lado a otro muchas veces aprovechándose de que no entendemos los aspectos científicos que hay detrás. Y ya ni hablar de las cuestiones médicas y de la pseudociencia. Tener cultura científica puede incluso salvarte la vida.
Sin embargo, hay algunos temas que son mucho más sensibles que otros. Y luego está, simplemente, el placer que uno encuentra en entender cómo funciona el universo a un nivel elemental. Para alimentar esa sed de conocimiento, tenemos internet. Una de sus grandes bellezas es que está a disposición de cualquiera, de forma gratuita y con fácil acceso.
¿Cuál dirías que es la fórmula para convertir en accesible y hasta incluso divertido el conocimiento más complejo?
«La ciencia queda muchas veces fuera de la cultura»
Divulgar es un acto creativo en el que muchos elementos pueden juntarse. Por eso yo diría que no hay fórmula. Hay gente que utiliza formatos audiovisuales, otra que hace monólogos, otros pódcasts. La diferencia entre tener apoyo visual y no tenerlo puede ser un mundo.
Con esa libertad total y completa, lo único que hay en común entre todas ellas es el rigor científico. Tenemos el compromiso de contar las cosas de manera concreta y muy precisa y, aunque hay cierta flexibilidad, tenemos que respetar el material original.
En la actualidad, observamos cómo se habla en nombre de la ciencia para desinformar, con teorías como el terraplanismo o que la Luna no existe. ¿Por qué crees que sucede esto con la ciencia cuando, precisamente, se supone que el método y la duda son sus grandes pilares?
Esto ha ocurrido en todas las épocas. Muchas veces se han defendido ideas equivocadas en nombre de la ciencia o de grandes filósofos. Por ejemplo , los terraplanistas han existido siempre y, en muchos casos, con argumentos muy parecidos a los que escuchamos en la actualidad. Alfred Russel Wallace, codescubridor de la selección natural junto con Darwin, llegó a apostar con un terraplanista para demostrarle que la Tierra no era plana.
Pero actualmente todo esto está más magnificado porque internet permite crear canales de comunicación libres y llegar a muchísimas personas. Aun así, también tiene un aspecto positivo: esa misma libertad nos permite contraatacar desde el conocimiento científico.
Tenemos que subirnos al carro de la comunicación de la ciencia muchos más agentes para mostrar, de una forma clara y accesible, cuál es la realidad científica sobre un tema concreto.
¿Cuál ha sido la teoría más extraña que has tenido que rebatir desde la ciencia?
Yo creo que una que se lleva la palma y a mí me ataca personalmente como físico es la teoría de que el sol está frío.
¿Y cómo rebates eso?
Estas personas defienden que el Sol nos envía luz y por eso sentimos calor, pero que eso no quiere decir que el Sol esté caliente. Esto se puede rebatir de muchas formas. Primero que hemos mandado naves que literalmente se han desintegrado de calor. Después, está el patrón de las frecuencias de la radiación que emite: un poco de rojo, algo más de amarillo, mucha intensidad en el verde, algo menos de azul y un poco menos de violeta. Ese patrón forma una especie de tobogán o curva, y es el mismo que produce un objeto que está al rojo vivo.
Internet está lleno de desinformación, pero también de divulgación de gran calidad. ¿Cómo diferenciar la información rigurosa del ruido?
Aquí entramos en un problema filosófico muy antiguo: ¿cómo diferenciamos la verdad de la mentira? Es complicado, pero la trazabilidad de las fuentes hasta sus orígenes académicos y la revisión científica son claves, porque detrás de una afirmación hay toda una comunidad de expertos que ha comprobado si es correcta.
«En la divulgación de la ciencia del cambio climático se ha pecado de falta de rigor»
Uno de los documentos con mayor respaldo científico sobre el estado del cambio climático es el informe del IPCC. El IPCC no realiza investigaciones por sí mismo, sino que recopila investigaciones de todo el mundo, de países diferentes, de sensibilidades diferentes, y las condensa en un informe. Creo que es uno de los mayores esfuerzos que se han hecho para destilar el conocimiento y acercarse a la verdad. Yo me quedé completamente impresionado.
Tenemos que confiar un poco más en estas instituciones científicas, porque detrás de sus informes hay metodologías muy sólidas.
Aunque el cambio climático es innegable, no siempre es fácil trasladar las implicaciones y la urgencia de actuar a la vida cotidiana. ¿Crees que desde la divulgación científica se podría perfilar la forma de abordarlo?
Durante muchos años hemos estado divulgando en negativo, desde el catastrofismo, cuando en realidad la ciencia del cambio climático no dice que en 20 o 30 años esto vaya a ser el infierno, que vaya a haber llamas o que vayan a llover meteoritos. Son cambios que se producen poco a poco y que generan daños y muertes. Pero no son tan fáciles de detectar a simple vista, y muchos desastres que atribuimos al cambio climático están asociados a causas naturales, aunque detrás de ellos sí exista una influencia humana.
Psicológicamente, sería mucho más útil hablar en positivo sobre cómo hacer la transición hacia energías más verdes y descarbonizar nuestra economía. En la divulgación de la ciencia del cambio climático se ha pecado de falta de rigor al decir cosas demasiado catastróficas respecto a lo que realmente indicaban los informes y la ciencia en ese momento.
En ocasiones se cae en el error de entender la ciencia como dogma, cuando realmente es una forma de conocimiento que, por definición, se construye a partir de la reformulación constante de sus propias conclusiones. Es decir, todavía desconocemos mucho. ¿Podrías explicar la idea de que el 95% del universo es «oscuro» y la física solo entiende el 5% restante?
«El universo se está expandiendo y cada vez hay más energía oscura»
Como el universo es muy grande y nos permite observar imágenes de objetos muy antiguos, somos capaces de reconstruir cómo era cuando era un bebé. Gracias a esa imagen y a otras observaciones que hacemos del cosmos, podemos deducir de qué está hecho. Y de ahí viene ese número: la materia ordinaria, lo que se llama materia bariónica –básicamente, todo lo que está hecho de átomos (nosotros, las mesas, los sofás, los planetas, las estrellas, las galaxias, el gas que hay entre ellas, las nebulosas)–, representa alrededor del 5% de la densidad energética del universo. Solo podemos ver el 5% del universo.
Del 95% restante, que es oscuro, el 25% del contenido energético del universo corresponde a la materia oscura. Es una sustancia que genera gravedad, y por eso hemos podido detectarla, pero no sabemos de qué está hecha.
¿Y qué es el 70% restante?
El 70% es una cosa que se llama energía oscura. Es el nombre más absurdo posible, porque todo tiene energía. Sabemos que existe porque hace que el universo se expanda cada vez más rápido. Imagínate que tienes una caja con bolas, si yo hago la caja el doble de grande, podríamos decir que hay menos densidad de pelotas, porque ahora hay más caja y las mismas bolas. La energía oscura funciona al revés. Tú tienes una caja con energía oscura, haces la caja el doble de grande y hay el doble de energía oscura, se multiplica al aumentar la caja. El universo se está expandiendo y cada vez hay más espacio, por lo que cada vez hay más energía oscura.
El universo es muy curioso, hay muchas incógnitas. Por ejemplo, existe una teoría clásica, asociada al determinismo, que sostiene que si conociéramos con precisión absoluta la posición y la velocidad de todas las partículas del universo, podríamos predecir el futuro con total exactitud.
Esto implicaría que podríamos hacer predicciones perfectas y, por tanto, que nadie tiene libertad. Esto se rompe por un motivo: la física cuántica. Hay fenómenos que son acausales. Si seguimos la idea de que todo tiene causa y efecto, ha tenido que haber una primera causa para que el universo exista, y esa cosa tiene que ser Dios. Pero la cosa es que la mecánica cuántica nos enseña que hay efectos que no tienen causas, o causas que no han estado precedidas por absolutamente nada.
El ejemplo más sencillo es la desintegración de los átomos. La cuántica nos muestra que los núcleos de los átomos de repente transicionan a otros estados por puro azar.
Hay cosas que no tienen causa, suceden sin más. No podemos predecir el futuro, pero a lo mejor sí que podemos aproximarlo. Porque estos fenómenos son puramente cuánticos, y la cuántica nos permite hacer predicciones, que no tienen por qué ser completamente perfectas. A lo mejor con que sean aproximadas nos basta.
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