Entrevista a Enrique Álex
«El principal reto como viajeros es vencer el FOMO»
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Se suele decir que viajar abre la mente, pero hay personas cuyas experiencias en el extranjero no solo transforman su visión del mundo, sino también la de miles de personas. Es el caso de Enrique Álex, uno de los creadores de contenido de viajes más influyentes de habla hispana. Reconocido por su enfoque en el turismo sostenible e inclusivo, comenzó su trayectoria como divulgador en 2016, tras siete años dirigiendo su propia agencia de diseño en Madrid, hasta que decidió dejarlo todo para dar la vuelta al mundo durante casi tres años. Enrique quiso documentar cada detalle en su canal de YouTube, que hoy cuenta con más de medio millón de seguidores.
El 5 de septiembre de 2016 la empresa que fundaste cumplía su séptimo aniversario, y tú decidiste que era hora de volver a empezar: hiciste las maletas y te fuiste con tu pareja a recorrer el mundo. ¿Qué te llevó a tomar esa decisión?
Visto con la perspectiva de que ya hace diez años de aquello, un principio de depresión. Trabajaba en mi propia empresa, en el mundo de la publicidad, donde siempre hago la broma de que la gente se vuelve loca o cocaínomana. Yo me estaba volviendo loco. Y la chispa por la que había montado mi empresa ya no la tenía: estaba haciendo las cosas únicamente por dinero.
En ese momento descubrí canales de YouTube de personas de otros sitios y vi en ellos la misma chispa que yo había tenido al montar la empresa con 21 años. Decidí que quería recuperar eso y, dentro de mí, sabía que la respuesta era irme lejos, lo más lejos posible. Prácticamente el día antes de irme decidí abrir un canal de YouTube. Y así empezó todo, porque mi vida no estaba bien.
Llevas casi diez años creando contenido en redes sociales y promoviendo el turismo responsable. En una era marcada por la generación de contenido, ¿qué potencial crees que tienen las plataformas digitales a la hora de divulgar con rigor sobre destinos, viajes, turismo o sostenibilidad? ¿Cómo diferenciar la paja del trigo?
Las plataformas digitales pueden ser un arma de doble filo y tenemos que ser muy exigentes con el contenido que consumimos en cuanto a la coherencia y el fondo del mensaje.
«No podemos pensar que el turismo significa destrucción»
Todos nos hemos visto atrapados en el scroll infinito, y es bastante perjudicial la capacidad de las redes sociales de robarnos nuestro tiempo y de hacernos absorber mensajes de los que no somos conscientes por el simple hecho de que nos hacen gracia.
Por ejemplo, los vídeos divertidos o «monos» de animales. Realmente estás aceptando un marco en el que ese animal está siendo utilizado. Tenemos que intentar no consumir lo que nos sirve el algoritmo, sino elegirlo. Por eso a mí me gusta hacer formato largo. Hay una oportunidad en los creadores de contenido para cambiar el rumbo del consumo online hacia cosas con un poquito más de valor.
Desde tu amplia experiencia recorriendo, pero también estudiando y analizando destinos turísticos por todo el mundo, ¿cuáles dirías que son los desafíos principales del modelo turístico?
Pues creo que el principal reto como viajeros es vencer ese FOMO que nos dan las propias redes sociales. Muchos destinos para los que el turismo es importante han necesitado históricamente que hubiera personas que fueran allí a promocionar ciertas actividades, lo que pasa es que ya están viendo las consecuencias. Por ejemplo, en Filipinas muchos turistas querían nadar con el tiburón-ballena. Esto se podía excusar hace 15 o 20 años, pero hoy en día tenemos que ser críticos. Hacer esta actividad obliga al tiburón-ballena a estar ahí todo el año: se le da de comer, se rompen sus patrones migratorios, se rompen sus patrones reproductivos, y adiós a toda la cadena trófica. Es un reto que la gente lo entienda.
Por eso intento ser muy cuidadoso con no hacer contenido con hooks como «las X cosas que tienes que ver en X lugar». Todas esas promesas son muy dañinas para los destinos porque la gente llega a tratarlos como un parque de atracciones y a exigirle al destino que le dé experiencias, en vez de intentar entender lo que está viendo.
Te quería preguntar por el modelo turístico de España. En RTVE presentaste el programa Esto es España, donde tu misión era redescubrir nuestro país y mostrarlo desde una perspectiva actualizada, inclusiva y con la mirada puesta en el futuro.
Desde mi lado como creador de contenido, se ha vuelto muy complicado hablar del turismo en España. La masificación es una gran problemática, sobre todo en lugares como Canarias o Baleares, donde las personas se están teniendo que ir de los sitios en los que llevan toda la vida viviendo. Da la sensación de que el turismo en España es negativo, y no es siempre así.
«La gente trata los destinos como parques de atracciones, en vez de intentar entender lo que está viendo»
El año pasado hice un vídeo sobre turismo alternativo en Menorca, donde hay un problema importantísimo de estacionalización que afecta a la población y a la industria. Intenté hablar de un turismo diferente, que ponía en valor el pasado histórico de Menorca, y la gran mayoría de los comentarios eran de hate. Da igual lo que digas, ser influencer de viajes tiene mucha connotación negativa.
España es uno de los tres países más visitados del mundo todos los años, y a la vez tiene el problema de la vivienda, que arrastra a muchos otros sectores. Por eso, como creador de contenido es muy complicado hablar del turismo, pero la realidad es que sigue siendo muy necesario.
Grabando el programa estuve en lugares como Oliete, Teruel, que, gracias al turismo responsable, ha conseguido llevar a cabo el proyecto de Apadrina un olivo. Oliete estaba muerto, se estaba cayendo a pedazos. Y ahora en él viven personas jóvenes, empleadas para este proyecto. Es uno de los muchos ejemplos de que el turismo tiene esta capacidad constructiva que decía antes. No podemos pensar que el turismo significa destrucción, sin pararnos a ver todas las zonas grises que hay entre medias.
Y en este sentido, ¿crees que viajar puede despertar una mayor conciencia medioambiental y fomentar ese respeto?
Depende. Hay gente que viaja para confirmar sus prejuicios y, aunque creo que viajar puede enseñar muchas cosas, en general, quienes viajan están más en exigirle al lugar que en educarse. No creo que viajar, a menos que veas una atrocidad, te cambie, porque siempre lo ves desde la distancia.
Mencionas el tema de los prejuicios, y sabemos que has aprovechado tu plataforma para visibilizar la realidad del colectivo LGTBIQ+ a nivel global. ¿En qué punto nos encontramos respecto a la aceptación y protección fuera de España? ¿Crees que viajar a países que persiguen a personas del colectivo es una forma de blanquear sus políticas o, por el contrario, que el intercambio cultural podría favorecer su apertura?
Siempre pongo el ejemplo de Marruecos y Egipto, que son desde hace décadas dos de los países más visitados del mundo. Marruecos todavía tiene tres años de pena de cárcel para las personas homosexuales, Egipto tiene diecisiete. En Egipto, además, la policía hace redadas en redes sociales de citas para cazar especialmente a hombres homosexuales. En estos casos, el turismo que han recibido estos países no ha servido para nada.
Yo no voy a criticar a nadie que tenga unos principios diferentes a los míos, pero no voy a viajar a Emiratos Árabes Unidos, aunque me hayan ofrecido cantidades de dinero, para hacer como que no pasa nada.
Con nuestro dinero –y, al final, cuando estamos viajando estamos pagando– se validan ciertas cosas. Si esos países perciben que están perdiendo una fuente de ingresos por tener unas leyes, quizás las cosas cambien.
«Si un lugar no te gusta es más por cómo estás en ese momento que por el lugar en sí»
También es verdad que viajamos con un privilegio blanco. Por ejemplo Uganda ha introducido la pena de muerte para los hombres homosexuales, pero yo como señor blanco occidental no voy a estar sujeto a ella. Por eso hay gente que viaja y dice «yo no he tenido ningún problema, estás exagerando».
Sin embargo, estamos indudablemente mejor que hace 10, 20, 30 años, aunque falta muchísimo por hacer.
A mí me siguen pasando cosas de este estilo, de llegar a un hotel con mi pareja y decirme que la reserva está mal porque hemos pedido una cama de matrimonio en vez de dos camas. En Sudáfrica una vez hasta me dijeron que sus camas no podían soportar el peso de dos hombres.
Cuando me preguntan entre risitas si mi acompañante es mi primo o mi hermano, yo siempre digo que mi novio o mi marido. Ahí se acaba la conversación, y quiero pensar que les he ayudado a ver una realidad a la que en su país no están acostumbrados. Al final te ayuda a abrir la mente.
Igual que a mí ver vídeos en YouTube me hizo salir de la cama y ponerme a viajar, hay gente a la que ver mis vídeos le ha servido para cambiar de trabajo, para divorciarse después de 30 años intentándolo o para decidir vivir su vida libremente. Y para mí esta es la verdadera capacidad transformadora de las redes sociales.
¿Cuál ha sido el viaje que más ha transformado tu manera de ver el mundo y por qué?
Irónicamente, el primer viaje que me marcó de verdad, lo hice con 14 años. Fue a Egipto, con mi madre. Fue la primera vez que desarrollé cierto sentido del interés y espíritu crítico. Pero en estos últimos 10 años, he aprendido que si un lugar no te gusta, es más por ti y por cómo estás en ese momento que por el lugar en sí. Los viajes son transformadores según el punto en el que uno esté.
Luego hay lugares con los que conectas más o menos. En Estados Unidos he estado mil veces y no lo consigo; conecto mucho más con Asia y con Latinoamérica. En mi ranking estarían Filipinas, Nueva Zelanda, México y Japón.
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