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Economía circular, proyecto de futuro

Las buenas prácticas de los municipios, unidas a las estrategias de colaboración público-privada y el cambio en los hábitos de consumo, son claves para promover la sostenibilidad de los territorios.

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Borja Rebull
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De acuerdo con las Naciones Unidas, para 2050, el 68% de los habitantes de la Tierra vivirá en zonas urbanas, con el consiguiente aumento de la producción de residuos y la emisión de gases de efecto invernadero. Aunque las instituciones europeas, así como las administraciones estatales y autonómicas, han aprobado leyes y recomendaciones medioambientales, el camino hacia la sostenibilidad todavía es escarpado.

Para avanzar hacia ese futuro sostenible necesitamos un presente en el que los distintos actores sociales —ciudadanía, empresas y gobiernos— se impliquen en la búsqueda de soluciones. Precisamente, el encuentro organizado por Ethic y la entidad sin ánimo de lucro Signus (Sistema Colectivo de Gestión de Neumáticos Fuera de Uso), abordó los diferentes prismas desde los que se puede contemplar el nuevo paradigma de la economía circular.

El rol de la administración local

Casos como el del Ayuntamiento de Getafe —que en 2022 recibió el premio de Buenas Prácticas de Economía Circular en la categoría de «minimización del uso de recursos naturales» de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP)— sirven de punto de referencia para guiar el cambio. En la localidad madrileña opera la empresa municipal LYMA, que trabaja constantemente en la mejora del sistema productivo y en la eficacia de los servicios. «Desde 2021 visitamos a todas las empresas, tanto grandes como pequeñas —más de 2.000— para hablarles de la gestión de residuos. Hemos hecho una campaña muy importante visitándolas una por una, adaptando nuestros servicios a las que no tienen capacidad de gestionarlos, y enseñando a las grandes corporaciones que es su obligación hacerlo, no del Ayuntamiento», explica César Rico, director de producción de LYMA.

Por su lado, el Ayuntamiento de Fuenlabrada también está fuertemente involucrado en la apuesta circular. En 2023, su planta de tratamiento, inaugurada hace 25 años, recuperó 8.800 toneladas de residuos. «Uno de los mayores retos es que con los años los residuos van cambiando, por tanto, las soluciones también tienen que hacerlo. En nuestro municipio hay catorce recogidas —separadas en setenta flujos logísticos diferentes—, y cada día hay que incorporar una más; la próxima que vamos a introducir es la de vapeadores, que funcionan con una minúscula pila de litio», explica Ricardo Luís Izquierdo, director general de Economía Circular del Ayuntamiento. Los nuevos productos precisan nuevos medios, aunque hay algo a lo que Izquierdo considera necesario apelar: la correcta aplicación de la responsabilidad del productor, así como la repercusión en el precio del producto, teniendo en cuenta que ciertos materiales precisan de un tratamiento especial.

Ricardo Luís Izquierdo (Ayuntamiento de Fuenlabrada): «Los residuos van cambiando, por tanto, las soluciones tienen que hacerlo»

Asumiendo esa responsabilidad, Signus incorpora la circularidad en sus procesos a través de la transformación de los neumáticos usados en materiales que pueden tener distintas aplicaciones. Por ejemplo, «tienen un gran potencial en distintos espacios, como los pavimentos de seguridad de parques infantiles o el asfaltado de vías urbanas, entre otros», explica Leticia Saiz, directora de Desarrollo e Innovación de Signus.

Leticia Saiz, directora de Desarrollo e Innovación de Signus

Sin embargo, han aparecido reticencias por parte de compañías que producen materias primas y para las cuales estos nuevos procesos suponen pérdidas económicas. «Cuando el material reciclado compite con el que ellas están produciendo, se meten con el producto sostenible que tú introduces en el mercado. ¿Cómo convencer a una empresa de que su producto estrella compite con un polvo de caucho procedente de un neumático? La Administración tiene que demandar esos productos para que intenten entrar en el mercado, si no, acabarán muriendo», apunta Saiz.

Reto social

De cara a esto, advertir el ciclo completo de vida de los productos, como sostiene Jovita Moreno, profesora de Ingeniería Química de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, es fundamental. «Por un lado, está la fase de producción, cuando se fabrican los objetos, y tenemos que atender cómo mejorar la circularidad. Muchas industrias ya trabajan con el ecodiseño, es decir, aumentando la tasa de uso de materiales reciclados o de eficacia de los sistemas», advierte. Y añade que luego se pasa «a la fase de uso y consumo de los productos, y aquí tenemos que cambiar hábitos y optar por cosas que sean reutilizables, reparables. Lo último sería el fin de vida, el reto de los residuos donde las administraciones locales son las impulsoras de una buena gestión». Así, la investigadora deja claro que en todo este proceso existe un reto social porque, cuanto más separación de residuos se produzca en origen, mayor será la valorización y la sostenibilidad en el fin de vida del producto.

Opciones como la reparación de objetos o la compra de prendas y productos provenientes del reciclaje son más amables con el medio ambiente, aunque a veces el precio aumente con respecto a la compra de otros elaborados con materias primas. Por eso, una ciudadanía pertinentemente informada sobre los procesos se convierte en una ciudadanía con potencial colaborador. Eso sí, señala Rico, «cuesta que alguien decida pensar en el coste medioambiental».

Leticia Saiz (Signus): «Hemos detectado qué aplicaciones puede tener el neumático reciclado y hemos elaborado una guía ofrecer el caucho»

En cualquier caso, la colaboración público-privada se asienta como una de las bases de la economía circular. A modo de ejemplo, Saiz resalta que «hemos detectado qué aplicaciones puede tener el neumático reciclado y hemos elaborado una guía para ofrecer el caucho». Pero también es necesario tener en cuenta el reto tecnológico. «En sectores como el textil, ¿cómo hacer procesos para reciclar, sobre todo, los residuos complejos? Hay productos con múltiples tipos de materiales. En el laboratorio podemos hacer mucho, pero esos procesos tienen que ser trasladables a la industria de una manera económicamente factible y medioambientalmente mejor a lo que tenemos hoy», explica Moreno.

No obstante, aunque hay preguntas para las que aún no tenemos respuesta, es importante no perder de vista lo importante. «Hablamos de sobrevivir como especie a todos los niveles. No podremos hacerlo si no podemos proteger el medio que nos da la vida», concluye Moreno.

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