Internacional

Guerra, represión y homofobia: por qué los rusos también huyen

La guerra en Ucrania ha empujado a algunos rusos al exilio. El endurecimiento de la censura, la llamada a filas o la represión contra la comunidad LGTB ha llevado a que algunos de sus habitantes abandonen el país.

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Yuliia Matsveiko
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24
Feb
2023

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Yuliia Matsveiko

Ha pasado ya un año desde que Vladímir Putin lanzó su primera ofensiva contra Ucrania. La invasión, que ha puesto en jaque el tablero internacional, ha cambiado por completo la vida de todos los ucranianos, pero no solo la de ellos. También ha dado un vuelco a la existencia de muchos rusos.

Los ciudadanos gobernados por Moscú comenzaron a ver en las primeras semanas de ofensiva como la represión contra la población aumentaba, las sanciones económicas amenazaban y aparecía un fundado miedo a ser llamado a filas. La censura en el país alcanzó nuevas dimensiones cuando el Kremlin bloqueó el acceso a múltiples medios de comunicación independientes por sus publicaciones sobre la guerra. Las principales cabeceras independientes cerraron.

Ante esta situación de terror e incertidumbre, en los primeros días del conflicto comenzó un éxodo masivo de población rusa hacia decenas de destinos repartidos por todo el mundo. Fue una huida del país que repuntó especialmente a partir de septiembre de 2022, tras anunciar Putin el inicio de la «movilización parcial» de ciudadanos para luchar en el frente. Esto provoco que alrededor de 200.000 hombres en edad militar abandonasen el país.

«Me han llamado a las filas»

El de Vitaly Aguilar es uno de estos casos de jóvenes rusos que han huido para evitar ir al frente: «Me han llamado a las filas, ya que hice la mili obligatoria en Fuerzas Armadas de Rusia de Élite». Ante el temor fundado de acabar en primera línea de batalla, el 8 de octubre de 2022, el joven de 28 años y su esposa huyeron de Rusia. Querían que su destino fuese España, ya que Vitaly tiene una fuerte relación con Sevilla, donde ha pasado varios veranos desde los 8 años en el marco de un programa de acogida estival.

«Nos pueden perseguir, mandarme al frente o meternos en la cárcel. Y ahora tenemos más peligro porque hemos salido en la prensa española»

La primera parada del periplo para escapar de la guerra fue Marruecos, por su cercanía con la Península Ibérica y donde iban a esperar hasta obtener un visado para entrar en España. Pero, por desgracia para el joven matrimonio, tanto Rabat como Madrid se los han denegado y «ahora estamos en Corea del Sur, donde vamos a intentar solicitar el visado». La madre de acogida hispalense de Vitaly, Carmen, está pidiendo ayuda al Gobierno para que le dejen volver a España: «Con la mano en el corazón, piensen que tienen un hijo en esta misma situación. Somos su familia y queremos que esté aquí».

El veinteañero tiene claro que no volvería a su país «porque nos pueden perseguir, mandarme al frente o meternos en la cárcel. Y ahora tenemos más peligro porque hemos salido en la prensa española».

«Rusia ha cambiado mucho»

Para Katya, «Rusia ha cambiado mucho, ahora es un país diferente. Se está volviendo más terrible y peligroso cada día». La joven salió el 30 de junio rumbo al norte de España ante el aumento de la represión, que ha crecido especialmente contra el colectivo LGTB al que pertenece.

«Rusia ha cambiado mucho, se está volviendo más terrible y peligrosa cada día»

«Como persona LGBT que soy, Rusia se ha vuelto peligrosa para vivir. Me han pasado muchas cosas malas por ser una persona LGBT, pero hubo un punto de inflexión en el que me di cuenta de que ya no podía vivir en Rusia: el comienzo de la guerra», cuenta la joven, que ha pedido asilo a España por su identidad sexual.

Tras el comienzo de la invasión, Katya cuenta que el Kremlin «endureció aún más su política interna de intolerancia y represión también para las personas LGBT» y señala que las organizaciones que ayudaban a las personas del colectivo comenzaron a desaparecer. Además, añade que «recientemente aprobaron una nueva ley homófoba, la ley de prohibición completa de la propaganda de relaciones sexuales no tradicionales, preferencias y cambio de sexo entre personas de todas las edades».

A todo ello hay que sumarle que se considera «una persona pacifista» y para ella «es imposible vivir en un país agresor». «Es aterrador vivir ahora en Rusia, especialmente para las personas que tienen cerebro, adecuación y su propia opinión. Tengo la sensación de que mi casa se quemó, que ya no existe», concluye esta joven.

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