Medio Ambiente

Bilbao Zerbitzuak: el cementerio más sostenible de España

El cementerio municipal de Bilbao tiene instaladas placas solares en la cubierta de sus edificios y promete convertir toda su flota en vehículos eléctricos, además de instalar puntos de recarga. Sin embargo, también hay otras iniciativas pioneras que reducen la huella de carbono en el final de nuestra vida, como las urnas biodegradables o la creación de jardines y fuentes dentro de los camposantos donde los familiares pueden esparcir las cenizas de manera controlada.

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31
Oct
2022
cementerio

Además de la tradicional Gaztañerre Eguna –la fiesta de las castañas–, el País Vasco podrá celebrar cada otoño que el cementerio municipal de Bilbao se convirtió en el más sostenible del país en 2022. Así lo decidió el jurado de la VII edición del llamativo Concurso de Cementerios de España cuando reconoció al Bilbao Zerbitzuak como el camposanto con la mejor iniciativa ambiental, puesto que se alinea con la estrategia de su ciudad para ser neutral en CO2 y resiliente al cambio climático.

Cada año, este certamen premia el mejor cementerio, el mejor monumento, la mejor actividad pública realizada en un cementerio y el cementerio más bonito, este último elegido por votación popular a través de la web. Uno de los motivos que más llamó la atención en el caso del Bilbao Zerbitzuak fue la instalación de placas solares fotovoltaicas en la cubierta de sus edificios para que funcionen en régimen de autoconsumo: la energía sobrante, además, pasa a la red eléctrica, por lo que el recinto obtiene una compensación por excedentes en la factura de la electricidad.

Además, el cementerio promete convertir toda su flota de vehículos de combustión en vehículos eléctricos e instalar puntos de recarga para coches eléctricos. Por haber sido el ganador de esta edición, tiene 5.000 euros para reinvertir en sus iniciativas ecológicas.

Y es que, en materia de sostenibilidad, los cementerios convencionales son otro de esos lugares que necesitan adaptarse al contexto actual de la situación climática: según cifras de The Ecology Action Center, un entierro consume aproximadamente 4.500 litros de líquido de embalsamiento a base de formaldehído (una sustancia química inflamable), 97 toneladas de acero, 2.000 toneladas de hormigón y miles de metros de madera, muchas veces de origen exótico. Por su parte, la cremación utiliza 92 metros cúbicos de gas natural y libera entre 0,8 y 5,9 gramos de mercurio al aire y al agua. En otras palabras, equivaldría a un viaje en coche de 800 kilómetros.

‘Descansar’ en el jardín

Las iniciativas como el uso de energía solar, la innovación de los hornos crematorios para reducir su contaminación, la creación de áreas de duelo verde y los cementerios-jardín respetuosos con los ecosistemas se han estado poniendo en marcha en España para hacer que los camposantos sean más sostenibles.

Las emisiones que produce una cremación equivalen a las de un viaje de 800 kilómetros en coche

Uno de los pioneros ha sido el cementerio comarcal Parc de Roques Blanques de Papiol (Barcelona), que da a los dolientes alternativas verdes para realizar los funerales como el bosque de la calma, que consiste en enterrar una urna biodegradable y plantar al lado un árbol con una placa que identifica el nombre del difunto. O la opción árbol familia, que cuenta con árboles más antiguos que permiten inhumar hasta cinco urnas biodegradables como si fuera una sepultura familiar. Estos proyectos, cada vez más populares, han permitido al cementerio contribuir a la reforestación de la sierra de Collserola con árboles autóctonos y a hacerles frente a los incendios y la tala indiscriminada. Además, es una forma más limpia de responder a la creciente demanda de incineración funeraria.

Algunos cementerios, como el de Puente Genil en Albacete, se han apuntado a crear jardines y fuentes dentro de sus recintos donde los dolientes puedan esparcir las cenizas de manera controlada. Por otro lado, el de Teguise, en Lanzarote, ha recuperado caminos y servidumbres de paso para comunicar el cementerio con las poblaciones y fomentar el desplazamiento a través de caminos de herradura, cañadas y zonas verdes.

Otro de los grandes propósitos es la preservación de la fauna y la flora autóctonas. Por ejemplo, el Cementerio Municipal del Prat (Barcelona) se ha apuntado a ser una extensión natural de los espacios protegidos del delta del río Llobregat. Entre sus acciones están preservar las poblaciones de aves y lagartijas amenazadas por plaguicidas y por la proximidad de los núcleos urbanos, además de potenciar la población de murciélagos, clave en el control de plagas de insectos.

El año pasado, el Instituto Nacional de Estadística registró más de 450.000 defunciones en España. Si se estima que una sola cremación equivale a conducir 800 kilómetros en coche, estaríamos hablando de cientos de millones de kilómetros al año. Transformar los cementerios para que reduzcan su impacto medioambiental contribuye a reducir la huella de carbono, esencial en coyunturas de crisis climática y energética.

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