Sociedad

«Una madre no debería tener que renunciar a su carrera, pero tampoco a ver crecer a sus hijos»

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28
Jun
2022
Laura Baena

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En su último libro, ‘Yo no renuncio’ (Lunwerg), Laura Baena, fundadora del Club Malasmadres, expone una realidad invisibilizada en nuestra sociedad que afecta a cientos de miles de mujeres: cómo ser madres acaba penalizándolas tanto a nivel laboral como personal. Baena, también autora de ‘Soy una buena mala madre’ (Lunwerg), creativa publicitaria y emprendedora, expone las creencias sesgadas sobre la maternidad, invitando a reflexionar sobre qué es exactamente ser madre en este siglo y las renuncias que conlleva, para construir una maternidad más igualitaria y amable en las generaciones futuras.


¿Qué es una mala madre? ¿Hay muchas?

Una mala madre con mucho sueño, que intenta romper con el mito de la madre perfecta y vivir la maternidad con libertad, lidiando con la culpa y luchando por una conciliación real. Y que se toma la maternidad con humor, porque sabe que lo está haciendo lo mejor posible y necesita malamadrear de vez en cuando para no perder la identidad como mujer.

Tu iniciativa de El Club de las Malas Madres surge en 2014 a raíz de la cuenta de Twitter @malasmadres, donde querías desmitificar la maternidad. ¿Afectan los estereotipos sociales alrededor de las madres?

Afectan y mucho. Tenemos un modelo social de maternidad que ha quedado obsoleto: hemos pasado de una madre abnegada, que renunciaba a todo, a una madre superwoman que parece que no puede renunciar a nada, que no se puede quejar y que tiene que llegar a todo y llegar bien. Es un modelo que genera mucha culpa y estrés, y que las madres estamos pagando con nuestra salud mental. Hay que demostrar que el problema no está en nosotras, sino en el sistema. La responsabilidad de la salud maternal debe ser de toda la sociedad. Necesitamos cambiar el modelo, apostar por la corresponsabilidad en todos los ámbitos, dentro y fuera de casa. Si no llegas a todo, sientes que no eres suficiente y entonces te frustras y te sientes sola. De hecho, siete de cada diez mujeres sienten la soledad en la crianza, según nuestro estudio Las invisibles. Hay que romper los silencios cómplices y liderar una verdadera revolución.

¿Cómo te afectaron a ti?

No entendí nada. Me sentí muy engañada. Somos una generación engañada con mensajes de que llegaremos donde queramos siendo madres o que la felicidad sin la maternidad no es posible. Por suerte, me di cuenta pronto de la mentira y me declaré malamadre en Twitter para buscar apoyo y comprensión. Y me di cuenta de que no estaba sola. A partir de ahí nació un movimiento social que representa ya a más de un millón de mujeres. A esto se unió el gran obstáculo de la conciliación, ese cuento que nos creímos, que me empujó a renunciar y que luego no solo me penalizó a mí, sino a la mayoría de las mujeres de este país. Porque la maternidad es el gran techo de cristal de las madres: seis de cada diez mujeres seguimos renunciando cuando somos madres. Esto hay que pararlo.

«El sistema de maternidad actual está obsoleto: es un modelo que genera mucha culpa y estrés»

Nuestra sociedad ha heredado unos roles de género muy marcados, pero ya son muchos los sectores que los están desafiando. Nos encontramos en un momento de impasse generacional con roles están difusos, algo que puede ser confuso para muchas personas. ¿Cómo influyen en esa sensación de mala madre que tienen muchas mujeres y personas gestantes?

Te sientes un bicho raro por no conectar con el modelo imperante. No sientes que puedas seguir las normas impuestas. Pero cuando te das cuenta sientes liberación porque empiezas a ser la madre que quieres ser, más allá de lo impuesto. Necesitamos que los hombres, que muchos se declaran confundidos, entiendan que hay que hacer equipo y que tiene que ser una responsabilidad compartida para dar un buen ejemplo en las generaciones venideras.

Desde estos patrones sociales se ha enfatizado un tipo de maternidad entregada, comprometida y exclusiva. En resumen, una maternidad idealizada donde el amor de una madre todo lo puede. Pero ser madre también tiene aspectos negativos. ¿Por qué es importante poner esto sobre la mesa?

Creo firmemente que nuestra generación de malasmadres vamos a romper con esto. Pero tenemos que estar unidas, apostando por una maternidad diversa. Hemos empezado a romper el silencio, a hablar abiertamente de los aspectos ocultos de la maternidad como la depresión posparto, la falta de autocuidado, la inexistente conciliación, los retos de la educación… Esto es fundamental para cambiar el foco y que se entienda que si no podemos con todo no es nuestra ‘culpa’. Las madres generamos bienestar social, damos un bien común y futuro a la sociedad. Hay que visibilizar las tareas invisibles y los cuidados que agotan para así construir un nuevo modelo, sentirnos identificadas y poder reconocer social y económicamente la maternidad. Hay que repensar la relación entre el trabajo y la vida, sino las madres seguiremos siendo un problema laboral para las empresas.

«Las creencias limitantes existen, pero el problema viene dado por la falta de estructuras de apoyo»

Crear comunidad para no sentirme sola fue mi primer objetivo, y a partir de ahí paso de lo individual a lo colectivo. De un sentimiento propio a una necesidad social de que alguien dijera la verdad de la maternidad y, con ello, una lucha por la conciliación que es clave para que demos el paso a ser madres sin renunciar a nuestra trayectoria profesional y a nuestra vida. Las creencias limitantes existen, pero el problema social viene dado por la inexistencia de estructuras de apoyo que implique a toda la sociedad. Si nos fijamos solo en las barreras internas, las barreras externas no las superaremos nunca porque nada cambiará. Ahora nuestros objetivos son los mismos, pero con el firme convencimiento de que el poder de las comunidades puede impactar socialmente y cambiar el sistema.

En tu libro, Yo no renuncio, explicas que necesitamos una maternidad más consciente. ¿Qué hay que cambiar en la relación con lo laboral para conseguir una maternidad o paternidad mucho más sana?

Aquí hay otra mentira: el tiempo de calidad. Para maternar necesitamos tiempo, pero no poniendo en el centro solo a los niños y a las niñas, sino pensando en las madres. Sin un cambio en los usos del tiempo, sin flexibilidad laboral, sin alejarnos del presencialismo absurdo y de un sistema productivo que no valora los cuidados, difícilmente podremos disfrutar de la maternidad. Nos han hecho creer que elegimos libremente parar nuestras carreras para cuidar, que lo hacemos por amor y por instinto. Pero es la mayor trampa en la que hemos caído porque renunciamos y al Estado le sale gratis la conciliación, porque sobrevivimos como podemos, con el apoyo familiar y nuestras renuncias salariales. Asumimos un triple coste de la falta de conciliación: económico, emocional y personal. Un dato de otro de nuestros estudios: una de cada dos mujeres hemos sufrido una pérdida salarial derivada de su maternidad.

«Para frenar la renuncia profesional de las mujeres cuando llega la maternidad hay que revisar el modelo laboral y apostar por la flexibilidad»

¿Qué papel juega hoy la conciliación en la educación y crianza?

La educación es la base y nosotras el ejemplo. Hay que educar en ese cambio de roles. Nosotras lideramos, pero los hombres tienen que dar un paso atrás en sus privilegios y hacer propia la bandera de la corresponsabilidad. Los malospadres –los que renuncian, sienten culpa, asumen la carga mental y están en los chats del colegio– son menos frecuentes. La mayoría son padres ejecutores que hacen lo que les dice su pareja. Esto tiene que cambiar. Estamos trabajando en una guía para llevarla a escuelas y a empresas para así ir rompiendo con el sesgo inconsciente y la desigualdad que se destapa cuando llega la maternidad.

En ocasiones habéis hecho incidencia política, criticando que el Estado no cuida a las madres. ¿Qué puntos consideras imprescindibles en la lucha por la conciliación y por una vida no dependiente en tal medida del trabajo?

La incidencia política es uno de nuestros objetivos desde 2015. No solo presentamos nuestros estudios, sino que pasamos a la acción para proponer medidas y acciones que sean palanca de cambio. Apostamos por un Pacto Nacional de Conciliación, y hace unos meses le pedimos a la ministra Isabel Rodríguez una subcomisión de conciliación en el Congreso para comenzar este camino. Es fundamental que estas medidas la conciliación entren con la transversalidad necesaria de todos los ministerios, ya que no solo implica a Igualdad, también a Trabajo: para frenar la renuncia de las mujeres cuando llega la maternidad hay que revisar el modelo laboral y apostar por la flexibilidad (planes de corresponsabilidad en las empresas, de reincorporación tras los permisos de maternidad, etc.). Y el ámbito social también impacta en lo laboral: necesitamos redes formales del cuidado que apoyen la situación de muchas familias y también la ampliación de los permisos de maternidad, además políticas públicas que mejoren el papel de la madre en la sociedad.

¿Qué cambio esperáis que se produzca de cara a la siguiente generación de madres?

El principal: que ninguna mujer tenga que renunciar a su carrera profesional ni a ver crecer a sus hijos o hijas. Que no tenga que renunciar a su deseo de ser madre por la falta de apoyo de un sistema que nos invisibiliza y da la espalda, y que las madres por fin vivamos la maternidad con libertad, con reconocimiento social y con tiempo.

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