Sociedad

La guerra (política) de las luces de Navidad

Cuando llega diciembre, las ciudades españolas compiten en una batalla (no solo estética) por la iluminación navideña más exagerada. Más allá de Vigo y su famoso despliegue lumínico, otras urbes como Madrid, Barcelona o Málaga se jactan cada año de invertir en grandes partidas presupuestarias para estas fechas tan señaladas.

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10
Dic
2021
Navidad

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Se habla de la COP26, de los ODS, de la economía circular y de planes de descarbonización y eficiencia energética; pero llega la Navidad y resulta que lo que gusta es ser la ciudad con la iluminación más bestia. ¿Cómo es posible que en un contexto de crisis energética galopante, con las tarifas eléctricas batiendo récords diarios y la población asfixiada por el recibo de la luz, los ayuntamientos saquen pecho por tener las luces navideñas más cegadoras?

La última urbe en lanzarle un órdago a la carrera lumínica de las Navidades ha sido Vigo. La web de viajes Holidayguru apunta que el despliegue lumínico vigués incluye una dotación de once millones de luces, mercadillo, 400 altavoces, una noria gigante y un tobogán de nieve artificial. ¿El objetivo de la apuesta? «Superar los 3 millones de turistas que visitaron en época navideña la ciudad en 2020», tal y como manifestó hace unas semanas el alcalde la ciudad, el socialista Abel Caballero. En medio del subidón del encendido, Caballero soltó –medio en serio, medio en broma– perlas como que «la Navidad arranca en el planeta cuando encendemos en Vigo» y «Nueva York se nos queda pequeño».

No es el único. Prácticamente en todas las ciudades españolas se ha hecho del encendido de las luces navideñas un espectáculo de sanación colectiva. En Madrid, el canal de televisión autonómico, Telemadrid, hizo un programa especial en directo con cuenta atrás y el alcalde popular José Luis Martínez-Almeida ejerciendo de farolero mayor.

Madrid se ha gastado en la partida de luces navideñas un total de 3,6 millones de euros

Otras ciudades que pujan fuerte por el privilegio de ser las que sobreconsumen electricidad con el espíritu más navideño son Málaga –con 500 calles de su centro histórico convertidas en pistas de aterrizaje nocturnas–, Barcelona, Valencia o Zaragoza. Y si los medios materiales no alcanzan para competir en poder lumínico con estas refulgentes metrópolis, siempre se las puede vencer con otras estratagemas. El municipio malagueño de Alameda, por ejemplo, se ha significado por ser la localidad española más precoz en cuanto contaminación lumínica navideña, al adelantar su encendido al 30 de octubre.

Los responsables políticos de todos estos excesos se han apresurado a justificarlos como realizados en aras del bien común. Para empezar, defienden que el gasto no es para tanto (‘apenas’ 3,6 millones de euros en Madrid) y que todas las instalaciones se han montado con tecnología LED y sistemas de bajo consumo. Además, desde algunos ayuntamientos alegan que pagan una ‘tarifa fija’, con lo cual, el gasto casi ni se nota en el bolsillo del ciudadano. Y lo que es más importante: no debe entenderse como gasto extraordinario en electricidad, sino como inversión necesaria en felicidad y estado de ánimo colectivo ante la inminencia de las fiestas, además de un poderoso incentivo para el turismo y las compras navideñas en los comercios locales… ¡Qué demonios! ¡El año que viene hagamos el encendido en agosto!

Las urbes defienden que el decorado navideño es un poderoso incentivo para el turismo y las compras en los comercios locales

Sin embargo, las luces también sirven para marcar territorio ideológico. En la capital española, el año pasado las autoridades responsables de los festejos entendieron que no había colores que encarnaran mejor la Navidad que los de la enseña nacional y engalanaron las calles como una gigantesca bandera compuesta por miles de bombillas rojas y gualdas. 

Y es que la iluminación navideña sirve, igualmente, como excusa para la gresca entre bancadas rivales. En el ayuntamiento de Murcia, el vicealcalde Mario Gómez (Ciudadanos) llevó en 2020 ante los tribunales a su por entonces socio en el ayuntamiento de la ciudad (PP) por supuestas irregularidades en el contrato de adjudicación de la iluminación navideña. Un año y una moción de censura después, es el acusado quien le devuelve la pelota a la formación naranja y a sus nuevos socios de gobierno (PSOE) por haberse gastado, según ellos, el doble de dinero en luces que en años anteriores.

Un año más, la guerra de las luces de Navidad sigue su curso con sus disparados niveles de contaminación lumínica y el dudoso ejemplo que se da a la ciudadanía en cuanto a contención de consumo energético. Y aunque de momento Vigo no ha conseguido desbancar a Nueva York como gran bombilla planetaria, la magia de la Navidad lo puede todo. Así que tal vez, si lo desea muy fuerte y de todo corazón, el año próximo lo logre.

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