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¿En efectivo o con tarjeta (sostenible)?

Para ofrecer a los usuarios un consumo más sostenible, el sector bancario ha comenzado a eliminar el plástico de sus tarjetas de crédito, ahora fabricadas con materiales biodegradables.

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Una acción tan usual como pagar en el supermercado con una tarjeta de crédito tiene un alto coste. Y no es financiero, sino ecológico. Se debe a que, en su mayoría, las tarjetas convencionales están fabricadas con plástico, cadmio, cloro y otros componentes perjudiciales no solo para el medio ambiente, sino incluso para la salud humana. Y, hoy en día, se estima que hay alrededor de 86 millones en circulación en España.

El sector financiero ha decidido romper con esta dinámica cambiando sus sistemas de producción de tarjetas de crédito basándose en criterios ecológicos. Para ello ha emprendido un proceso de sustitución paulatina de sus soportes físicos de pago por otros fabricados a partir de materiales menos contaminantes.

Un estudio realizado por Mastercard en más de 24 países revela que el 58% de los consumidores son más conscientes de su impacto en el medio ambiente, y que el 85% está dispuesto a tomar medidas en el ámbito personal durante 2021 para combatir los grandes desafíos climáticos. Con la eliminación del plástico, el sector de la banca quiere responder a esta creciente sensibilidad social hacia el bienestar del planeta, además de integrar en su operativa su compromiso con la lucha contra el cambio climático.

CaixaBank pretende llegar a las cinco millones de unidades sostenibles en circulación antes de 2022

En España, CaixaBank fue una de las primeras entidades en recoger ese guante. En 2019 comenzó a fabricar sus tarjetas regalo con ácido poliláctico (PLA), un material procedente del almidón de maíz que es completamente biodegradable, lo que permite su eliminación limpia y sin residuos al final de su vida útil. La experiencia animó a la compañía a lanzar en agosto de 2020 su Visa & Pay, la primera tarjeta comercializada en España cuyo soporte está compuesto con material 100% reciclado.

Ahora, la entidad da un paso más en el tránsito sostenible de sus medios de pago físicos al abordar la conversión de todas sus tarjetas en materiales inocuos para el medio ambiente. Para ello, dejará de utilizar el plástico en la fabricación de estos soportes y lo sustituirá por materiales con menor impacto ambiental, de origen reciclado (PVC-R) o biodegradable (PLA). El proceso será gradual para sus 18,8 millones de tarjetas, si bien el banco calcula que a lo largo de 2021 el 85% de las nuevas ya se emitirán con materiales sostenibles, con el objetivo de alcanzar la cifra de cinco millones de unidades en circulación antes de 2022.

Alternativas sostenibles para el dinero sin plástico

El giro sostenible del «dinero de plástico» se articula, fundamentalmente, a través de nuevos materiales. El PVC-R es la alternativa con menor huella de carbono. Se obtiene a partir de materiales 100% reciclados procedentes de desechos de la industria de la construcción, reciclaje de bolsas de plástico o residuos de otras tarjetas de crédito. Además, CaixaBank también fabricará algunas a partir de materiales de origen biológico, biodegradables y que no requieren la utilización de recursos fósiles. El PLA no contiene petróleo, no es tóxico y puede reciclarse en repetidas ocasiones sin perder sus propiedades esenciales.

Tanto el PVC-R como el PLA, además de reducir el impacto ambiental de las tarjetas una vez que concluye su vida útil, también tienen procesos de fabricación menos contaminantes. En el caso del PLA, se reducen en casi un 50% las emisiones de CO₂, mientras que en la producción de una tarjeta de PVC-R se acreditan consumos de un 45% menos de agua y emisiones de carbono un 15% inferiores a las involucradas en la fabricación de una de plástico.

Otro de los objetivos que se persigue con la introducción de estos nuevos materiales y procesos productivos es incrementar la durabilidad de las tarjetas. De esta manera, se busca disminuir la frecuencia con la que deben sustituirse por otras nuevas porque acaba su vida útil o quedan inutilizadas. En este sentido, una de las causas más frecuentes de retirada prematura de soportes físicos es su desmagnetización.

Para evitarlo, CaixaBank ha introducido en sus medios de pago bandas magnéticas más resistentes. El banco también está rediseñando sus técnicas de impresión para conseguir reducir su impacto ambiental. Algo que logra a través de la personalización únicamente de una de las caras de sus tarjetas en lugar de hacerlo en ambas o sustituyendo las tintas por técnicas de impresión láser.

El itinerario circular de las nuevas tarjetas de crédito ecológicas se completa con un circuito de reciclaje para todas las unidades caducadas o en desuso. Los clientes pueden entregar sus viejas unidades en cualquier oficina de CaixaBank, donde se incorporan a un proceso de reciclado en el que se recupera el material y se le da una nueva vida y un nuevo uso.

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