Sociedad

(Re)Dibujando los límites entre lo personal y lo laboral

El muro que separa el trabajo de la vida personal corre el riesgo de derrumbarse definitivamente debido a la implantación del teletrabajo. Su (urgente) reconstrucción solo es posible a través del autoconocimiento y la capacidad para poner nuestros propios límites.

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19
May
2021
teletrabajo

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El Internet de las cosas y la era de la hiperconectividad ya habían hecho su parte. La aparición de los móviles inteligentes capaces de albergar diversas redes sociales con las que poder hablar en cualquier momento con familiares y amigos (estén donde estén) fue una ventaja. Pero estos dispositivos también abrieron las puertas a que el trabajo se fuese metiendo, poco a poco, de forma desapercibida, en esos momentos que pertenecían al espacio personal e íntimo de cada persona. Lo advirtió hasta un informe del Ministerio de Trabajo: «De la misma manera que en el entorno social se entremezcla lo privado con lo público, en el entorno laboral se desdibujan los horarios, mezclándose el tiempo dedicado a la realización del propio trabajo con el tiempo dedicado a la vida personal y familiar». Algo que pasa factura en forma de estrés y desgaste. Y la pandemia solo lo ha agravado con el teletrabajo.

En el último año, la necesidad de evitar lugares concurridos para reducir contagios ha sentado a muchos frente al ordenador de casa. De esta forma, el teletrabajo ha aumentado un 74,2% desde marzo del 2020, según un estudio de Adecco. Las consecuencias son claras: una mayor difuminación de los límites entre lo laboral y lo personal. «Se han ido fundiendo, y la sensación general es de no poder separarlos, de tener mayor carga de trabajo y más quemazón», aclara Elena Dapra, vocal del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid (COPM). ¿Qué podemos hacer para volver a dibujar esa línea divisoria?

Dapra: «Para identificar los límites es importante tener claro quiénes somos, y actuar asertivamente en consecuencia»

«Lo primero es tener claro que los límites no son los mismos para todos», aclara la experta. «Son los que cada uno quiere. Para identificar los nuestros es importante conocernos, aceptarnos, gustarnos, diferenciarnos de los demás sabiendo quiénes somos; y actuar asertivamente». Con la asertividad, Dapra quiere referirse a una serie de cualidades como saber decir que no, mostrar opiniones, manifestar ideas, hacer demandas, explicar sentimientos y pensamientos, comprender a los demás, pedir favores, comunicar los problemas…

Una vez resuelto ese autoconocimiento, nuestros límites serán –describe la experta– aquellos dentro de los que nos sintamos cómodos. Sabremos cuándo los estamos traspasando en el momento en el que no estemos a gusto con algo que hayamos hecho (o hayamos permitido que los demás nos hagan). Pero el sentimiento de disconformidad no es el único al que prestar atención. También saltará la alarma cuando cuando acabemos siendo agresivos, sumisos o pasivo-agresivos, y estas sensaciones vayan acompañadas de «baja autoestima, emociones desagradables –como frustración, rabia, enfado o tristeza–, o pensamiento rumiante», aclara Dapra.

«Es posible ponerle remedio y recuperar los límites», anima la experta. «Hay que ponerse horarios de conexión y desconexión, hacer descansos, y tener un espacio específico solo para el trabajo». Nada de trabajar desde la habitación o en el comedor. «Cuando trabajamos en la mesa en la que comemos con la familia estamos mezclando los espacios. Hay que buscar otro espacio, aunque sea una mesita en una esquina». Tampoco es válido conectarse en pijama. «Hay que vestirse, maquillarse o lo que soliéramos hacer para ir a la oficina, porque le da entidad». Que los convenientes no interrumpan en horario laboral. «Que no vengan a preguntarnos si estamos bien ni a ofrecernos agua», apunta. Y, por último, mantener el contacto frecuente en horas de trabajo con compañeros y jefes: «Hacer reuniones y hablar cada cierto tiempo ayuda para tener sensación de contacto».

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