Economía

La revolución de las canas

Iñaki Ortega, director de Deusto Business School, y Antonio Huertas, presidente de Mapfre, analizan en ‘La revolución de las canas’ (Planeta) el surgimiento de una nueva etapa vital entre los cincuenta y los setenta años, bautizada como «generación silver», y aportan una visión constructiva y abierta a las oportunidades económicas derivadas del envejecimiento demográfico.

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11
Mar
2019

Miguel de Cervantes escribió la segunda parte de El Quijote con 68 años. Steve Jobs con 56 años convirtió Apple en la empresa de mayor capitalización del mundo. La bioquímica Margarita Salas a los 69 años fue la primera mujer española en formar parte de la Academia de Ciencias Estadounidenses. Nelson Mandela llegó a ser presidente de Sudáfrica con 76 años. Goethe publicó su Fausto a los 80 años. Las tres personas más ricas del planeta tienen más de 54 años, que es la edad media de los asistentes en los últimos años al Foro Económico Mundial de Davos. ¿Alguien se atrevería a jubilar o prejubilar a todos estos personajes? Carlos Slim, emprendedor mexicano septuagenario y conocido mundialmente, lo tiene claro: «En una sociedad del conocimiento postindustrial, a los 65 años uno está en su plenitud, en su mejor momento profesional».

Pero es que además el mundo se está volviendo cada vez más viejo, y ser mayor ya no es lo mismo que antes. Cada vez más, la edad dejará de ser un impedimento. Gracias a la longevidad, el paso de los años es una oportunidad para hacer cosas nuevas. Es lo que el profesor Robert Pogue ha llamado «juvenescencia». No seremos viejos más tiempo, sino jóvenes más años. El fenómeno del envejecimiento esconde en realidad un proceso imparable de rejuvenecimiento de la población. De eso queremos hablarles: de cómo, sin darnos cuenta, ha surgido un nuevo grupo social a medio camino entre la edad adulta y ser un anciano.

«La edad cronológica se está convirtiendo en una rémora del pasado»

Los números no son complicados de hacer. Si cada año ganamos tres meses a la muerte, porque eso es lo que, grosso modo, viene aumentando la esperanza de vida en las últimas décadas, podría calcularse exactamente cuánto es ese suplemento de vida (que además es de mayor calidad) y, de paso, obtener algunas conclusiones. Una persona de 60 años que se ha beneficiado de este extra durante las últimas cuatro décadas (por poner una hipótesis conservadora) tendrá 120 meses (40 años x 3) nuevos a su disposición; es decir, 10 años de media para restar a la edad cronológica. Cada vez son más los científicos que diferencian la edad cronológica (la que se tiene por el calendario o la suma de años que han transcurrido desde el nacimiento) de la biológica (la edad que tienen los sistemas, tejidos y células de un organizamos con relación a su normal funcionamiento). Por lo tanto, en un mundo en el que la ciencia no duda de que haya mayor calidad de vida, la edad cronológica se está convirtiendo en una rémora del pasado.

Pero volvamos a esos 10 años que no estaban previstos y que podrán convertirse en cerca de 15 si aplicamos la edad real de jubilación, que en los últimos tiempos se ha adelantado varios años. De algún modo, estos nuevos años extras revientan las teorías tradicionales del ciclo de la vida. Una vida que estaba diseñada para tres etapas: la niñez, la edad adulta y la vejez. Pero ahora irrumpe una nueva etapa entre la edad adulta y la vejez, un extra de unos 15 años que no esperábamos. Quince años para vivir con canas, pero con calidad de vida, para lo cual necesitaremos tomar las decisiones adecuadas y que, además, el entorno institucional lo haga posible. Ya vemos este nuevo grupo social en esos prejubilados que siguen asesorando a empresas, en los séniores que emprenden, en esos abuelos sin los cuales las familias no se sostendrían o en esos mayores volcados en la innovación social y el voluntariado.

Si las personas tienen vidas más largas y más productivas, a lo largo de su existencia también pueden hacer un aporte económico mayor que el de los miembros de las generaciones pasadas. Pero, para que ese aporte económico pueda darse, hay que avanzar hacia medidas coherentes con la edad biológica. Se antoja imprescindible reconocer la existencia de una nueva generación que puede y debe seguir aportando. Es una nueva etapa en la vida que puede llegar a ser (si actuamos en consecuencia) una auténtica revolución de las canas.

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