Internacional

La malaria pierde posiciones

Está lejos de ser una enfermedad sitiada: mata a un niño por minuto. Sin embargo, la perspectiva arroja un poco de luz: entre 2010 y 2015, la incidencia de la malaria se redujo un 21% en todo el mundo.

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Esther Peñas
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07
Sep
2017
malaria

La malaria o paludismo sigue siendo hoy en día un adversario al que nos cuesta derrotar. La enfermedad se transmite con la picadura de un minúsculo mosquito de la especie Anopheles. Hay 465 variedades de este insecto, que mide alrededorde diez milímetros, tiene una apariencia estilizada y frágil y cuyas alas muestran un característico color oscuro.Pero resulta casi invisible al ojo humano. De esos 465 linajes, 50 pueden ser mortales, al ser portadores de un parásito, el Plasmodium. Su punción apenas se advierte, pero provoca un cuadro clínico complejo en el que la fiebre y la sintomatología asociada (dolor de cabeza, escalofríos, malestar) deriva en una afectación hepática y sistémica. Los síntomas suelen aparecen a los diez días de haber sido infectado. Si no se trata en las 24 primeras horas, puede provocar la muerte.

La manera más eficaz de combatir el paludismo o malaria es la prevención, utilizando mosquiteras, mejorando las medidas sanitarias relacionadas con el suministro de agua y con el uso de insecticidas. Pero aun así, cada año se producen entre 300 y 500 nuevos casos, que causan entre dos y tres millones de muertes, el 90% de las cuales corresponden a niños africanos. La malaria mata a un niño cada minuto. Dicho de este modo, nos hacemos una idea de lo terrorífico de esta enfermedad.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, en 2015 casi la mitad de la población estaba en riesgo de padecer malaria. Aunque la mayoría de los casos se registran en el África subsahariana, también se ven afectadas regiones de Asia sudoriental, Latinoamérica y Oriente Medio. En total, el paludismo sigue hostigando en 91 países y áreas. Los grupos de riesgo frente a la malaria son los lactantes, menores de cinco años, embarazadas y pacientes de VIH o sida, y, en menor medida, los emigrantes no inmunes de zonas endémicas, los viajeros y los grupos de población itinerante.

Por fortuna, no todos los datos son estremecedores. Hay motivos para la esperanza. Entre 2010 y 2015, la incidencia de la enfermedad se redujo un 21% en todo el mundo y la tasa de mortalidad entre los grupos de riesgo disminuyó en un 29% en todas las franjas de edad y en un 35% en los menores de cinco años. Como decía Cortázar, la vida siempre encuentra un resquicio por el que abrirse paso. Es este caso, gracias, por un lado, a la sensibilización de los núcleos de población allí donde el paludismo opera agran escala y, por otro, gracias al compromiso de entidades privadas.

Hoy en día, la artemisinina es el ingrediente clave para el tratamiento antimalárico. Se extrae de la Artemisia annua, conocida también como ajenjo dulce. El 80% se produce en China, el 15% en Vietnam y el restante 5% en Kenia, Tanzania, Uganda, Madagascar e India. El antimalárico de Novartis, registrado con el nombre de Coartem, ha recibido la preaceptación de la OMS, lo que lo convierte en la primera y única terapia combinada a base de artemisinina (TCA) a dosis altas (80/480 mg) contra la malaria disponible para su adquisición por el sector público.

A través de su Fundación Novartis para el Desarrollo Sostenible, la farmacéutica suiza está haciendo posible que el tratamiento llegue a un gran número de personas sin coste adicional. «En la última década, hemos entregado 700 millones de tratamientos antimaláricos sin ánimo de lucro en países donde la malaria es endémica, pero todavía queda mucho por hacer», explica Joseph Jiménez, CEO de Novartis. La compañía ha trabajado con sus socios para poner los tratamientos con Coartem a disposición de los pacientes del sector público con programas de donaciones del sector privado, como es el caso de la Fundación Bill&Melinda Gates.

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El trabajo de la farmacéutica con Medicines for Malaria Venture (MMV), una entidad sin ánimo de lucro fundada en 1999 y comprometida con los medicamentos antipalúdicos seguros, ya permitió el desarrollo de un compuesto de última generación, KSF153. Este compuesto «actúa contra los dos parásitos principales responsables de la mayoría de las muertes por malaria y contra la fase sanguínea y hepática del ciclo vital del parásito.Puede resultar una terapia revolucionaria contra el paludismo», especifica Jiménez.

Desde 2001, la iniciativa conjunta ha distribuido más de 800 millones de dosis sin ánimo de lucro, incluyendo más de 300 millones de tratamientos pediátricos dispensables, especialmente al sector público de países en los que la malaria es endémica.

Aunque está lejos de ser una enfermedad sitiada, lo cierto es que el empeño, la disposición y el compromiso del sector privado y público, junto con la labor continua de las ONG que trabajan en las zonas de riesgo, ha permitido que la erradicación de la malaria sea una realidad un poco más cercana.

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