Derechos Humanos

El círculo vicioso entre guerra y hambre

El número de personas aquejadas de subalimentación crónica aumentó hasta los 815 millones en 2016. El enquistamiento de conflictos y los desastres climáticos revierten la tendencia positiva de los últimos años.

Artículo

Marta H. Vázquez
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20
Sep
2017

El hambre ha repuntado por primera vez desde el año 2003, rompiendo la tendencia positiva que habíamos alcanzado en los últimos años en reducción de la desnutrición. Así lo revela el reciente informe de la FAO, El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo. La noticia sobreviene en un año en que se ha declarado una hambruna en un país (Sudán del Sur) y se han identificado varias situaciones de crisis en cuanto a la inseguridad alimentaria que corren el riesgo de convertirse en hambrunas en varios países (entre ellos, Nigeria, Somalia y Yemen).

El número de personas aquejadas de subalimentación crónica aumentó hasta los 815 millones en 2016

La organización estima que en 2016 el número de personas aquejadas de subalimentación crónica en el mundo aumentó hasta los 815 millones (en comparación con los 777 millones de 2015), si bien esta cifra todavía sigue siendo inferior a los cerca de 900 millones registrados en 2000. La situación de la seguridad alimentaria empeoró gravemente en varias zonas del África subsahariana, Asia sudoriental y Asia occidental.

Crisis directamente relacionadas con la violencia: la multiplicación, y sobre todo el  enquistamiento, de múltiples conflictos en el mundo es uno de los fenómenos causantes de esta nueva tendencia, que, de acuerdo con las conclusiones de la FAO, «todavía no está claro si el reciente incremento de los niveles de hambre e inseguridad alimentaria marcan el inicio de una tendencia ascendente, o si refleja una situación transitoria grave, teniendo en cuenta que el ritmo de las tasas de subalimentación se ha visto frenado significativamente desde 2010».

El enquistamiento de conflictos y el aumento de desastres climáticos revierten la tendencia positiva de los últimos años

La FAO advierte: «Las señales de alarma se han activado y no podemos ignorarlas: será imposible erradicar el hambre y todas las formas de malnutrición para 2030 a menos que abordemos todos los factores que socavan la seguridad alimentaria y la nutrición. Garantizar sociedades pacíficas e inclusivas (ODS 16) es una condición necesaria para este fin».

Otro agravante es la proliferación de los fenómenos climáticos, con una mayor frecuencia e intensidad. A los huracanes del Caribe ocurridos en 2017, se suman una serie de enormes, aunque menos mediáticas, sequías en algunos de las regiones más frágiles del planeta como América central, el sudeste asiático y África del este, y graves inundaciones en Latinoamérica, Kenya o la India.

155 millones de niños que tienen retrasos en el crecimiento por la desnutrición crónica

Si bien la tendencia al alza de la subalimentación no se ha visto reflejada todavía en las tasas de desnutrición infantil crónica, que continúan bajando, en el mundo siguen viviendo 155 millones de niños que padecen retraso del crecimiento. La desnutrición aguda sigue amenazando la vida de casi 52 millones de niños el 8% de los niños menores de cinco años, mientras que los índices de sobrepeso y obesidad aumentan en la mayoría de las regiones, en el caso de los niños.

Además de ser un problema de salud pública y seguridad alimentaria, la desnutrición es también un problema económico de calibre mundial: se estima que equivale a una pérdida anual del 3% del PIB mundial (y hasta un 11% en África y Asia). La otra cara de la moneda es que la nutrición y la agricultura sostenibles pueden ser una excelente inversión en desarrollo y futuro.

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