Educación

El pacto más urgente

Expertos en docencia, políticos y economistas reclaman un pacto por la educación que impulse un cambio consensuado y duradero en nuestro sistema.

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21
Abr
2016

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Luis Meyer

Hay una frase del escritor y sociólogo reformista John Ruskin que define bien las carencias de nuestro sistema educativo: «Educar a un joven no es enseñarle algo que no sabe, sino ayudarlo a convertirse en la persona que todavía no existe». En una sociedad como la nuestra, que avanza en este siglo de forma exponencial, los programas escolares pecan de vicios atávicos que los anclan a épocas pretéritas y les impiden avanzar. El filósofo y pedagogo José Antonio Marina lo tiene claro: «Hay que acortar los currículos e incluir las llamadas habilidades del siglo XXI, o lo que es lo mismo: aprender a utilizar el conocimiento, no solo adquirirlo».

Fueron algunas de las conclusiones que se vertieron a lo largo de la jornada celebrada esta semana Un pacto por la educación con impacto inmediato, organizada por Ciudadanos, que también contó con la presencia de su secretario general, Albert Rivera, y el economista Luis Garicano.

La educación es clave en el futuro de un país, pero España no está cumpliendo sus objetivos. Uno de cada tres niños repite curso antes de los 15 años. Y uno de cada cuatro no acaba secundaria. Es la cifra más baja de Europa, y es preocupante porque tienen muchas más dificultades para integrarse en el mercado laboral. El desempleo es, posiblemente, el mayor problema que hay en España, y está muy ligado a la educación. Entre las personas que han abandonado el colegio, la tasa de paro llega casi al 40%. A eso hay que unir que las universidades españolas no siempre consiguen la excelencia, y rara vez están en los primeros puestos de los rankings europeos.

«La respuesta en este país suele ser aumentar la presión sobre los docentes», dijo Garicano. Lo dice desde la experiencia: lleva 20 años impartiendo clases. «La soledad del profesor es un hecho. Soportamos la presión de directores, inspectores y padres. Tenemos que mirar a los países que mejor lo hacen. En el sureste asiático, con todos sus problemas, con su nivel de pobreza, se están haciendo avances muy significativos. Por eso tenemos que mirar hacia allí. Voy a dar tres claves: los docentes tienen que tener el mayor reconocimiento social posible; para que ningún estudiante se quede atrás, hay que poner los recursos a su disposición desde el principio, porque el fracaso es acumulativo. En estos países se les pone refuerzo, tutores desde el principio. Y por último: la enseñanza debe ser colaborativa. Tiene que haber una figura que sea el maestro de maestros. Que guíe al resto».

El acuciante problema de la educación básica en nuestro país es doble: por un lado, el bajo nivel formativo en comparación con otros países de nuestro entorno. Por el otro, unos programas de enseñanza que no son acordes a las necesidades de nuestro tiempo. Marina advierte: «Es de extrema urgencia organizar, cuando antes, un pacto educativo. Para sobrevivir, una sociedad necesita aprender, como poco, a la misma velocidad a la que cambia su entorno. El nuestro lo hace cada vez más rápido y, o tomamos nota, o nos quedamos atrás».

Garicano está elaborando un Libro Blanco por un cambio en la educación. «Nos basamos en los mejores pactos que se han hecho hasta la fecha en otros países. El de Finlandia lleva funcionando, y siendo una referencia, desde 1994. En Estados Unidos tienen una ley llamada Que ningún niño se quede atrás. Nadie duda de que en España todo el mundo quiere una educación de calidad, pero hay que concretar cómo llevar a cabo este cambio».

El filósofo concreta diferentes aspectos entorno a este problema. «La extensión, por ejemplo: para empezar, debe ceñirse a la enseñanza primaria y secundaria. Eso es lo urgente. Un pacto y cuanto antes, pero los dos principales partidos anteponen intereses partidistas a la necesidad social. El PP no firmó la propuesta de Gabilondo. Había algunos obstáculos, como que no se defendía suficientemente el castellano como lengua vehicular o la libertad de enseñanza. Pueden tener sus razones o no, pero la prioridad es vencer esos obstáculos para seguir avanzando. Hay obstáculos ideológicos, técnicos y por confusión. Y cada uno debe resolverse dentro de su ámbito. Uno de ellos es la excelencia frente a equidad. Los partidos conservadores defienden lo primero, los progresistas, lo segundo. Pero esto es una oposición maniquea. Porque los dos conceptos son compatibles».

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Para superar estas diferencias, Garicano propone una solución basada en tres cincos. «España puede tener un sistema educativo de alto rendimiento similar al de Finlandia en el plazo de cinco años. No en 20, como se está diciendo. Y en tres años, un centro educativo se puede convertir en un centro de alto rendimiento con las mismas instalaciones y el mismo profesorado. Segundo cinco: el 5% del PIB dedicado a la educación básica. Sería mucho mejor el 7%, claro, pero esa es una excusa perfecta para plantearla como excesiva y no hacer nada. Ahora estamos en el 4,23%».

El tercer cinco es lograr, a su vez, cinco objetivos educativos. «Para empezar, reducir el abandono escolar al 10%, que es lo que nos está pidiendo la Unión Europea. En segundo lugar, subir 35 puntos en el informe PISA para igualarnos con Finlandia. Este informe no es una panacea, porque no nos dice cuáles de los motivos de fracaso pertenecen a la escuela y cuáles al nivel socioeconómico del alumno, por ejemplo. Pero sí que nos da una referencia de cómo progresamos. Y compararnos con otras naciones. Otra de las metas es apostar por la excelencia y la equidad. Para que cada vez haya más alumnos buenos y menos diferencia entre buenos y malos, que en España es altísima. El cuatro objetivo se basa en dar mayor atención a los niños con necesidades de aprendizaje. En los dos sentidos: a los que tienen dificultades y a los que tienen altas capacidades». Marina recordó las conclusiones de un llamativo estudio que se hizo recientemente en Cataluña: «En España, el 18% de los alumnos tienen problemas de aprendizaje serios no diagnosticados. En Holanda y Canadá, por ejemplo, la cifra es similar, pero la diferencia es que los detectan y los atienden desde el principio y no suponen, por tanto, una presión del sistema educativo hacia abajo. Por último, el quinto objetivo se refiere a los programas educativos: acortarlos y adaptarlos a los tiempos».

El secretario general de Ciudadanos suscribió las palabras del filósofo en su turno, haciendo hincapié en la urgencia de un cambio en la enseñanza. «Si me dieran a elegir, diría que el pacto nacional para la educación es el mejor legado que podría dejar a la sociedad», defiende Albert Rivera. «Superar las reformas y contrarreformas y las ocho derogaciones de pactos educativos que ya llevamos a cuestas. No es incompatible la igualdad de oportunidades con la excelencia. Eso es maniqueísmo. Cualquiera debe poder llegar a ser lo que quiere ser. Pero para eso también hay que apuntar hacia arriba y poder dar ese nivel de excelencia. No vamos a creer que para ser iguales hay que ser igual de malos». Y extiende la responsabilidad a toda la sociedad: «Para educar a un niño hace falta la tribu entera. Un profesor, un entrenador, los padres, los medios de comunicación públicos… La educación no se cambia en el BOE, sino en las aulas y en el día a día de cada niño».

José Antonio Marina no deja lugar a dudas: «Es posible mejorar el sistema educativo en poco tiempo. Y tenemos las herramientas. También es económicamente viable. La responsabilidad recae ahora en la ciudadanía, en decir a los políticos: es posible. Háganlo».

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