Opinión

Un mundo en venta (y de rebajas)

La sensación de nihilismo que nos provocan las rebajas impuestas por esos entes difusos y de impostada intangibilidad, los mercados, nos ha llevado a cuestionar esas mentiras que hemos oído millones de veces.

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16
May
2012

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Pablo Blázquez, director de Ethic

La extraordinaria portada que el artista Óscar Gutiérrez ha diseñado para este número de Ethic se titula Deshumanización y es una reflexión en torno a la degradación de la dignidad humana en el siglo XXI al mismo tiempo que un grito desgarrado ante la violación de los derechos de los más débiles. Aunque en su caso partimos de una dimensión más abstracta y, si se quiere, más visceral -lo que responde a una lógica aplastante: se trata de una obra de arte-, a través de este acrílico sobre lienzo reconvertido por la gracia digital en nuestra página cero desembocamos, finalmente, en el mismo pliegue en el tiempo y en el mismo ángulo espacial desde el que el Premio Nacional de Letras José Luis Sampedro denuncia algo que todos sabemos y desgraciadamente casi siempre aceptamos como válido: «Lo hemos convertido todo en mercancía».

Tuvimos la suerte de pasar unas horas con el profesor Sampedro en el apartamento del sur de España donde suele retirarse a descansar de esa vida rápida, vertiginosa, que tantas veces nos impone una gran ciudad. No me quiero tirar el rollo: no os voy a decir que esa visita nos cambió la vida ni que hay un antes y un después para los que estuvimos allí. Pero la lucidez de este nonagenario a quien el tiempo ha convertido en un emblema de la dignidad ciudadana resulta absolutamente esperanzadora por la genialidad y la clarividencia con la que desenmascara esas mentiras que envuelven nuestra existencia y que nos hemos vuelto incapaces de detectar. Esas mentiras que nos han repetido millones de veces, a todo volumen y por megafonía y que solo ahora, ante la sensación de nihilismo que nos provocan las rebajas impuestas por esos entes difusos y de impostada intangibilidad, los mercados, nos atrevemos a cuestionar.

«Nos educan fundamentalmente para ser productores y consumidores», dice Sampedro en un momento de la entrevista. Entonces miro por la ventana, que es amplia como las puertas de un centro comercial, y compruebo que las olas rugen como leones hambrientos mientras las nubes me parecen bolsas de basura depositadas sobre el mar. Creo, y disculpadme si me equivoco, que es irrefutable: nuestra existencia está basada en buena medida en la ley de la oferta y la demanda.

El otro día me enviaron un libro del poeta y activista medioambiental Gary Snyder y una frase se quedó rebotando en mi cráneo como una pelota de tenis vieja y desgastada: «Nature is not a place to visit. It is home». Durante la entrevista, cuando el profesor Sampedro insiste en la ecuación entre educación e intereses económicos, el cielo se pone negro y yo pienso en un atasco a las puertas de un parque temático que se eterniza hasta nuestra muerte, que no es otra cosa que un cierre por liquidación.

Después tengo un flash back que me transporta al colegio y a una lectura que entonces me impactó mucho: El arte de amar. En este clásico, el psicoanalista Erich Fromm disecciona con espíritu divulgativo el amor en la sociedad capitalista. Es verdad que, amén de un fino regenerador de las teorías freudianas, el pensador judeoalemán fue un prolífico filósofo humanista. Pero da igual la perspectiva, se mire por donde mire su conclusión es tremebunda: ¡También hemos mercantilizado el amor!

Como veis, me he dejado llevar y esta intro del número 5 se ha convertido en toda una digresión. Pero no quiero dar lugar a equívocos. La visión del mundo de Sampedro es crítica, pero en absoluto apocalíptica. Su ideas trazan, como escribía al principio, un mensaje esperanzador. El filósofo, a sus 94 años, tiene una fe ciega en los jóvenes y está convencido de que el mundo está a las puertas de una profunda transformación que lo que convertirá en un lugar más justo, en un lugar mejor. Nosotros lo tenemos claro: somos de los que trabajaremos duro para que finalmente tenga razón.

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