Desinformación ambiental
Más allá del ruido
Las noticias falsas se han convertido en uno de los grandes retos modernos: cambian percepciones, inciden en las decisiones individuales y lastran el tejido productivo. La nueva edición de Vidrios y Barras, organizada por Ecovidrio y Ethic, reunió a varios expertos para analizar cómo conseguir una divulgación ambiental que trascienda a la desinformación.
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Las fake news son uno de los males de nuestro tiempo, una manzana podrida capaz de infectar un mundo hiperconectado donde cualquier chispa basta para prender la mecha. Ejemplos hay de sobra: las noticias falsas son esparcidas desde tribunas internacionales por líderes políticos pero también por el cuñado de turno en una cena de Navidad. Donald Trump, por ejemplo, afirmó que en Springfield, una ciudad obrera de Ohio, los inmigrantes haitianos se comían a los perros, a los gatos y a las mascotas. El año pasado, tras el apagón del 28 de abril, otra noticia falsa corrió como la pólvora por internet: que la pérdida de electricidad se debía a un fenómeno atmosférico, un cambio brusco de temperatura llamado «vibración inducida». Estos son solo algunos ejemplos, pero a diario vemos muchos más.
Los temas relacionados con el medioambiente son un terreno fértil para este tipo de falacias. Es común escuchar que «el CO2 no es malo porque es comida para las plantas» o el clásico «en verano siempre ha hecho calor». «Hoy convencer sobre la verdad exige más esfuerzo que difundir una mentira», afirmó Julio Tinaquero, gerente de Comunicación Corporativa y Sostenibilidad de Ecovidrio, en la nueva jornada de Vidrios y Barras organizada por Ecovidrio y Ethic.

Tinaquero destacó que, en materia de reciclaje, existe una ola de desinformación que, en algunos casos, resulta difícil de desmitificar: «La gente dice frases como: ‘Yo no voy a reciclar porque veo que el camión lo mezcla todo’ o ‘Yo no reciclo porque quita puestos de trabajo’». El representante de Ecovidrio agregó que están proliferando algunas desinformaciones que cuestionan el porqué de pagar la tasa de basuras si ya se están pagando los impuestos por ello. «[Lo dicen] sin saber que si dejan de reciclar lo que están haciendo es encarecer el coste de gestión de los ayuntamientos por mayor volumen y, por tanto, pudiendo impactar en un potencial crecimiento futuro de esta tasa», explicó.
Divulgación ambiental y desinformación
La desinformación, los titulares tendenciosos y los falsos expertos alimentan teorías conspirativas que restan importancia a la crisis ambiental. Es un fenómeno que se expande en el ecosistema digital y logra quebrar la confianza ciudadana. «No es algo pasajero. Llevamos bastante tiempo con la desinformación en la primera línea informativa. Va muy en serio», subrayó Marc Amorós, periodista, divulgador y experto en fake news. «La información falsa contamina mucho: lo que se cuenta puede ser mentira y sus consecuencias son reales», añadió.
Marc Amorós: «La información falsa contamina mucho: lo que se cuenta puede ser mentira y sus consecuencias son reales»
Estamos en un escenario en el que la desinformación ha dejado de ser algo residual y anecdótico y ha pasado a ser algo que cada vez está más presente, incluso en gobiernos y perfiles institucionales. «Se utiliza lo falso para crear marcos mentales, sin ningún tipo de rubor ni restricción. Aunque pueda hacernos gracia, genera un caldo de cultivo en el que vivimos en dos realidades antagónicas que solo pueden entenderse mediante el conflicto», aseguró Amorós.
Por ejemplo, la agresión a un anciano en Torre Pacheco (Murcia), ocurrida el 9 de julio, desencadenó una oleada de violencia racista en el municipio, un episodio que se vio amplificado por la difusión de desinformación en redes y plataformas digitales. La propagación de estos bulos estuvo impulsada por cuentas y portales ultras de origen español, que difundieron mensajes y llamamientos explícitos «contra la inmigración». «La gente ya no sabe diferenciar lo verdadero de lo falso», resumió Rocío Benavente, coordinadora editorial de proyectos e impacto de Maldita.es.
Julio Tinaquero: «Hoy convencer sobre la verdad exige más esfuerzo que difundir una mentira»
Las raíces de este problema son profundas. «Tienen que ver con cómo acabas destruyendo consensos básicos, la confianza social en las instituciones y en acuerdos que dábamos por sentados como sociedad», detalló la experta. Los fact-checkers, contó Benavente, suelen bromear con que creían que iban a estar desmintiendo cosas muy complejas y sofisticadas, y al final están desmintiendo que las vacunas son seguras, que la Tierra es redonda o que beber lejía no es una buena idea. «Nosotros, en nuestro trabajo editorial, hemos tenido que replantear la metodología con la que verificamos contenidos. Una de las cosas que hemos incorporado es la categoría de ‘verdadero’», resaltó.
De acuerdo con la experta, en algunos casos es necesario confirmar que determinados hechos son reales y que efectivamente han ocurrido, ya que reciben numerosos mensajes de personas que solicitan información verídica al no contar con las herramientas necesarias para distinguirla. «El mundo se ha vuelto tan complejo en ese sentido que hacer esa distinción en la vida cotidiana resulta cada vez más difícil», dijo.
El papel de las empresas
España y Portugal encabezan la inquietud europea ante la desinformación, con un 71% y un 69%, respectivamente, de su población preocupada por distinguir la veracidad de las noticias en línea, de acuerdo con la encuesta Digital News Report 2025, realizada por OberCom, la Universidad de Navarra y el Instituto Reuters. Aunque ambos países comparten esta alarma social, sus hábitos de consumo digital difieren: el público portugués concentra su atención en plataformas tradicionales como Facebook y WhatsApp, mientras que el ecosistema español se muestra mucho más fragmentado.
Rocío Benavente: «La gente ya no sabe diferenciar lo verdadero de lo falso»
Aquí, el progresivo abandono de Facebook ha impulsado el trasvase de usuarios hacia entornos privados, y el crecimiento de TikTok entre los jóvenes se ha convertido en un fenómeno que obliga a los medios de comunicación a fragmentar y adaptar sus contenidos para alcanzar a una audiencia cada vez más diversa. No solo las compañías de información son las afectadas, sino también las de otros sectores. «Las empresas también son actores en este sistema. Las noticias falsas les afectan mucho», comentó Montse Sellarès, directora de comunicación y activismo de B Lab Spain.
Montse Sellarès: «La sostenibilidad, bien entendida, debería estar vinculada al ADN de la empresa»
Sellarès indicó que las compañías han contribuido a esta confusión, muchas veces intencionadamente, pero otras veces por no comprender términos que no se han explicado bien. Esto tiene un impacto directo en la sostenibilidad. «No hemos entendido realmente de qué hablamos cuando decimos ‘sostenibilidad’: bien entendida, debería estar vinculada al ADN de la empresa», aseguró. Pero actualmente convivimos con una comprensión parcial y simplista del término. «Se ha etiquetado productos como sostenibles cuando en realidad no lo son. El término se ha vaciado tanto de significado por su mal uso que, cuando todo es sostenible, nada lo es», resumió la experta.
«Muchas veces, uno de los bulos vinculados al mundo de la sostenibilidad o del impacto corporativo es que se presenta como algo finito, como algo absoluto. Y nosotros defendemos que la sostenibilidad es un camino de mejora continua, una evolución constante», añadió Sellarès. Entender esto y comunicar desde esa posición es un ejercicio de honestidad en tiempos de completa desconfianza.


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