Cultura

Isaac Asimov, el genio que venía del futuro

Polifacético, superdotado y con una sorprendente capacidad visionaria, a lo largo de más de medio siglo los dedos del escritor Isaac Asimov teclearon centenares de relatos, obras e investigaciones científicas que arrojaron pistas para los retos del siglo XXI.

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29
febrero
2024

Pensar en el genio de Isaac Asimov (1920-1992) es como adentrarse en un juego de muñecas rusas. Se trata de un personaje que, como sus obras, está lleno de capas; solo que, a diferencia de las muñecas rusas, no va apareciendo un Isaac Asimov más pequeño dentro de otro, sino uno cada vez más grande.

Para empezar, su fecha de nacimiento oficial no se corresponde con la real. El pequeño Asimov, de ascendencia judía y rusa y naturalizado estadounidense, era un niño dotado de una gran inteligencia, que aprendió a leer precozmente y su madre decidió falsear su fecha de nacimiento para que fuera aceptado en una escuela de Nueva York, en 1925. Por este motivo, y porque Isaac reconocía no estar seguro del día de su nacimiento, se encuentran diversas fechas que hacen de él un personaje aún más misterioso si cabe.

Su padre regentaba un establecimiento de dulces donde también vendía publicaciones de ciencia ficción, lo que sin duda alimentó la imaginación literaria que pondría a trabajar en su edad adulta. En los estudios fue un alumno brillante: en 1935, con solo 15 años, ingresó en la universidad de Columbia, y cuatro años después ya había conseguido el título de Licenciado en Química, estudios que ampliaría licenciándose en Ciencias y Artes y con un doctorado en Filosofía. Antes de cumplir los 20 años, el joven Asimov empezó a publicar sus primeros relatos de ciencia ficción.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, en la que tuvo que prestar servicios en la Marina de EE.UU., obtendría un doctorado en Bioquímica en la Universidad de Columbia en el año 1948.  Su elevado CI, de 160 –comparable al de Albert Einstein– podía explicar su brillantez intelectual y sus aportaciones tanto en la investigación científica como en sus obras de divulgación. Fue miembro de Mensa, y aunque criticó el ambiente competitivo de la asociación, también llegó a declarar que «las únicas personas que he conocido cuyos intelectos superan a los míos son Carl Sagan y Marvin Minsky». 

En 1942, escribió el relato que marcaría lo que hoy se conoce como leyes de la robótica

El pensamiento humanista de Asimov lo hacía consciente de los males que aquejan a la humanidad, aunque él siempre fue positivo y constructivo en sus planteamientos. No solo veía el avance tecnológico como un posible aliado para encaminar a la humanidad hacia otros futuros posibles, sino que era consciente de que los problemas sociales y medioambientales devendrían en un problema global que la humanidad solo podría resolver trabajando en conjunto por el bien común, reduciendo el dinero destinado a guerras e invirtiendo ese capital en soluciones globales.

La extensa obra de Asimov

Considerado uno de los grandes del género, Asimov empezó en 1939 su andadura como escritor de cuentos de ciencia ficción en las revistas especializadas, aportando sus conocimientos científicos pero también su visión humanista para las organizaciones sociales del futuro. En 1942, en su relato Runaround, plasmó lo que ahora se conoce como las tres leyes de la robótica o leyes de Asimov, que iría consolidando en sus novelas ambientadas en robots o androides, y que están planteadas para la buena convivencia entre robots y humanos.

En la década de los años 40 también crea las bases del Imperio Galáctico, basándose en aspectos clave del imperio romano, influido por la lectura de La historia de la decadencia y caída del Imperio Romano, de Edward Gibbon. Esta idea fue madurando en una serie de textos que fue publicando en la revista Astounding Science Fiction, para desembocar en la trilogía Fundación, que escribió en los años 50, protagonizada por un héroe intelectual llamado Hari Seldon que investiga datos probabilísticos a través de una nueva disciplina, la psicohistoria, una combinación entre historia, sociología, matemáticas y estadística.

Esta disciplina imaginaria, revela una vez más el talento visionario de Asimov, que en tantas ocasiones utilizó la ficción para describir algo que no podía hacer desde la ciencia. La psicohistoria de su saga Fundación propone recoger miles de datos del comportamiento humano individual y social, para introducirlos en un computador y poder predecir comportamientos futuros a través de sus variables estadísticas. Más de medio siglo después, el big data está haciendo posible lo que su héroe Hari Seldon acuñó como psicohistoria.

Con una velocidad de escritura de mecanógrafo, su obra fue extensa y prolífica, no solo en novelas de ciencia ficción, sino también en textos de divulgación histórica, científica, de misterio e incluso tres volúmenes autobiográficos. Se le atribuyen al menos 500 obras entre novelas, cuentos e investigaciones científicas, aunque entre las obras de sus últimos años, habría que resaltar la colaboración de su segunda mujer. Asimov se casó en segundas nupcias con la psicoanalista, animalista y escritora de ciencia ficción Janet O. Sempson en 1973, matrimonio que duraría hasta su muerte en 1992. Ambos compartían la pasión por la escritura de ciencia ficción y el propio Asimov declaró que los libros que escribieron conjuntamente eran autoría de su mujer en casi su totalidad, pero a petición del editor habían sido publicados con el nombre del famoso escritor para mejorar las ventas.

La información oficial dice que Isaac Asimov murió a los 72 años, el 2 de abril de 1992, de una insuficiencia renal. Pero, años más tarde, su mujer declaró que había muerto de sida, a causa de una transfusión de sangre realizada durante una operación de corazón. De este modo, se cerró así el círculo perfecto de misterio sobre su fecha de nacimiento y sobre la causa de su muerte, un ciclo abierto y cerrado por las dos mujeres más importantes de su vida.

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