Medio Ambiente

Tierras raras, el valioso tesoro tecnológico (y comercial) de China

Los minerales conocidos como ‘tierras raras’ son imprescindibles para fabricar aerogeneradores, coches híbridos, altavoces… y armamento. Si tenemos en cuenta que China controla el 80% de su producción, se convierten en un factor decisivo en su lucha geopolítica con Estados Unidos.

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Herry Lawford
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12
Feb
2020
tierras raras

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Herry Lawford

Oro, cobre, plata, plomo, hierro… Nuestro planeta está compuesto por elementos químicos que forman todo lo que nos rodea y que son ampliamente conocidos. Sin embargo, existen otros que pasan inadvertidos, pero que utilizamos a diario aunque no sepamos ponerle nombre como a los anteriores. Se trata de las denominadas «tierras raras», elementos que se han vuelto esenciales para la fabricación de prácticamente todos los productos electrónicos y que están presentes en los ordenadores, discos duros, cables de fibra óptica, LEDs y LCD, auriculares y altavoces. Además, son clave para la construcción de motores eléctricos y armamento bélico. Además de ser consideradas la llave para sobrevivir en la era tecnológica, las tierras raras son también un elemento que genera cierta tensión entre las superpotencias económicas mundiales: más del 80% de su producción está controlada por China, inmersa en plena guerra comercial con Estados Unidos.

Para conocer qué son las tierras raras hay que fijarse en la tabla periódica y en 17 de sus elementos más peculiares –escandio, itrio, lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio–. La mayoría de ellos se caracterizan por tener un peso mayor que el del hierro y muestran una alta conductividad eléctrica, destacando significativamente por sus propiedades magnéticas. «Esta característica permite utilizarlos para crear imanes permanentes y, además, con mucho menos volumen que otros elementos», señala Juan Llamas, experto y catedrático de Geoquímica y Química Ambiental de la Universidad Politécnica de Madrid.

El gigante asiático controla más del 80% de la producción de tierras raras

Los imanes permanentes reducen considerablemente el tamaño de algunas piezas clave para los motores eléctricos. Esto puede comprobarse en la fabricación de coches eléctricos, bicicletas o patinetes, cuyos motores son diminutos y con un rendimiento muy alto. Las energías renovables también dependen de las tierras raras ya que, por ejemplo, los aerogeneradores ganan eficiencia usando estos elementos. «Son insustituibles. Los molinos que generan energía eólica no podrían funcionar sin tierras raras porque los motores convencionales serían tan grandes que hundirían la misma infraestructura», apunta Llamas. Asimismo, las pantallas LCD o LED, presentes en móviles, ordenadores y televisores, usan las propiedades que aportan este tipo de minerales. elementos como el europio y el terbio hacen de activadores de los fósforos –los elementos que emiten la luz de la pantalla– para generar una imagen más nítida y con más colores. También la imantación de las tierras raras permite que los grandes altavoces de antaño se hayan convertido en los pequeños auriculares que conocemos hoy.

Aunque estos materiales se pueden hallar sin demasiada dificultad en casi cualquier punto del planeta, dar con vetas que las reúnan de manera concentrada es muy complicado. «Aunque se las conozca así, las tierras raras no son ni raras ni escasas. Son más abundantes que otros elementos como el oro o la plata, pero es difícil encontrar yacimientos que concentren estos elementos en gran abundancia. Están muy dispersos, lo que las hace más caras y necesitadas», afirma el experto.

Uno de los principales problemas a la hora de obtener estos minerales es que, en muchas ocasiones, llevar a cabo una prospección de grandes magnitudes puede resultar en un coste mayor a los beneficios del producto obtenido. Además, la extracción de estos elementos puede derivarse en diferentes riesgos medioambientales. «En los yacimientos es normal encontrar ciertas cantidades de torio, un elemento radiactivo», incide Llamas. A ello se le añade que, en el proceso de separación de los elementos, pueden generarse residuos tóxicos que pongan en peligro al entorno, contaminando el aire, la tierra y el agua, aseguran los expertos.

La importancia de las exportaciones en la guerra comercial

China posee el 37% de las reservas mundiales de este tipo de minerales, según la firma de análisis de mercado, Research and Markets. Además, el gigante asiático es su principal suministrador a nivel global, acaparando más del 80% de la producción total del material. El otro 20% se reparte entre Australia, Brasil, India, Rusia, Vietnam, Malasia o Tailandia. Estados Unidos solo cuenta ahora mismo con una mina operativa, Mountain Pass (California), que incluso exporta sus tierras raras a China para que sean procesadas porque les resulta más económico que hacerlo ellos mismos. «China mantiene el precio relativamente bajo y, por esta razón, les es más rentable a los países de occidente comprarla y ahorrarse el proceso de producción que, además de tener sus riesgos, posee un coste muy elevado», asegura Llamas.

«Las tierras raras son una clave estratégica para las potencias», explica Llamas

El suministro de estos elementos tiene su impacto en la guerra comercial entre ambas superpotencias, puesto que son un ingrediente indispensable para la creación de armamento bélico. El hecho de que China pueda cortar el suministro comercial de estos materiales –en respuesta a las restricciones norteamericanas que hemos visto en los últimos meses– puede llegar a crear una importante tensión entre el gigante asiático y Estados Unidos. «Las tierras raras son una clave estratégica para las potencias. Los países poseen reservas porque las necesitan para fabricar todo el armamento bélico, desde bombas inteligentes a radares. El peso, el rendimiento y la fiabilidad de estas tecnologías requiere del uso de estos elementos», explica Llamas.

Por su parte, Pekín ha prometido endurecer los controles de exportación de estos minerales. «Si algún país quiere usar productos fabricados con tierras raras chinas para poner límites al desarrollo de nuestro país, el pueblo chino no lo verá con buenos ojos», advertía el portavoz de la Comisión Nacional de Reforma y Desarrollo, Meng Wei. Para Washington, el casi monopolio de un gigante que parte como su principal rival estratégico en la actividad comercial representa un problema. «El Gobierno de EE.UU. tomará medidas sin precedentes para garantizar que el país no se queda sin estos materiales vitales», aseguró el secretario de Comercio, Wilbur Ross. Aún es una incógnita dónde podría terminar el conflicto comercial de las tierras raras, un as en la manga que el país asiático podría usar como represalia en sus estrategias geopolíticas: al igual que sucede con el resto de países del globo, el 80% de las tierras raras que compró Estados Unidos en 2018 procedía de China, según calculaba el Servicio Geológico del país norteamericano (USGS).

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