Diversidad

De profesión, amo de casa

La incorporación de la mujer al trabajo y la inestabilidad laboral han trastocado a la familia tradicional dando lugar a nuevos modelos de padres.

Artículo

Alejandra Espino

Redactora

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31
Dic
2017

Dos elementos han trastocado, en las últimas décadas, los cimientos de la familia tradicional dando lugar a nuevos modelos de padres. Por un lado, las mujeres han adoptado un rol social diferente que empieza por ocupar las aulas universitarias más que los hombres e incorporarse de manera creciente al mundo laboral. Por otro lado, los jóvenes actuales dedican más años a su formación académica que sus progenitores y, sin embargo, tardan más en encontrar un trabajo estable con un salario suficiente para emanciparse.

Adrián Cordellat: «Si se revalorizaran los cuidados estaría más aceptado que un hombre quisiera trabajar sin renunciar a cuidar de sus hijos»

España no es país para hijos, al menos no entre la población más joven. Así lo refleja el último Barómetro del CIS. A la pregunta «¿Tiene usted o ha tenido hijos?», solo el 8,1% de los encuestados entre 18 y 24 años responden que sí, un porcentaje que aumenta hasta el 31,4% entre el grupo de 25 a 34 años; aunque hay que ir hasta la franja de edad comprendida entre los 35 y los 44 años para que la mayoría, un 67,4%, tenga hijos. Estos datos reflejan que los españoles son padres a una edad en la que ya tienen un puesto de trabajo más o menos fijo y, por tanto, una rutina laboral adquirida que no es fácil modificar.

Hasta hace no mucho, la solución al conflicto trabajo vs. hijos habría sido fácil: la mujer renuncia o, en el mejor de los casos, reduce su jornada laboral para dedicarse al cuidado del bebé y las tareas del hogar. Ahora nos encontramos con familias llenas de matices en las que es habitual dar con hombres que no quieren ejercer únicamente el rol de sustento económico. Aunque eso implique hacer sacrificios que tradicionalmente no se esperaba que asumiesen.

Jorge Naveiro: «Si los dos trabajamos al ritmo que lo hacemos es por una cuestión principalmente económica»

Adrián Cordellat tiene 33 años y dos hijos. Cuando nació el segundo, él trabajaba en el departamento de comunicación de una asociación y se dio cuenta de que «tenía un horario incompatible con ser padre». Fue entonces cuando decidió tomar medidas para lograr una conciliación real: «Pedí la reducción de jornada para poder ir a recoger a mi hija mayor al colegio mientras mi mujer se quedaba en casa con el pequeño. Me despidieron». Adrián reconoce que no es raro encontrarse con este tipo de comportamiento que acaba frenando las aspiraciones de involucrarse en el cuidado de sus hijos igual que lo hacen las madres. «Me he encontrado con padres que me han contado que si plantean una reducción en su trabajo les despiden, o que les han amenazado. Hablando te das cuenta que esta alternativa siempre se enfoca a la mujer, son las que piden el 90% de las reducciones de jornada o las excedencias».

«Creo que es un tema de mentalidad. Tengo amigos que trabajan en empresas nórdicas con sede aquí en España y hay una diferencia abismal, les permiten teletrabajar y reducir su jornada sin que nadie les pregunte nada, ven normal que los padres soliciten eso», comenta Adrián Cordellat. Considera que uno de los grandes impedimentos para lograr la conciliación es que nunca se han contabilizado las horas dedicadas al cuidado de los hijos. «Si se revalorizaran estaría mucho más aceptado que un hombre quisiera trabajar sin renunciar a cuidar de sus hijos. Entonces habría un cambio de horarios profesionales que se adaptasen a los infantiles y no los infantiles a los nuestros, que a veces tienen que estar 12 horas en el cole o en la guardería».

padres

Un modelo de paternidad aún más insólito que el que reduce su jornada para conciliar, es el que directamente abandona su faceta laboral para dedicarse en exclusiva al cuidado de los hijos y las tareas del hogar. Los amos de casa invierten los roles tradicionales de género dentro de las familias, siendo, probablemente, la mayor novedad que traen consigo las transformaciones sociales. Para hacernos una idea de lo reciente que es el concepto, la RAE todavía no lo contempla.

Pedro Caballero, padre de tres hijos, es uno de los (pocos) hombres que ostenta el título de amo de casa. Su opción, tal y como él cuenta en una entrevista concedida en 2013, fue voluntaria para que su mujer pudiera dedicarse de manera casi exclusiva a su carrera profesional. «Yo era responsable comercial. La profesión estaba en caída y se puede retomar en cualquier momento. Ella era empresaria del sector servicios y tenía una trayectoria con más futuro y era mejor quedarme en casa para que tirase mi mujer», comenta. Una de las grandes diferencias entre las amas y los amos de casa es la eventualidad. Mientras que ellas asumen el rol como algo permanente, ellos lo ven como algo transitorio motivado por las circunstancias del momento concreto. Algo sobre lo que reflexiona Pedro Caballero: «En mi caso, mientras la economía lo permita, no lo dejaré. Creo que estoy forjando algo que va a dejar huella en mi familia. Es positivo, incluso terapéutico. Muchos necesitan ser amos de casa una temporada para limar desavenencias con su pareja».

Adrián y Pedro son un nuevo modelo de padre que, aunque se está abriendo camino, todavía no es el mayoritario. El CIS refleja que más del 60% de las mujeres realizan solas siempre o casi siempre las tareas del hogar (limpiar, hacer la compra, fregar y cocinar), mientras que los hombres hacen solos mayoritariamente lo que el CIS llama «pequeñas reparaciones de la casa».

La RAE todavía no contempla el término ‘amo de casa’

Jorge Naveiro, de 40 años, tiene dos hijos y reconoce que dedica «un 80% de tiempo al trabajo y un 20% a tareas domésticas, y ese 20 principalmente durante el fin de semana. Durante la semana poco, la verdad». A pesar de que Jorge encaja en el rol tradicional de padre que está en el imaginario popular, su estructura familiar tiene ciertas peculiaridades respecto a las de hace años: él no ha modificado ni renunciado a su trabajo por tener hijos, pero su mujer tampoco. «Ella también trabaja, aunque tiene una flexibilidad mayor a la mía, entonces le dedica más tiempo a los temas de casa que yo», comenta. Jorge tiene muy claro el motivo que les llevó a mantener su vida laboral previa a ser padres: «Si los dos trabajamos al ritmo que lo hacemos es por una cuestión principalmente económica, para tener ingresos que nos permitan tener una vida de calidad, a nosotros y, evidentemente, a nuestros hijos».

Por muchos modelos de paternidad que haya -las posibilidades son inmensas-, existe un elemento que todos comparten y que, sin duda, les diferencia de sus propios padres: el diálogo y el consenso entre los dos progenitores para establecer el reparto de las tareas. Más de la mitad de las personas aseguran que hablan con sus parejas y deciden de mutuo acuerdo la distribución de las tareas, según datos del CIS. «Lo hemos hablado y, además creo que es algo que hay que revisar con cierta frecuencia. Los dos tenemos trabajo y no es bueno dar por supuesto nada. Hay que sentarse y revisarlo», sentencia Jorge Naveiro.

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